Nos deja la tarde en el camino,
sueñan los retoños y campanas
y las aves con el rastro peregrino,
bendiciendo así nuestras miradas
para dejar atrás los viejos años.
Moldes distraídos e invisibles,
salvajes vientos
con alto intenso suelo
viajando en pequeños remolinos,
recorriendo suaves con adornada ligereza
de horizontales espumas con adornada gentileza.
Se apartan entonces,
los cabellos de los rostros
y el tiempo detiene su mirada
cuando se sujetan con fuerza nuestras manos
del asidero de la vida.
Y llega la gambeta contra olas
de la silueta negra
y solitaria garza
en el trasfondo infinito:
- Teatro de la tarde -
mostrando danza lenta,
lanzando blancas redes
para atrapar del cielo
perlas blancas y trilladas,
temblorosos algodones de algún fanal intenso
con ciertas llamaradas que dejara: - La retina -
astro alguno en aquel cielo,
es el triste despertar
la amada noche
que nunca él podrá tocar.
- ¡Que no limpien luz nuestras pupilas! -.