jueves, 30 de noviembre de 2006
IV

Este campeonato mundial ganado por los monravos, fue definitivamente el más emocional de todos. El que discutimos durante horas y horas con Igor. Me reveló detalles importantes de lo que pasó en los vestidores y entrenamientos. De las conversaciones con el entrenador y las decisiones que se tomaron al interior de la estructura de equipo. Comenzó reconociendo que a sus 19 años no tenía aún la madurez que le vimos al menos 10 años más tarde. Lo que es lógico. El Igor del mundial 38 quería llamar la atención lo más rápidamente posible y salía a las canchas como un huracán. El equipo estaba sometido a su embrujo y todos aceptaban el rol inferior que les tocaba asumir como co-equiperos del gran Igor. En los medios se hablaba de Igor y Monrovia, jamás se dijeron o se escribieron más de dos líneas sobre el resto de jugadores monravos. Pero ellos, todos bastante humildes en el plano humano, reconocían que sin Igor, ellos jamás habrían logrado escalar las cimas más altas del fútbol. Igor me confió además que el entrenador, de hecho, no era el que trazaba las estrategias del juego. El entrenador del equipo monravo, era una persona sumamente mediocre pero con un gran corazón. Igor fue quien maniobró para hacerse descubrir, y desde el primer día que unieron sus destinos, Igor fue quien dirigió su carrera, dirigió la selección, y determinó su propia línea de vida. Igor reconoce que el equipo nacional era bastante irregular, por ello (y por su inmadurez) los replegaba en defensa para evitar ser goleados y tratar de ganar los partidos. La estrategia era evidente, pero ignorábamos que Igor estuviera detrás de ella. Al cabo de los años, el equipo monravo dirigido por Igor fue madurando con él, ningún mundial ganado por ellos se jugó de la misma manera. Incluso el último de la era de oro, el 41, fue un equipo diferente, más tradicional. Igor anotó la tercera parte de los goles de su equipo, el resto fueron joyas del juego en conjunto. Igor había dejado escuela e inspiración, la juventud monrava creció con el modelo de Igor y se forjaron muy buenos jugadores. En la actualidad, Monravia es considerada una de las grandes naciones del fút aún sin Igor. Tocamos el tema del partido de octavos de final, el Nigeria-Monravia, el único partido de toda la carrera de Igor en la que tuvo que jugar 120 minutos. Africa es para Igor el continente mártir, y cuando jugó ese encuentro algo en su interior no quería que humillara al equipo nigeriano. No quería robarles la alegría a las decenas de millones de africanos que seguían con fervor a sus equipos. Dice que evitó de anotar goles fingiendo que sus tiros pegaban en los postes del marco (reflexionemos Ustedes y yo en segundo, en la precisión de Igor, decidir y colocar el balón donde él quería. Una proeza que no posee palabras para ser descrita). Su idea era llegar hasta los tiros de penalty para que la suerte decidiera. Pero Nigeria anotó su gol sorprendiéndole. Entonces no tuvo más que empatar el juego. Ya al final de los 120 minutos estaba muerto de fatiga, inmerso en el dolor físico. Lo único que quería era terminar aquel tormento, marcando el definitivo 2-1. A pesar de haberles ganado, Igor quedó satisfecho con el hecho que para los africanos, Nigeria hubiera sido el único país que le complicó la vida a Monravia. Ahora sabemos que fue Igor quién decidiera que así fuera. Ahora sabemos también que Igor podía haber ganado absolutamente todos los partidos de su carrera mundialista. Y los pocos que perdieron siempre tuvieron una razón de ser. Todo estaba medido y controlado por Igor, que movía sus hilos para favorecer las causas que él mismo defendía. Cada partido de fút era para Igor una actividad política. Cada gol tenía un trasfondo político que iba sumando poco a poco los puntos necesarios para llevar a cabo su gran cruzada en contra de las injusticias de este mundo. Ese mundial 38, fue el escaparate perfecto escogido por Igor para comunicar sus ideas, su sensibilidad, y sobre todo, para hacerse escuchar. A sus 19 años, Igor no sabía cómo exactamente esto iba a pasar, pero lo más importante lo había logrado: ser amado, escuchado y por qué no decirlo ? obedecido por millones de personas. Su vida y su obra fueron el mejor ejemplo de lo que una persona puede lograr cuando tiene todas las cámaras y todos los ojos puestos sobre él. Cuántas estrellas del fút o del espectáculo han hecho las delicias de nuestros tabloides amarillistas con sus estilos de vida frívolos ? Igor fue todo lo contrario. El genio y el talento de Igor no fueron únicamente expuestos en las canchas de fút. Su genio trascendió todas las fronteras del deporte e incluso de la política. Igor ha sido el sociólogo (sin diploma) más genial de nuestra historia, que ha sabido manipular a las masas pero para hacer el bien y emanciparlas. Nunca necesitó de discursos grandilocuentes, simplemente goles maravillosos. El mundial 38 fue el gran inicio, el primer ladrillo del impresionante edificio social construído por Igor.
Publicado por cervena_hvezda @ 7:00  | Literarte
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