jueves, 07 de diciembre de 2006
V

La carrera deportiva de Igor después del mundial 38 fue un poco de lo mismo. Siempre buscando la manera de estar enfrente de los micrófonos y las cámaras del mundo. Después de un domingo lleno de goles, cuando era entrevistado, siempre dejaba algún mensaje disperso que entraba en el inconsciente colectivo. Cuando Igor hablaba fuera del marco deportivo, esos mensajes que dejaba escondidos en la inconsciencia se trasladaban a la consciencia y las masas respondían en efecto, con una enorme disciplina. No resultó difícil para Igor, permanecer durante largos años en la primera línea del protagonismo deportivo y social. Una vez finalizado el 38, todos los grandes clubes europeos se lanzaron a ficharlo. El que ofreció más fue el Barcelona, y fue así como Igor se queda en España. Fueron 7 temporadas las que jugara con este equipo. 7 veces campeón de España y 6 veces campeón de clubes de Europa. Igor reconoce que Barcelona fue la mejor opción posible, debido al gran desarrollo y la combatividad de las organizaciones de jóvenes progresistas existentes en la ciudad y en toda Cataluña. Rápidamente después de su arribo a la ciudad azulgrana, entró en contacto con estas organizaciones, una relación que se mantiene y que ha sido el motor principal del proyecto social de Igor. De estas organizaciones se calcaron las bases para crear otras en todo el mundo. Los jóvenes catalanes se convirtieron en misioneros que recorrieron medio mundo dejando las semillas del proyecto de dios. A Igor le basta con una palabra y con muchos goles recoger los frutos nacidos de esas semillas. La cosecha ha sido magnífica, pues 18 de los países más pobres del mundo lograron en los últimos10 años desarrollar sus economías y sus estructuras basados en la autogestión comunal más que lo que habían logrado sus gobernantes en 100 años. La red solidaria que levantó Igor es enorme. Gracias al entretejido de estas redes solidarias internacionales, cuando un proyecto de desarrollo necesita de recursos o de mano de obra en cualquier rincón del mundo, Igor simplemente pide colaboración y cada vez obtiene millones de respuestas. Igor jamás ha dado un centavo a la caridad. Jamás ha pedido un centavo para regalarlo a quien no lo ha merecido. Países africanos sumidos en la miseria, están resurgiendo gracias a estos proyectos sostenibles por sí mismos. Si Igor le pide a los europeos que dejen de consumir este u otro producto porque esta o aquella empresa viola los derechos de los trabajadores de los países en donde son producidos, ese producto no se vende más. O si Igor pide que se consuman artículos producidos por comunidades en vías de desarrollo, esos productos se venden como pan caliente. Las grandes multinacionales evitan ser condenadas por Igor, pero la condición es que se aumenten los salarios, que se respete el medio ambiente y que se reparta al menos un 20% de las ganancias netas entre los trabajadores. Un día, Igor pidió a todos los barceloneses de evitar conducirse en automóviles pues la contaminación había llegado a niveles desorbitantes y eso le podía afectar su rendimiento en el partido del domingo. Un solo automotor no se movió durante todo el día. Cero, nada. Todo Barcelona disfrutó de un día magnífico en las calles, en bicicleta, en patines, redescubriendo su ciudad. Tal fue el encanto, que el día sin automotores se prolongó por dos más. Las giras internacionales del Barcelona se convirtieron en tarimas de denuncia contra las políticas neo-liberales. Pero Igor hacía esas denuncias con bastante tacto, sin involucrar los colores de su equipo. Siempre fue honesto en dar esta o aquella afirmación en su propio nombre. Ningún gobierno pudo, durante esos años, negarle la entrada al Barcelona. Cada vez que se anunciaba una nueva gira, las multitudes enloquecían con sólo saber que Igor estaría en sus países. Los grandes mercaderes de la televisión, de los efectos deportivos, de las multinacionales que patrocinaban al equipo, todos tuvieron que tolerar que sus propios medios de información masivos acostumbrados a embrutecernos a todos, sirvieran de proyectores para las ideas de Igor que eran completamente ajenas a sus intereses. Igor los tenía en jaque. Si una televisora pretendía censurar los encuentros del Barça, nadie volvía a sintonizarla. Los grupos más extremistas del gran capital empezaron a amenazar de muerte a Igor, pero Igor estaba protegido por millones de ojos. Su asesinato hubiera sido peor. Un Ché Guevara pero elevado a la potencia 1000. Durante toda su carrera deportiva sirvió miles de veces como portavoz de aquellos que no son escuchados. Comunidades marginadas, o expuestas a la desaparición nombraban a Igor su representante ante la ONU y el mundo. Igor fue el primer ciudadano no jefe de ningún estado a ser invitado a hablar en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde cada vez defendía a los más débiles, ganándo aún más respeto y admiración entre los pueblos del mundo, sobre todo porque sus discursos no eran huecos, iban acompañados de acciones concretas. Se limitaba a dar ejemplos, cifras, hechos que la red solidaria internacional había cumplido en ese año. Desnudó la esencia de la negligencia de las naciones ricas para evitar ayudar a las naciones pobres. Demostró que la miseria, la pobreza, el hambre, la enfermedad, la marginalidad podían eliminarse con un poco de voluntad. Igor me dijo que nunca esperó mucho de esas visitas a la ONU, pero ayudaban a ganar más publicidad. Sus ganancias personales entre sueldo y patrocinios, ascendían anualmente a no menos de 50 millones de euros, pero consacró hasta el último centavo para sus proyectos. Creó no menos de una veintena de fundaciones y fondos que bien colocados en el sistema económico informal ayudaron a financiar las estructuras de base de la red solidaria central que era la columna vertebral de miles de mini-redes, todas intercomunicadas entre sí, como un sistema nervioso con sus terminales, neuronas y descargas eléctricas. Todo funcionaba y aún funciona redondo como un balón de fút. Una obra gigantesca salida de un talento gigantesco.
Publicado por cervena_hvezda @ 6:10  | Literarte
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