"En el ayer que fue simplemente el futuro que no vino, al fenecer la tarde cuando murieran las celebres palabras que vinieron de los héroes que no mueren, pues se va la tarde cuando quiere reírse la alegría, cuando ya nadie tenga esas cadenas que aprisionan y cortan nuestra venas para destilar la sangre por las guerras de los hombres, y aunque fenezca la tarde en nuestra cárcel nadie olvida que no fenece la esperanza, pues no fenecen los caídos en nuestra fiel memoria."
Alfarero.
Tomado de
Rescatan la tarde los caídos.
La Masacre del 32 debe reivindicarse.
Justo sobre la tumba de centenares de indígenas que fueron masacrados en 1932, acusados de “comunistas” por el general Maximiliano Hernández Martínez, se realizó una ceremonia maya en la que invocaron sus espíritus y pidieron “fuerzas, a la madre tierra y al sol, para continuar la lucha”.
El pasado sábado 21, en la iglesia de La Asunción, conocida como la iglesia “de los indios”, el pueblo recordó que hace 74 años, miles de indígenas fueron masacrados porque defendían sus tierras.
“Los hermanos cachiqueles de Guatemala y los tatas de Izalco”, vestidos con refajos ofrecieron los elementos cósmicos al “corazón de la tierra y del cielo”.
En este ritual unieron el cielo con la tierra, encontrando “las diversidades de la naturaleza y la divinidad sagrada del tiempo y del espacio”.
El líder campesino, Feliciano Ama, fue nombrado y recordado como alguien que murió queriendo que el sol venciera la noche.
“Hoy es cuando se deben resarcir los daños, reparar la injusticia cometida y sobre todo pedir por la justicia para este pueblo que sigue oprimido”, dijo uno de los participantes en la conmemoración.
“La fe es algo que no vemos, pero con ella esperamos el despertar, nuevamente, para seguir luchando”, dijo Lidia Juliana Ama, sobrina de Feliciano Ama.
Lidia reflexiona que es la ignorancia y el miedo lo que hace que muchos no apoyen a los indígenas y a su cultura.
Y es que en el pueblo de Izalco, fue tanto el daño que se hizo, que aún el “terror” se mantiene. “Sus familiares le advirtieron que si quería amanecer masacrada, entonces que hablara. Ella era el testimoniante de la masacre”, dijo Ama de Chile, refiriéndose a una testigo de la masacre que se negó a hablar en la ceremonia. Por su parte, María Julia Hernández, de Tutela Legal del Arzobispado, dijo que se debe reivindicar a las víctimas.
“El gobierno tiene la obligación de reivindicarlos creando políticas para que no los sigan marginando… hay que concientizar, porque si no seguirá viniendo un partido cada año a cantar y celebrar el genocidio”, dijo Hernández.
Hernández no descartó que a futuro se haga una exhumación y que Tutela hará todo lo posible porque se investigue y se haga un recuento de lo que realmente pasó, quiénes murieron y cuántos.
Rutilio Sánchez, uno de los sacerdotes que ofició una misa, luego del ritual indígena, señaló que estos pueblos son originarios, “tal como lo dice Evo Morales, de descendencia Aymará, actual presidente de Bolivia”.
“Son comunidades organizadas que mantienen sus costumbres, sus principios y fingen algunas veces para escapar de la opresión”, destacó Sánchez.
Nahuizalco, Izalco, Nahuilingo estaban organizados en el 32 y protestaron legítimamente por la tierra, “si no los hubiesen masacrado hoy habrían otras posibilidades”, agregó el sacerdote.
Destruyeron su cultura y les impusieron un miedo muy grande, pese a eso se mantienen organizados, destacó.
Para el sacerdote la derecha los sigue amenazando con el terror de la palabra “comunismo”, les da dinero, les fortalece sus vicios y además los sigue tratando como seres que pueden ser domesticados.
“Ellos están soportando todo esto, pero no están dormidos, ésta celebración de los 74 años , el ritual, la misa, significa el despertar con frutos seguros, no de la noche a la mañana, si no es un proceso”.
Sánchez dijo que era muy significativo que el mismo día que se conmemoraba la masacre, un indígena tomaba el poder en Bolivia, en referencia a Morales quien está reivindicando a estos pueblos, “Estoy seguro que Feliciano Ama está presente aquí y allá”, añadió.
Sánchez dijo que hay que identificarse con este pueblos porque todos tenemos sangre nativa, somos pipiles y que nos identifiquemos con la cultura de nuestros ancestros.
Para Juliana fue significativa la afluencia y participación de indígenas, en la celebración realizada por la memoria histórica y la reparación moral e identidad de los pueblos indígenas. Y el mensaje es que siempre hay rechazo para el pueblo indígena, incluso el pueblo de Izalco está dividido en dos “el pueblo de arriba y el pueblo de abajo”.
Izalco tiene actualmente 96 mil habitantes, el pueblo fue dividido por los españoles, la calle La Unión es la que separa “a los “chipilineros” (que se creen descendientes directos de los españoles) de “ nosotros los garroberos, que somos indígenas”, finalizó diciendo la sobrina de Feliciano Ama.
El domingo la conmemoración continuó a las 6 de la mañana con un ritual maya náhuat.
Por: Patricia Meza (CO LATINO)
La Masacre del 32 debe reivindicarse