El tema de la violencia que se vive en el país, no puede ser pospuesto por ningún gobierno, sea este el que sea.
Es contraproducente para todos los sectores de la Sociedad salvadoreña, creo que los salvadoreños merecen un clima prospero en un ambiente tranquilidad.
En tanto las soluciones al problema que se han tomado hasta ahora no han dado resultados, por que al final, no existe un control de las instituciones que polician las ciudades, y el incremento de la violencia radica en la facilidad que tiene la población para portar armas.
En tanto que ahora el gobierno ha comenzado a repensar una estrategia para que se haga efectivo cualquier medida que sirva para reducir los niveles de violencia, tomar las iniciativas necesarias, cualquier alternativa que no se halla aplicado antes, y en la medida de buscar las soluciones aplicando de forma inteligente estrategias para asegurar que los niveles de violencia se reduzcan, estas serán bienvenidas.
La mentalidad post guerra debe ser enviada al foso de la historia, y no se puede darse el lujo de seguir pensando que las armas son la mejor vía, ya lo vimos antes, esta no es en definitiva la manera correcta de profundizar en el análisis del problema.
La violencia que hoy vive la sociedad radica sobretodo en el asunto de pensar que se puede vivir con las leyes del viejo oeste, de el USA, donde cualquier ciudadano tenia derecho de portar armas sin ningún control, al final la historia misma se encargo de reivindicar a las personas que pensaban diferente a esa tendencia, y pues si bien es cierto en el USA la gente tiene el derecho de poseer una pistola, no la andan llevando a lugares públicos, en muchos de los casos, la gente las tiene bien guardadas en algún lugar seguro de donde nadie mas que el ciudadano tiene acceso a estas.
Contrario a lo que esta sucediendo en nuestro país, el control de armamentos livianos se ha escapado del control de la misma policía.
Y es jodido por que al final, cualquier esfuerzo de las instituciones policiales para controlar los niveles de violencia son estériles en un ambiente que no les permite el control, las leyes al final no se cumplen, no existe pues, en realidad medidas que aseguren a la policía, una sanción contra la portación de armas, y como vemos hasta existen cuestiones preferenciales de parte de las leyes que permiten que ciertos individuos las anden como si estas fueran una maleta de trabajo, o cualquier objeto de vestir.
Y luego, la sociedad misma sufre de la venta de armas que al final no cumplen con el requisito de las leyes existentes para venderse.
La policía podría seguir tratando de controlar el nivel de violencia, pero es estéril, el esfuerzo por que en tanto la venta de armas, se incrementa, el negocio mismo de las ventas de estas alimentan, procrean y re-crean los instrumentos mismos que sirven para incrementar los niveles de violencia.
Quien paga todo esto?
Toda la sociedad en su conjunto.
Es triste por que los niveles de violencia los sufren en su mayoría los sectores marginados y pobres, como si estos mismos elementos de violencia, son en tanto un sistema de control a la población.
Ya hace mucho la población no tiene un clima sano, donde pueda crecer alejados del miedo y terror creado por este fenómeno.
El costo no solo es social, pues al final, los costos los asumen todos los sectores sociales, y golpea por igual las bolsas de la gente que tiene que pagar los hospitales para dar tratamiento a tanta gente que esta sufriendo por los niveles de violencia que existen en el país.
Y como siempre los sectores interesados y que se encuentran beneficiándose de esto, son los sectores que venden esas armas.
La rais profunda de este problema radica en que los empresarios que están detrás de la venta de armas, se oponen a perder sus ganancias, a costa de sacrificar al resto.
Hay pues, sectores interesados en explotar el potencial que tiene el país, para el sector turismo, pero al final, un país con un nivel de violencia como el que tiene El Salvador, no es ningún atractivo para la gente que busca un clima y ambiente relajado para disfrutar, a esto le agrego, que tampoco es un atractivo turístico los niveles de pobreza que el país posee.
Y ya pues mencione esto en el blog de chichicaste, con el tema:
El Salvador: Expreso hacia la muerte.
Hacia donde va el país. La gente lleva los estragos de la violencia en la espalda, como un peso que se agrega a las crisis sociales que golpean a las mayorías.
Una subcultura del miedo que acecha las conciencias de la población constantemente, preocupación del diario vivir, como si vivir de esa manera se convirtiera en una especie de lastre normal, como enfermedad que a la que no se debe dar cura, que esclaviza la mente del mismo salvadoreño, y se anota al hecho de que al no existir una voluntad política honesta para derrotar este problema, se auna al derrotismo mismo y a la mentalidad del salvadoreño común, de que la política y los políticos, como siempre no sirven para nada mas que hacer nada en cuanto a las vivencias que son en todo caso políticas del diario vivir, por que al final, nadie se escapa de los resultados de no aplicar las políticas adecuadas e inteligentes para solucionar los problemas de la gente común.
La apatía a las clases políticas, nace sobretodo de esa misma mala practica de los políticos y sus discursos demagógicos, una chorera de retorica vacía que no sirve para nada.
Pero, otros sectores sociales empujan como siempre a la sociedad a superar estos problemas para darles soluciones radicales que tengan una consistencia a largo plazo, para ir formando la sociedad salvadoreña que necesita ser rescatada del abismo de esa locura irracional, de tratar los problemas de forma superficial, que no sirven para solventar el problema de ese paciente que adolece de dicha enfermedad, que bien puede ser curada, dándole un buen purgante para desechar la indolencia que los perjudica.
Y ya es hora que a este paciente se le den los medicamentos adecuados, para se levante y camine sin andar en esa eterna cojera que lo abate, hundido en la crónica del libro llamado miedo, terror e injusticia, falta de libertad.
Digamosle No a las armas, pero exijamos medidas y políticas consecuentes que modifiquen de forma radical nuestra sociedad.