Domingo, 11 de febrero de 2007
Un art?culo para hacerlo circular, analizarse, y tomarse en cuenta para futuros escritos relacionados a la invasi?n ilegal que lleva a cabo el USA en Iraq.

Por: Noam Chomsky
Fecha de publicaci?n: 11/02/07

En Occidente, algunas de las informaciones m?s importantes sobre Irak permanecen ignoradas o simplemente no se las comenta.

Hasta que esta informaci?n sea tomada en cuenta, las propuestas sobre la pol?tica de Estados Unidos en Irak no ser?n ni moral ni estrat?gicamente sanas.

Por ejemplo, una de las recientes historias sobre la devastada tierra de Irak -una de las menos discutidas y m?s iluminadoras- es una encuesta en Bagdad, Anbar y Najaf sobre la invasi?n y sus consecuencias.

"Alrededor del 90 por ciento de los iraqu?es piensan que la situaci?n en el pa?s era mejor antes de la invasi?n dirigida por Estados Unidos que en la actualidad", inform? United Press International tras divulgar una encuesta realizada en noviembre de 2006 por el Centro de Investigaciones y Estudios Estrat?gicos de Irak, con sede en Bagdad.

"Casi la mitad de los encuestados favorecen una retirada inmediata de las tropas dirigidas por Estados Unidos", inform? The Daily Star en Beirut, L?bano. Otro 20 por ciento aval? una retirada por etapas que comenzara de inmediato (Una encuesta del Departamento de Estado de Estados Unidos, tambi?n ignorada, determin? que dos terceras partes de los habitantes de Bagdad quieren una retirada inmediata).

Generalmente, sin embargo, la opini?n p?blica en Irak, en los Estados Unidos o en cualquier otro lugar no es considerada relevante por quienes hacen la pol?tica, al menos que pueda impedir lo que ellos prefieren elegir. Estos planificadores tienden a ser profundamente antidemocr?ticos, aunque suelen mostrar una sublime ret?rica sobre el amor a la democracia y las mesi?nicas misiones para promocionarla.

Las encuestas en Estados Unidos muestran una mayoritaria oposici?n a la guerra, pero ?stas reciben una atenci?n limitada y apenas entran en la planificaci?n de la pol?tica, o al menos en la cr?tica de esa planificaci?n.

La m?s prominente cr?tica reciente fue el informe del Grupo de Estudios sobre Irak liderado por el ex secretario de Estado, James Baker, y por el ex representante dem?crata Lee Hamilton. El informe fue ampliamente aclamado como un valioso correctivo cr?tico a la pol?tica de George W.

Bush, quien inmediatamente desech? el reporte.

Un notable rasgo del informe, es su falta de preocupaci?n por la voluntad del pueblo iraqu?. El informe cita algunas de las encuestas sobre el sentimiento iraqu?, solamente en relaci?n a la seguridad de las fuerzas militares norteamericanas.

La impl?cita hip?tesis del informe es que la pol?tica debe ser dise?ada para los intereses del Gobierno de los Estados Unidos, no para el de los iraqu?es; o para el de los estadounidenses, tambi?n ignorados.

El informe no formula indagaciones sobre esos intereses, o por qu? Estados Unidos invadi?, o por qu? le teme a un Irak soberano y m?s o menos democr?tico, aunque las respuestas no son dif?ciles de hallar.

La verdadera raz?n para la invasi?n, por cierto, es que Irak tiene las segundas reservas de petr?leo m?s grandes del mundo, que son muy baratas para explotar y se hallan en el centro de los recursos de hidrocarburos m?s importantes del mundo. El tema no es el acceso a esos recursos, sino su control (y para las corporaciones energ?ticas, la obtenci?n de ganancias).

Como observ? el vicepresidente Dick Cheney en mayo pasado, el control sobre los recursos de energ?a provee "instrumentos para la intimidaci?n y el chantaje", es decir, cuando est? en las manos de otros.

Sepultado en el estudio est? la esperada recomendaci?n para que se permita a las corporaciones (queriendo decir en su mayor?a de Estados Unidos y del Reino Unido) el control sobre los recursos de energ?a de Irak. En el m?s delicado fraseo del estudio, se dice que "Estados Unidos debe ayudar a los l?deres iraqu?es a reorganizar la industria nacional del petr?leo como una empresa comercial, a fin de mejorar la eficacia, la transparencia y la responsabilidad".

A ra?z de su sistem?tica falta de voluntad para discutir asuntos tan crasos, el Grupo de Estudios de Irak es incapaz de enfrentar la realidad de las opciones pol?ticas de Estados Unidos frente a la cat?strofe que la invasi?n ha creado.

Los planificadores saben qu? est? en juego. Un Irak soberano, parcialmente democr?tico, podr?a ser un desastre para ellos y para sus aliados occidentales. Con una mayor?a chiita, Irak probablemente continuar? mejorando sus relaciones con Ir?n. Hay una poblaci?n chiita a trav?s de la frontera en Arabia Saudita, oprimida por la tiran?a mon?rquica apoyada por Estados Unidos. Cualquier paso hacia la soberan?a en Irak alienta la defensa de los derechos humanos y un grado de autonom?a en la regi?n donde est? situada la mayor parte del petr?leo saudita.

La soberan?a en Irak podr?a conducir a una alianza chiita que controlar?a la mayor?a de los recursos de petr?leo mundiales e independiente de los Estados Unidos, socavando un objetivo primario de la pol?tica exterior norteamericana desde la Segunda Guerra Mundial.

Poderosos motivos, en consecuencia, llevan a Estados Unidos y al Reino Unido a tratar de mantener un control efectivo sobre Irak. Estados Unidos no est? construyendo una embajada palaciega en Bagdad, la m?s grande en el mundo, una ciudad en s? misma, dentro de la Zona Verde y volcando dinero en las bases militares, con la intenci?n de dejarle Irak a los iraqu?es.

El foco central del informe Baker-Hamilton es la retirada de Irak de las fuerzas de Estados Unidos: m?s espec?ficamente su retirada del combate directo, aunque las propuestas est?n acompa?adas de muchos reparos y evasiones. El informe pide al Presidente que anuncie que Estados Unidos no intenta tener una presencia militar permanente en Irak, pero sin solicitar que se ponga fin a la construcci?n de bases militares.

Por lo tanto, esa declaraci?n no ser? tomada en serio por los iraqu?es.

Algunos observadores temen que una evacuaci?n de Irak por parte de Estados Unidos llevar?a a una guerra civil total y a la devastaci?n del pa?s. En relaci?n a las consecuencias de la retirada, tenemos derecho a hacer nuestros juicios personales, todos ellos tan carentes de informaci?n y dudosos como los de la inteligencia de Estados Unidos. Pero eso no importa. Lo que importa es lo que los iraqu?es piensan. O mejor a?n, eso es lo que deber?a ser realmente importante.

Si los resultados de muchas encuestas son considerados insuficientes, la cuesti?n de la retirada podr?a ser incluso sometida a un referendo, llevado a cabo con supervisi?n internacional para minimizar la coerci?n por parte de las fuerzas ocupantes y de sus clientes iraqu?es.

Ahora bien, en oposici?n al informe Baker-Hamilton (y a la opini?n p?blica iraqu? y estadounidense), el plan de Washington es introducir m?s tropas en Irak.

Pocos analistas militares o especialistas en Medio Oriente esperan que esa t?ctica tenga ?xito. Pero ninguno deber?a subestimar la fuerza de la pol?tica exterior de Estados Unidos para mantener su control sobre los cruciales recursos de la regi?n.

Una aut?ntica soberan?a iraqu? dif?cilmente pueda ser tolerada por el poder ocupante. Tampoco pueden los invasores, o los estados vecinos, tolerar el deterioro de Irak, o una potencial guerra regional como consecuencia.

Por lo tanto, para los norteamericanos, una tarea urgente es trabajar para cambiar la sociedad y cultura interna de una manera lo bastante substancial como para que las razones por las cuales la guerra comenz? y es continuada, y las acciones que deber?an tomarse ahora, puedan al menos llegar a ser el t?pico de una seria discusi?n.
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