Martes, 12 de septiembre de 2006
Viejuemierda

Releyendo a Dalton, nos encontramos que en su poema Viejuemierda, dedicado a fustigar a los reformistas intelectuales de esos a?os, quienes se hac?an eco de las ?soluciones de hormiga? que propon?a Don Alberto Masferrer ante los graves problemas socio - ec?nomicos y pol?ticos del pa?s, el pensamiento no ha perdido actualidad y el pensamiento sigue vigente. Masferrer de nuevo ha resucitado en las p?ginas, O mas bien lo han resucitado. Pero han querido enterrar el pensamiento de Roque Dalton.

En estos momentos, algunos representantes de la?intellegentsia? guanaxa reviven a Don Alberto, creyendo ingenuamente que los due?os del pa?s les escuchar?n, cuando lo que ?ste pa?s necesita son grandes cambios estructurales, una verdadera Refundaci?n de los cimientos de ?ste pa?s.

Incluso Manlio Argueta menciona que s?lo el perd?n nos puede salvar; para los intelectuales en tiempos de Dalton, la salvaci?n se lograba por medio de la oraci?n.

?Acaso adolecen de memoria historia estos se?ores de la intelligentsia guanaxa?

El reformismo lo que hace es prolongar la agon?a de ?sta sociedad en plena descomposici?n social. Por supuesto que nadie est? en contra de reformas que alivien la situaci?n social en que vivimos, como el acceso a agua potable, servicios de salud para todos, calles limpias, libres de basura insalubre, educaci?n, vivienda aireada, higi?nica y accesible, seguridad para caminar en las calles, etc, etc.

Pero, sinceramente, ?podemos creer que con ?ste r?gimen arenero es posible lograr aunque sea una m?nima reforma en ?ste pa?s? Es imposible. Esc?chenlo bien, imposible que ?sta mafia d? concesiones, aunque sean m?nimas, para aliviar la grave crisis ec?nomica social que nos agobia. Por que ellos han sido el germen que sostiene ese mismo mal para su propio beneficio.

A lo que debemos aspirar es eliminar las relaciones sociales de explotaci?n y poder, que dividen a los hombres y que al final est? en la ra?z de estos problemas. Eso era el mensaje que Dalton quer?a dar en ese poema. Aunque no hay que negar la existencia de cierta arrogancia intelectual, producto del momento en que vivi? Dalton, en las soluciones a nuestros males. Ahora bien:

?Cu?l ser? la aspirina que aliviar? nuestros dolores de cabeza?
?D?nde est? el paradigma que solucionar? nuestros males?

Tenemos que encontrarlo juntos y eso ser? caminando, solo haciendo camino, por que no hay recetas.

Para recrear el poema de Dalton, juzgue el lector su contenido.

Viejuemierda.

Hubo en El Salvador un maestro y periodista
llamado don Alberto Masferrer.

Hab?a nacido en el pueblito de Alegr?a, Departamento
de Usulut?n,
y se dedic? a denunciar las injusticias sociales
en libros como El dinero maldito o Cartas a un obrero
y en editoriales de un peri?dico que fund?, llamado
Patria.

En este poema trataremos de explicar
algunas razones por las que un hombre as?
ha sido santificado y oficializado
como fil?sofo-soci?logo-profeta nacional
por las sucesivas dictaduras que ha sufrido el pa?s,
hecho que no ha dejado de extra?ar a algunas almas
c?ndidas.

Dichas almas c?ndidas se preguntan por qu? se exalta
tanto
a este hombre llamado ?un ala contra el hurac?n,?
?el terrible San Juan Salvadore?o,? ?el gran
demoledor de mentiras,? ?el formidable
agitador de la patria,? precisamente
en un pa?s tan esencialmente injusto
como es El Salvador.

Su historia no es nada fuera de lo com?n en los
tr?picos:
Cogido por las corrientes culturales
de la desconcertada Am?rica Latina finisecular,
don Alberto anduvo para siempre en la onda de Domingo
Faustino Sarmiento
en eso de confundir a cada rato los pobres con los
b?rbaros
asimil? la aflicci?n mundial de la burgues?a que
produjo el reformismo
y se enmariguan? hasta la cacha con las misteriosas
filosof?as orientales.
Se enamor? de la palabra y s?lo de la palabra
y se crey? y abon? con esmero
la tonter?a esa del ?verbo fustigador,?
la gran m?scara de gordos sinverg?enzas como Monse?or
Castro Ram?rez,
el machete de todos los diputados del Partido Oficial,
el mejor aliviador para la gran olla de presi?n
en la que todos vivimos estallando de sol a sol.

Quiso ser como Gandhi, pero le falt? profundidad,
historia,
confrontaci?n real contra el principal enemigo de su
pa?s.
So?? en llegar a ser como Jos? Ingenieros,
pero le falt? talento, informaci?n, coraje, para
sostener firme en las manos
los textos de los cl?sicos del marxismo.
Devino en una especie de Gabriela Mistral que no escribi?
poes?a.
Del cristianismo aprendi? la paciencia de la otra
mejilla.
Y contra la violencia alz? la lechuga del vegetarianismo.
Predic? la castidad, el antialcoholismo y la
alfabetizaci?n,
el derecho del hombre al aire y al agua pura,
a la alimentaci?n suficiente, variada, nutritiva y
saludable,
el derecho a la habitaci?n, amplia, seca, soleada y
aireada,
a la Justicia (con may?scula), pronta, f?cil, igualmente
accesible a todos,
a la educaci?n primaria y complementaria eficaz,
que formara hombres cordiales, trabajadores expertos y
jefes de familia conscientes.

Pero se cuid? mucho de explicarnos c?mo es que se
podr?an conseguir
esas maravillas, en forma equitativa para todos.
Lo mas que hizo fue remitirnos
a la responsabilidad del Gobierno y a la majestad de la
Ley,
a la voluntad de Dios y a la buena disposici?n de los
ricos,
al propio perfeccionamiento en medio de la paciencia
infinita,
y a los frutos de la educaci?n general y la cultura
universal.

Al principio todo el mundo se mor?a de risa
frente a la ira imponente de unos cuatro pelones, sus
disc?pulos.
Luego, los que m?s se mor?an de risa con las bayuncadas
de don Alberto,
seguros de que sus diatribas lo ?nico que les hac?an
eran cosquillas,
comenzaron a aprender que todo aquel pensamiento
podr?a prestarles alguna utilidad.
Sobre todo frente a otros pensamientos que andaban
haciendo bulla entre el pueblo
con palabras que propon?an ir m?s all? de las palabras
y que en resumidas cuentas aconsejaban a los machetes de
los pobres
no quedarse metidos en sus vainas.

Pero sigamos con la doctrina de don Alberto.

Que tuvo su pol?tica de cuadros,
tuvo su pol?tica de cuadros:
dej? dicho que el fervor para conseguir
todo aquello que llamaba el ?m?nimum vital?
deb?a provenir de hombres sujetos a la Nueva Fe
que adem?s aceptaran como mandamientos individuales
los de ser trabajadores asiduos,
los de ayudar a sus hijos y a sus padres (siempre que
fueran ancianos y necesitados),
contribuir al sostenimiento de orfanatorios, hospitales
y asilos de indingentes de su comuna o provincias;
proteger a los animales no da?inos, especialmente a los
p?jaros;
respetar y proteger al ?rbol;
ser limpios y bien hablados;
no embriagarse ni narcotizarse;
no aventurar en el juego el producto del trabajo, no
disiparse ni prostituirse;
no explotar ning?n vicio, no vivir de la usura ni
usurpar el trabajo ajeno;
velar por los derechos del ni?o
y no prestarse, ni por recompensa o amenaza,
a servir como instrumento de ninguna tiran?a.
Si la utop?a es la codificaci?n
del mayor n?mero de aspiraciones humanas
sin que se adjunte un m?todo concreto y efectivo
para su realizaci?n,
don Alberto Masferrer fue un utopista t?pico,
aunque de medio pelo, subdesarrollado, por falta de poder
imaginativo.

Pero ?no es quiz?s pedir demasiado a don Alberto,
en definitiva un maishtrito perdido en El Salvador
de principios de siglo,
esto de exigirle una metodolog?a,
una pol?tica, una t?ctica,
desde su ubicuo p?lpito? ?Es que acaso
no realiz? con creces una labor espl?ndida
al anunciar muchos de nuestros males?
?Acaso entre nosotros el enunciado del mal no es ya su
denuncia,
el primer paso para el alzamiento en su contra?

Don Alberto, si vamos a tenerlo como hombre
honesto
(aunque el problema en estos l?os no es de honestidad),
parece que cre?a eso cabalmente.

Es m?s: lo cre?a hasta el extremo de darle a la denuncia
verbal
una autonom?a tan grande
que en ?l ?la palabra de fuego? lleg? a ser la ?nica
realidad,
en el fondo, independiente de la realidad en que
nac?a.
Pero hasta en esta creencia se contradijo,
pues pronto se dio cuenta de que en El Salvador
tan s?lo por hablar pueden llev?rselo a uno todos los
diablos.

A?orando la audiencia que un intelectual tiene en los
medios cultos,
don Beto nos enrostr? los hechos de que
?Tolstoi fue o?do en la tierra de los Zares sin que
nadie pretendiera
desollarlo vivo? y que
?a Eliseo Reclus, si le aprisionaron,
no fue por sus ideas sino porque tom? parte en la
comuna.?

O sea, en esencia:
?La palabra convincente no s?lo es bastante
sino que sustituye a la acci?n.
Y cuando a nuestra palabra convincente se le responda con
amenazas,
lo que debe hacerse es elevar el tono de nuestra palabra
convincente.?

Eso pensaba don Alberto
y as? vino agarrando fama de profeta.
(Que all? en el fondo de su coraz?n
fuera buena gente o no, es harina de otro costal,
harina que nunca le quit? el hambre a nadie.)

Pero Adem?s en este mundo h?medo
hasta ?la palabra de fuego? llega a podrirse:
la de Masferrer se pudri? en vida de quien la pronunci?,
y se pudri? en su ley, en sus propias formas de ser y
ser usada.

Veamos un ejemplo.

?N?tese bien ? Dice don Beto como primera premisa, en
Leer y escribir -,
nosotros no somos todav?a una patria.?

?Porque este pa?s ? agrega luego, profundizando la expresi?n-
tal como se halla ahora constituido, es un monstruo.?
Leer esto produce un erizamiento intelectual.

?Qu? hombre m?s l?cido! -piensa uno- ?Haber escrito
esto antes del 32!

Pero luego da sus razones don Alberto, en La cultura
por medio del libro:
?Nos consta que la tercera parte de nuestras 48 ciudades
-dice-
(m?s o menos son 48) no tienen,
como instrumento de cultura
(fuera de la iglesia y el ayuntamiento, telara?osos y
destartalados),
m?s que el patio de gallos y el estanco. Todav?a peor:

hay muchas de esas ciudades que no tienen agua
ni excusados en las casas.?

Y concluye gritando (el terrible San Juan?):
??C?mo es posible que se permita edificar
una casa sin excusado?
?C?mo es posible que se confiera el honor de llamarse
ciudad
a un pu?ado de b?rbaros
que todav?a no sienten la necesidad de tener
excusados??

Esa es la palabra tramposa:
la que denuncia la generalidad infinita del mal
y propone soluciones de hormiga.

El actual r?gimen social es injusto: construyamos
letrinas.
El latrocinio nos ahoga: dejemos prendas usadas de vestir
en el traspatio
para que el buen ladr?n no se vea obligado a seguir
adelante.

La prostituci?n prolifera: ense?emos a leer a las
muchachas.
La explotaci?n es la principal relaci?n humana del
pa?s: oremos.

No se trata tan s?lo de preferir el verbo a la acci?n:
se trata de establecer una palabra que con su brillo
o con el brillo de soluciones fant?sticas
oculte el sonido profundo de la realidad, su verdad
?ltima.

Esta es una de las trampas caza-bobos
que nos dej? montadas ese viejo de mierda,
la bomba de idiotez que hoy los gobiernos
y los coroneles
y los maishtros de escuela m?s p?caros y descarados
y los venerables gu?as de la juventud de manos sudorosas
y las Agencias de Publicidad
y los partidos pol?ticos que presumen de nacionalistas
y democr?ticos
y los obispos que se la llevan de liberales
y los profesionales disfrazados de gente decente a puro
perfume
y los m?viles orejas al servicio de la CIA
que fundan clubes de jardiner?a o de
Centroamericanismo
y los due?os de la Gran Prensa y la Televisi?n y los
Ministerios de Educaci?n y sus departamentos
editoriales
y los cultos homosexuales de Relaciones Exteriores,
lanzan al fondo del alma de nuestra juventud
para ahogar su rebeld?a,
para liquidar su hermosa presi?n con el
Dios-tubo-de-Escape
su ira sant?sima con el Dios-paliativo.
Y eso, sin negar que don Beto pudo haber escrito todo con
la mejor intenci?n.
Porque si tuvi?ramos pruebas de todo ese mal que le hizo
al pa?s
fue de al tiro de intento,
estar?amos obligados a irlo a desenterrar
y trasladar sus huesos al nicho donde se pudre el General
Mart?nez
y don Foncho Qui?ones Molina y los Mel?ndez.

Mezcla de p?caro, de santo-bobo e irritado tatarata
don Beto fue sin embargo en vida
acusado hasta de comunista.
Y para colmo de males
?l mismo se lo crey? despu?s de la matanza de 1932
y se fue a morir de flato a Guatemala
crey?ndose culpable de haber enga?ado a tanto muerto.

Ni siquiera se dio cuenta de que ?l iba a pasar a la
historia de nuestra cultura
(cuando se escriba la verdadera historia de nuestra
cultura)
como un c?mplice objetivo de los asesinos del pueblo,
a quienes les hab?a ofrecido instrumentos m?s finos y
tranquilizantes
de explotaci?n y dominaci?n.

Don Beto Masferrer sirve hoy para todo.

Consuelo de las esposas de los borrachos,
trigal para que espiguen los cagatintas que escriben
los discursos del Presidente,
cementerio de elefantes
para que los intelectuales de izquierda cansados de la
vida
lleguen con su cacaxte ideol?gico
y lo pongan de almohada para morirse de una vez por todas
pensando en lo bonita que habr?a sido la vida y todo lo
dem?s
si la lucha no hubiera sido tan dura
en el pa?s enano que le vino a uno a tocar.
Publicado por chichicaste @ 2:22  | Literarte
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Comentarios
Publicado por Erika
Jueves, 19 de noviembre de 2009 | 10:46
Me encontr? este espacio tan interesante en articulos, los felicito. Gestos con las manos
Publicado por Erika
Jueves, 19 de noviembre de 2009 | 10:47
Me encontr? este espacio tan interesante en articulos, los felicito. Gestos con las manos
Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 25 de noviembre de 2009 | 13:16
cabal lo que sucede ahora con el asunto de ser ni chicha ni limonada, con gente que nos quiere enga?ar para que nos arrinconemos a los gringos y nos mantengamos sometidos y oremos al santisimo.
Publicado por marcela
Martes, 19 de enero de 2010 | 20:49
mecanografiando
muy interezante para nuestra cultura general... no olvidar a los grandes de nuestras tierras...