Fenece la tarde cuando muere el olvido, y las raíces del mismo roble del templo de Ateneas cae sonora ante las sombras de Cleopatra y su librera.
Me propongo olvidar la escena conjunta y justa en la palabra, volar alto, mas allá del sol que Ícaro soñó tocar con vuestras alas, mas he olvidado en ese intento, llevar en esas nubes alguna cera en bolsillos de madera. ah, que pensamiento, me ha traído este momento que yo leo, cuando fenece la tarde entera en los caídos, olvidando la hora en que Vallejo, encontrara su fin en una acera, mas allá de una calle lánguida en su mente. Y he de olvidar en este momento, la música entera que trajera, quizás aquel jardín en silencio en alguna fuente construida para Adrián por ser convento lúgubre de no nombrados que murieron con sus cruces.
Olvidemos entonces la época sin luces, cuando quemados murieron los seguidores de Aristoteles al pensar que podían vivir en el futuro, escapar entonces de la prisión del airado San Agustín al tratar de apagar esas candelas que resonaron en guitarras quebradas buscando alguna verdad. Y la cimitarra terminó sin su delgado cuello, las campanas resonaron en poesía, llorando triste cuando se pronosticó la muerte en las nuevas libretías. Solo quedo el príncipe Cisne hablando de la soledad en las nubes, olvidando la escena de la Olla; cuando por olvido dejo atrás aquellos libros, que contradecían la ilusión de vivir con algún mal genio, en el palacio de las mil y ninguna noche. Por olvidar entonces la quema de los libros que existían.
Murió la literatura y en ella la tarde con las andanzas olvidadas de Voltaire, en las mismas puertas abiertas que desaparecen en la mente de Borges al fenecer aquella noche; pues muere el cisne príncipe en las nubes, estas no tenían todo el trino verdadero de las vivencias en los ojos tristes pordioseros, Borges no miraba mas allá del escritorio. Fueron rescatados mas allá de la penumbra de la cara obscura en los castillos imaginados de la luna, fue como cuando se pierden las estrellas lejos en las estelas que ya no brillan mas, y fue recogida del polvo húmedo del barro, la llama azul de la palabra que solía hablar del pueblo, y era el nahualt la cuna del gesto de los niños dioses que hablaban del grano de oro, mazorcas de maíz: - estas eran mucho mas valiosas - .
Y por no poseer perlas en sus labios, al describirnos sus juegos en el alba, ha desaparecido aquella puerta en que caminaran los esclavos que construyeran el agora de los Griegos, pero no asi la miseria de los pueblos, esa quedó como una malsana costumbre de la obscura niebla, al perderse el pensamiento libertario y razonable, de aquel que preguntaba dejando sus huellas marcadas en el polvo, sin ser ciego o príncipe con torres imaginarias, construyó para todos con preguntas que aun no han sido contestadas.
En el ayer que fue simplemente el futuro que no vino, al fenecer la tarde cuando murieran las celebres palabras que vinieron de los héroes que no mueren, pues se va la tarde cuando quiere reírse la alegría, cuando ya nadie tenga esas cadenas que aprisionan y cortan nuestra venas para destilar la sangre por las guerras de los hombres, y aunque fenezca la tarde en nuestra cárcel nadie olvida que no fenece la esperanza, pues no fenecen los caídos en nuestra fiel memoria.