Jueves, 01 de febrero de 2007
El aire; el tiempo,
la irrealidad,
el principio
lo incontable
escribiendo pululante:
- nota anarca -.

Cuando pienso en la cantidad de ventanas que existen en esta ciudad convertida en una masa grasienta que se desenvuelve en un tumulto org?nicamente desordenado, como un ente convencido de que para lograr llegar mas lejos, conviene seguir proponiendo el mismo orden estratificado de puertas, tama?os para describir nuestros estratos.
La mesa tiene cuatro sillas, cada silla tiene un orden establecido, cada silla tiene un mismo tama?o. En una se sienta, el mas alto de todos, luego sigue la menor a su lado, la que se sienta al final despu?s de servir a todos y al final el que nunca naci?, por que en esa mesa no hay mas espacio para otro.
En el centro hay un huevo, veinticinco tortillas, el mas grande toma la yema de ese n?cleo, "es el mas grande." Su cuarto es enorme, las columnas que sostienen ese techo que impone una soberbia vista, el alt?simo dios, el primero y ?nico de ese lugar, con una c?pula gigante que describe su cabeza. Cuando la veo, retuerzo mi cuello, mis ojos no alcanzan a encontrar el final del cielo en esa imagen. Esa enorme visi?n en la que cabe hasta la llena luna. Recae en nuestras almas de la b?veda artificial y se estrella ruidosamente con un trill?n de voces:

-Aleluya! Aleluya!...

Que pante?n, parece que ha llegado nuevamente gritando que viene de visita la muerte, ofreciendonos de nuevo falsa inmortalidad carnal, y nos cercena de un tajo.

Bajo de la c?pula se forma un circulo que no alcansamos nunca a cerrar con nuestros pasos; Pasos cortos. En el centro del c?rculo se ci?e una enorme masa de piedra con nudos formados de dolor y hambre con un centenar de brazos que quedaron plasmados en el monol?tico dios, centro del universo, y su cabeza destapada. Brazos se extienden en la lejan?a de la ciudad con ojos vigilantes, envidiando el lejano monte que es mas alto que ?l. No puede dejar de ver con su vista los tendederos con ropa interior que han dejado sus habitantes en los colgaderos de las vitrinas p?blicas, regando agua en las empedradas y angostas calles, que descienden a las ruinas de su mismo pante?n lejano; letrinas de los sin casa. Abajo las tuber?as donde los hombres rata, comen y se divierten mientras se r?en de tristeza, al ver al mundo caminar.
Conviene describir que en un principio todos eran iguales, no hab?a a?o o tiempo para describir la noche, las puertas estaban correspondientemente alejadas de s?, abiertas. Muy abiertas, sin indicio de saber que eran entradas. Eran portones inmensos que daban cabida a los visitantes lejanos y cercanos, con plenitud de sonrisas que respond?an al alma de lo puro. No hab?an dioses, solo cosmos, lunas hermosas que daban gratuitamente su luz, sin hacer sombra con sus egos, nos abrazaban para darnos vida sin ser el tiempo: noche. Los grillos trillaban simples. Verdes hojas ca?an por libre gravedad, semejando alegres luceros que acompa?aban la lluvia para extraerle el amor al germen de la tierra.
Mas, vino la macabra mano peluda, que se introdujo en la cabellera limpia de aquel -ser- recorriendo los extremos para luego llegar a su calvicie y excavar as?, lentamente, hasta romper el cr?neo libre y entrar en ?l, esparciendo un extra?o virus que se introdujo a sus ojos. En medio de los gramos y num?ricas ondas que contaban y recontaban lo que era para s? y para otro, -el menos- y menor; as? muri? con una viga enorme sobre su espalda y acomodada cabeza, carg?ndola como cruz todo el tiempo, tiempo que dur? su vida. de esto, hay leyendas extra?as, que mencionan la marca que le dejar? partida la espalda con un extra?o s?mbolo ce?ido de lo que era solamente su injusta propiedad, - cada quien tiene lo que desea cargar, - y su cuerpo no daba para mas. Es por eso que no pose?a piel en su espalda, solamente un hueso p?drido, ra?do que ensimismaba su mente, en las retinas de sus ojos, que media todo con sus pupilas desorbitadas de tanto enumerar lo que pensaba era propio.
A causa del largo surco creado por la enorme pieza de madera que llevara durante tantos a?os, se hab?a creado un enorme camino, en el cual prosperaban las malas hiervas, largas y enormes dianas espinosas que se extend?an en una extensa s?bana que terminaba en el horizonte. Las malas hiervas amenazaban con expanderse hasta los mismos rec?nditos de las u?as de dios.
Se necesito un ejercito de mil hombres armados con afilados sables para lograr destruir ese bosque obscuro y repudiado.

Los hombres que lograron sobrevivir la larga traves?a y arriesgada aventura, llegaron a un monte empedrado, en el cual terminaba el camino.
Y as?, lo encontraron, siguiendo el rastro del enorme y largo surco que hab?a dejado a su paso. Una prolongada y profunda hendidura en la tierra, cicatriz que le rompi? la virtud a la mentira, la cual imped?a a los labriegos dar crecimiento a las mazorcas de ma?z, a pesar del gran esfuerzo hacer crecer la siembra.

Al hombre que cargara la tortuosa viga Lo encontraron recostado enfrente a un enorme roble, con los ojos desorbitados y con un pajarito de pecho rojo pic?ndole los cabellos, comiendose de los insectos que se hab?an acostumbrado a vivir junto con sus amigas garrapatas.

Y as? muri?, tratando de enumerar las mol?culas a la corteza de aquel ?rbol, desafortunadamente no pudo, pues el ?rbol crec?a r?pidamente. Dicen que muri? tratando.

Fue enterrado con la compa?era de su vida: La viga a su espalda. Para sepultarlo, tuvieron que cavar un enorme agujero que se extend?a varios kil?metros de distancia, sin antes espatantar algunas aves que se hab?an posado para construir sus nidos, segur? que esto hab?a aumentado la carga para aquel desafortunado. Pero asi es la naturaleza, que se encarga de hacer cargar al que no sabe cual es el limite de su propia carga. De la macabra mano peluda, no se sabe, cuentan que esta aun anda rondando sobre nuestras cabezas escondida en la oscuridad detras de las letrinas tenebrozas del poder. Seguro ya tiene a otras victimas.

En la piedra que ser?a dejada para marcar la tumba de aquella v?ctima de la mano peluda, se dejaron unas palabras para recordar asi la numeraci?n de la estupidez:

Este hombre
no sabia contar
vivir es medir
sus propias necesidades.

Desafortunadamente el viento y la lluvia han borrado las palabras, hoy se lee solamente:

hombre
vivir
necesidades.

Todo esto ha sido registrado en los antiguos pergaminos de la ciudad perdida, la que despu?s de un festival para celebrar el ?ltimo deseo pasional, fue destruida y enviada al fondo del oc?ano secreto.
Despu?s de todo, las paredes que hoy nos dividen han olvidado tambi?n el sonido de estas "verdades" solamente se escuchan al otro lado los sonidos de una pareja en el ?xtasis de un orgasmo interminable.
Sin embargo, el surco que dejara, aquel hombre que fue v?ctima de la mano peluda, fue en la primera vereda que se construy?, para la creaci?n de la ciudad nueva, De eso nadie hoy tiene memoria. a pesar de esto aun se conserva todos la caminan pero nadie sabe donde comienza ni donde debe terminar.

Hoy d?a se observa, la c?pula elevada con sus largos brazos sostenidos por unas columnas d?ricas, que descienden hacia la ciudad para abrazarla. En lo alto de esta portentosa construcci?n, se encuentran, las estatuas de diez metros. Son los prominentes h?roes, aquellos que prometieron proteger por siempre a dios. Las figuras de piedra observan hacia el centro de los brazos, la cual es en realidad una enorme plaza, con un peque?o circulo en el cual se orinan los viajeros que desfilan, de vez en cuando, cada a?o para saludar a un se?or que tiene la ocurrencia de salir al balc?n para murmurar:

-Pendejos d?jenme dormir!

Y as?, se sienta en su silla despu?s de hacer un desm?n desde?ado y de desprecio hacia abajo y entra de nuevo a la mansi?n de fuego, para hacer cuentas de los diesmos peregrinos.

Quien dir?a cuanto durar?a aquel surco y todas esas avenidas que algunos dicen siempre nos llevan a Roma.
Sin embargo, hay incontables ra?ces que se extienden a lo largo de la ciudad, dejando el rastro distra?do y mugriento de los cient?ficos, que hoy d?a operan en las mejores industrias para proseguir contando ?tomos de producci?n y reproducci?n, y as? logran calcularlos, medirlos, estratificarlos, colocarlos en las cajas apropiadas, seleccionarlos y posteriormente empacarlos para venderlos a cada uno de los que desean utilizar ese esquema para la continuaci?n de otro epitafio que hoy esta escrito:

Nos hemos quedado contando
para resolver
los problemas del futuro.


Supongo que despu?s de tanto tiempo, nuestras ruinas quedaran as? como todos esos epitafios, que se borran con el tiempo, las palabras se desvanecer?n y es posible que otras palabras sustituyan aquel mismo destello del final:

Nos hemos quedado
con problemas
?

Quien sabe si tendremos tiempo para leerlas, solo para enumerarlas.
Publicado por Alfarero. @ 19:06  | Literarte
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