Mi?rcoles, 07 de febrero de 2007
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Nunca como antes El Salvador se ve hundido en un esquema donde pocos son los favorecidos, un plan orquestado desde afuera para estrangular a los de adentro. Lo único que crece es el terror, el terror a no alcanzar lo nuestro, los niveles de pobreza nunca vistos, galopan encima de un pueblo para destruir su dignidad y su propio anhelo, mientras los perversos enumeran logros que no son para ninguno más qué para ellos. Familias milenarias huyen de un país para desintegrarse y finalmente abandonar el proyecto de poseer un lugar en donde puedan decirse propios, por que los salvadoreños no siembran semillas para crecer allí mismo, dejando atrás el cordón umbilical, por que los aprieta el cordón de la pobreza. Con infantes que no conocen lo que es pensar en el mañana por morirse en el presente, lanzados al torbellino de ojos adultos que no miran, abandonados a una vivencia, recorriendo en la efimera ruta de un destino que nunca decidieron al nacer y que hoy, solamente ellos pagan desapareciendo sin poder reclamar por qué murieron.

Indigentes infelices resurgen en un país de diminuta consciencia cuando los arrastra, la marea. Convertiendo a unos cuantos orgullosos que consideran pertenecer a un país “desarrollado” en la región centroamericana. Memorizando sus ganancias a base de robo y genocidio, y a base de aplastar las vidas de otros. Esos disfrazados de hombres, simples marionetas sin valor, pregonan los beneficios de un sistema ó mejor esconden la cabeza por su propia pena. Celebran con sus fiestas bailando en el poder en que se han enquistado al obtener unas migajas que el emperador desnudo tira al suelo para que esos vasallos las recojan con sus lenguas. Payasos en indignas bufonadas, se hunden con todo lo que piensan es de ellos pero ya todo han perdido al no enterarse. Vendidos hasta de su propia alma, becerros-cerdos ante los grandes consorcios y transnacionales que se ríen aun más de sus imbéciles de sus bufonadas, mientras esos agonizan arrastrados, sin saberlo, suplantado muecas por sonrizas cuando se siente ahogados desde adentro. Bailan en el vacío por unos falsos cristales, al venderse para no tener futuro. Como lo hicieron hoy y siempre.

Pobres miserables. Harapos como hombres sin ser hombres, aparecidos en la inexistencia de la patría esclava con caracter y consciencia enana y prostituta, condenados evanescen enarbolando sus propias agonías.

Tags: El Salvador, Tormenta neoliberal

Publicado por Tepez @ 12:15  | Realidades
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