Considero pues, que de manera somera he pasado revista a los aspectos más sobresalientes de la salvadoreñidad. Seguro se me ha quedado alguno en el tintero (como el de la impuntualidad), pero no es grave, lo más importante, o lo que más me trabajaba el cerebro ya lo expulsé. Por ejemplo hay una característica que no trate de manera aparte porque no tenía mucho que decir y era la tendencia enfermiza a identificarnos con las pupusas. Seríamos en ese caso pupuseros, hehehehehe. Pero no hay nada de malo en identificarse con una especialidad culinaria aunque la susodicha sea una plashta de maíz grasolienta…la cual, a mi gusto, no está nada mal…al contrario, me gustan las pupusas y qué ? pero esta no es una característica de carácter o de comportamiento. Todos los pueblos del mundo se identifican con su cocina, y la llevan consigo cuando emigran. Hay regiones o pueblos que han logrado una muy alta sofisticación de la misma. Desgraciadamente la cocina salvadoreña jamás pasará de ser una cocina local, y que cuando se encuentra en el extranjero, va dirigida a un mercado nostálgico. Y digamos las cosas tal y como son pues, no somos sofisticados para comer…pero eso no importa.
Otro punto que quería comentar para cerrar el asunto, es el hecho que quizás algunos lectores se hayan dicho cuestiones de este estilo « ve pues, n’ombe si machistas (o bolos, o vivianes) hay por todos lados ». Lo cual es cierto porque el ser humano es el mismo, lo que cambian son algunos detalles que se desprenden de sus costumbres, religiones o historia. Decir « salvadoreño » y tratar de explicar que somos únicos en el mundo es difícil por la misma historia que nos ha tocado vivir. Las actuales fronteras de nuestro país fueron inventadas por los criollos después de la independencia, o sea que ni siquiera pues, deberíamos identificarnos con ese pedazo de tierra chiquitito que los auto-proclamados mandamases decidieron dejarnos. Ser salvadoreño para mí no tiene mayor significado, al contrario, me encantaría poderme identificar con una patria grande, una patria indígena y mestiza que comenzara desde Tenochtitlán hasta el lago Cocibolca. Para mí esas son las verdaderas fronteras de nuestra identidad…el resto es puro azahar o destino. Pero ni modo, somos lo que otros decidieron que teníamos que ser.
Ser salvadoreño es pues, parecerse a nuestros vecinos. Agarremos el ejemplo de la Coca-cola. Muchos hacen bebidas de cola que se le parecen pero ninguna es idéntica, porque aunque sepamos de qué está hecha la Coca-cola, nadie sabe a ciencia cierta las cantidades exactas de sus componentes. Así pues, la salvadoreñidad está compuesta por los mismos elementos que encontramos en todas partes pero mezclados de tal manera que el resultado somos nosotros.
La salvadoreñidad existe, pero no es una identidad de la que yo me siento orgulloso. No me siento orgulloso de ser salvadoreño. Las naciones son grandes o chiquitas gracias a los actos y a las obras de la gente que vive en ellas. El Salvador es un país cagado, y es porque nosotros nos hemos cagado en él. Y todos tenemos una parte de la culpa…aunque sea por el simple hecho de imitar los malos ejemplos, o de transmitir aquello que está mal a nuestros hijos, pero todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad.
Por suerte, pienso que nuestra identidad a este punto de nuestra historia podría ser moldeada, pero somos nosotros mismos los que tendríamos que cambiar, dejando de ser tan chucos o tan machistas o tan bolos (un poquito bolos sí, si no sería muy aburrido hehehe) o tan ingénuos o tan vivianes o tan poquiteros. Acaso será posible ? no lo sé. Para que empezáramos a cambiar tendría que haber una verdadera revolución en la educación y en el nivel de vida. Tendríamos que volver a nacer. Agarrar a las nuevas generaciones y trazarnos un plan de 100 años, para tratar de inculcarles nuevos valores y nuevas costumbres…pero…quién podría tirar esa primera piedra de la re-ingeniería de la salvadoreñidad ? Usted ? yo ?…por qué no? todo está en proponérselo.
Y hablando de proponérselo, quiero terminar estas conclusiones con un aspecto positivo, que aunque dije antes que nunca diría nada en positivo porque no encuentro nada que sea positivo, sí quiero hacer mención a lo siguiente : durante la guerra civil, los combatientes revolucionarios dieron muestra de poseer enormes convicciones y enormes cualidades. Yo estoy seguro que esas convicciones y esas cualidades existen en cada uno de nosotros. Es una lástima pues que lo mejor de nosotros haya sido puesto a prueba mediante la violencia de una guerra. En esa guerra, los combatientes y el pueblo que les apoyara sacaron a fondo la astucia típica que nos carateriza pero en positivo, y lograron hazañas de las cuales cualquiera de nosotros podría sentirse orgulloso. Independientemente de si estabamos a favor o en contra de la guerra, las situaciones extremas a la que nos conduce un acontecimiento de esa naturaleza comprobó de que cuando queremos cambiar las cosas, tenemos la capacidad para hacerlo. Es una lástima que toda esa dinámica puesta en marcha para la guerra no haya podido depurarse para ponerse en marcha durante la paz. Espero pues, que no necesitemos de otro acontecimiento radical para poder mostrar el lado positivo que en alguna parte escondida existe dentro de lo que hoy en día llamo la salvadoreñidad.
Hasta la próxima con otro tema tragicomiquero !