Domingo, 18 de febrero de 2007
?Propongo la lectura de Don Quijote de la Mancha!

No sin antes darle algun significa y analisis, para esto creo que es conveniente un art?culo que aparecio el 14 de agosto del a?o pasado.

Por cierto es tambien importante conocer quien es el autor de este art?culo.

Alan Woods.
Nacido en Swansea (Gales) en 1944, es licenciado en filolog?a rusa por la Sussex University, Mosc? y Sof?a. Ha jugado un papel relevante en la defensa de las ideas del marxismo en el seno del movimiento obrero brit?nico e internacional. Ha escrito numerosos art?culos y documentos sobre el marxismo en ingl?s y en castellano, y es coautor, con Ted Grant, del pol?mico libro ?Lenin y Trotsky, qu? defendieron realmente? y de ?Raz?n y Revoluci?n. Es adem?s editor la web ?www.marxist.com" y es Co-Fundador junto con Ted Grant de la Tendencia Marxista Internacional que en estos momentos agrupa a marxistas de los cinco continentes y esta presente en aproximadamente 30 pa?ses. Por ultimo se?alar que es el impulsor de la campa?a de solidaridad con la revoluci?n venezolana "Manos Fuera de Venezuela" (tomado de rebeli?n)

Con esta breve introducci?n espero que no se desanimen los lectores no afines a la ideolog?a marxista, el analisis de Don Quijote desde una perspectiva Marxista sirve para conocer y reconocer el espacio y tiempo de la obra de Miguel de Cervantes Saavedra, y para comprender las relaciones dentro del marco de la sociedad donde se desarrolla la obra.

La obra completa, para aquellos que no puedan adquirirla en las librerias, la pueden encontrar en el siguiente espacio:

librodot.com, letra C.

En esta biblioteca virtual podr?n encontrar varios libros de Cervantes. Buscar en la ventanilla de autor, y encontraran varias obras de Miguel de Cervantes, entre ellas Don Quijote de la Mancha.

El analisis es largo, por lo que prevengo a los lectores si en caso no se desean aburrir, preferiblemente leerlo con atenci?n despues de guardarlo en algun notepad o procesador de palabras, para su posterior an?lisis o lectura.

Tratado de un tema literario en base a un analisis de las diferentes ?pocas de Espa?a. Revalida por igual la historia y los sucesos alrededor del tiempo vivido por Cervantes para llevar esta colosal obra y para comprender mejor el contexto en que ?sta se desarrolla. Requisitos indispensables de investigaci?n acumulada en la experiencia del autor para escribir lo relacionado a la novela.

Atte.

Alfarero.





400 aniversario de Don Quijote: Espa?a en la ?poca de Cervantes

Alan Woods
Rebeli?n

" Dondequiera que ha conquistado el poder, la burgues?a ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, id?licas; ha desgarrado sin piedad las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus ?seres superiores?, para no dejar subsistir otro v?nculo entre los hombres que el fr?o inter?s, el cruel ?pago al contado??. (Marx y Engels. El Manifiesto Comunista. Madrid. Fundaci?n Federico Engels. 1996. p. 41).

?Espa?a conoci? per?odos muy florecientes, per?odos de superioridad sobre el resto de Europa y de dominio sobre Am?rica del Sur. El poderoso desarrollo del comercio interior y mundial iba venciendo el aislamiento feudal de las provincias y el particularismo de las regiones. La fuerza e importancia crecientes de la monarqu?a espa?ola estaban entonces ligadas estrechamente al papel centralizador del capital comercial y a la gradual formaci?n de una ?naci?n espa?ola??. (Trotsky. La revoluci?n espa?ola y las tareas de los comunistas. 24 de enero de 1931)

Este a?o se celebra el 400 aniversario de la primera publicaci?n de Don Quijote, la mayor obra maestra de la literatura espa?ola. La clase obrera, la clase que tiene el mayor inter?s en la defensa de la cultura, deber?a celebrar entusiastamente este aniversario. Fue la primera gran novela moderna, escrita en un lenguaje que los hombres y mujeres corrientes pod?an entender. Era uno de los libros favoritos de Marx y que frecuentemente le?a en voz alta a sus hijos. La lucha por el socialismo es inseparable de la lucha por las ideas y la cultura. En un gesto generoso el presidente Ch?vez ha ordenado la publicaci?n de una edici?n especial de dos millones de copias de la obra maestra de Cervantes para distribuirlas gratuitamente. Por nuestra parte, celebramos el aniversario analizando Don Quijote desde el punto de vista del materialismo hist?rico.

La vida de Cervantes

Miguel de Cervantes (1547-1616) es la figura m?s famosa de la literatura espa?ola. Novelista, dramaturgo y poeta con una considerable producci?n literaria, es recordado hoy casi totalmente como el creador de Don Quijote. Cervantes naci? en Alcal? de Henares, una ciudad pr?xima a Madrid, en el seno de una familia de la nobleza inferior. Su padre, Rodrigo de Cervantes, fue cirujano y la mayor parte de su infancia Cervantes la pas? de ciudad en ciudad mientras su padre buscaba trabajo. Su padre era bien conocido en Valladolid, Toledo, Segovia y Madrid, por sus deudas. ?stas le llevaron en m?s de una ocasi?n a la c?rcel, un destino que en aquella ?poca era demasiado com?n. A primera vista la vida de Cervantes era meramente una larga lista de fracasos: fracas? como soldado, fracas? como poeta y dramaturgo. M?s tarde encontr? un empleo como recaudador de impuestos, pero incluso esto fue un desastre. Fue acusado de corrupci?n y termin? en prisi?n. Pero esta amplia experiencia le permiti? obtener de primera mano un conocimiento de una gran variedad de tipos humanos y conocer desde dentro la sociedad de la ?poca. El inter?s por la escritura de Cervantes se produce en 1568, cuando escribi? algunos versos en homenaje a Isabel de Valois, la tercera esposa de Felipe II, sin duda con la intenci?n de obtener dinero y favores. Pero su carrera literaria fue interrumpida por el servicio militar. Despu?s de estudiar en Madrid (1568-1569), con el humanista Juan L?pez de Hoyos, en 1570 se uni? al ej?rcito espa?ol en Italia. Particip? en la batalla naval de Lepanto (1571), a bordo del barco de guerra Marquesa. Herido en el brazo por un arcabuz, su mano izquierda qued? in?til para el resto de su vida. Pero esto no le impidi? unirse de nuevo a la milicia otros cuatro a?os. Cansado de la guerra, regres? a Espa?a en 1575, junto con su hermano Rodrigo en la galera El Sol. Pero el barco fue capturado por los turcos y ?l junto a su hermano fueron llevados como esclavos a Argel. Cervantes pas? cinco a?os como esclavo hasta que su familia pudo conseguir el dinero suficiente para pagar su rescate. Fue liberado en 1580. Despu?s de regresar a Madrid tuvo varios puestos administrativos temporales, s?lo regres? a la escritura relativamente al final de su vida. Escribi? obras como La Galatea y Las tratas de Argel, que trataba de la vida de los esclavos cristianos en Argel y consigui? cierto ?xito. Aparte de sus obras, su trabajo m?s ambicioso en verso fue el Viaje al Parnaso (1614). Tambi?n escribi? muchas obras de teatro, s?lo dos han sobrevivido, y novelas cortas. Pero ninguna de sus obras le daban para vivir. Finalmente se cas?. Cervantes se dio cuenta de que una carrera literaria no le daba suficientes recursos para mantener una familia. As? que se traslad? a Sevilla donde consigui? trabajo como comisario de abastos de la marina. Sus aventuras no se detuvieron aqu?. Consigui? ?xito pero tambi?n muchos enemigos, como resultado sufri? largos per?odos de prisi?n. En uno de estos per?odos de inactividad forzosa comenz? a trabar en el libro que le dar?a fama eterna. La primera edici?n de Don Quijote apareci? en 1605. Seg?n cuenta la tradici?n, fue escrito en la prisi?n de Argamasilla en La Mancha. La segunda parte de Don Quijote apareci? en 1615. El libro fue un ?xito y le granje? a su autor fama internacional, pero sigui? siendo pobre. Entre los a?os 1596 y 1600 vivi? principalmente en Sevilla. En 1606 Cervantes se asent? de manera permanente en Madrid, donde permaneci? el resto de su vida. El 23 de abril de 1616 ? la fecha en la que muri? Shakespeare ? Cervantes muri? en la pobreza en la calle de Madrid que ahora lleva su nombre, s?lo un a?o despu?s de que apareciera la segunda edici?n de Don Quijote. La obra maestra de Cervantes parece haber comenzado su vida como una caricatura c?mica de los libros de caballer?a que eran populares en la ?poca, pero era un amplio reflejo calidosc?pico de la ?poca en la que vivi? Cervantes. Est? lleno de vida porque refleja fielmente la vida de ese per?odo ? un rico mosaico de un mundo en transici?n ? , un fermento de ideas y costumbres en conflicto y una variedad sin fin de caracteres. La mayor?a de sus personajes proceden de las clases m?s bajas. Don Quijote fue un nuevo punto de partida en la literatura: un dibujo de la vida real y las maneras escrito en un lenguaje claro y cotidiano. Los lectores aclamaron la invasi?n del lenguaje cotidiano en una obra literaria.

A diferencia de muchos de sus contempor?neos, Cervantes no ten?a un patr?n adinerado. Depend?a exclusivamente de sus lectores. Esta era una relaci?n totalmente nuevo entre el escritor y su p?blico. Cervantes s?lo pod?a comer vendiendo sus libros y s?lo pod?a venderlos escribiendo en un tono que resonara en los corazones y las mentes de su p?blico. Esto lo consigui? brillantemente. Pocos libros en la historia han reflejado tan fielmente el nuevo esp?ritu que se estaba desarrollando en la sociedad. Para apreciar esto, es necesario tener una idea aproximada de lo que era realmente la sociedad espa?ola de esa ?poca.

La Espa?a de Cervantes

?El descubrimiento de Am?rica, la circunnavegaci?n de ?frica abrieron nuevos horizontes e imprimieron nuevo impulso a la burgues?a. El mercado de China y de las Indias orientales, la colonizaci?n de Am?rica, el intercambio con las colonias, el incremento de los medios de cambio y de las mercader?as en general, dieron al comercio, a la navegaci?n, a la industria, un empuje jam?s conocido, atizando con ello el elemento revolucionario que se escond?a en el seno de la sociedad feudal en descomposici?n?. (El Manifiesto Comunista. Op. Cit. p. 40) La Espa?a de Cervantes era una sociedad en transici?n. La uni?n de las coronas de Arag?n y Castilla consigui?, a trav?s del matrimonio de Fernando e Isabel, crear las bases para la unificaci?n espa?ola y la creaci?n de una monarqu?a absolutista. La ca?da de Granada, el ?ltimo reino morisco de Espa?a, fue el acto final de la Reconquista que hab?a durado siglos. A esto sigui? r?pidamente el descubrimiento de Am?rica y el ascenso de Espa?a como una potencia econ?mica y militar dominante en Europa. En la ?poca en la que naci? Cervantes Madrid s?lo ten?a 4.000 habitantes, aunque era comparable en tama?o a Toledo, Segovia o Valladolid. El crecimiento de Madrid fue el resultado de los fueros o derechos concedidos a la nacientes burgues?a espa?ola de los reinos de Castilla y Le?n en el per?odo medieval. En el siglo XIV, Fernando VI traslad? la corte para aprovechar la caza, el clima y el agua pura. Tambi?n dio a la monarqu?a una base independiente, libre del control de la nobleza provincial. Bajo Felipe I el vasto aparato burocr?tico del estado absolutista se complet? y perfeccion?. Madrid se transform? y pas? de ser una villa provinciana a una ciudad de 100.000 habitantes, llena de iglesias, catedrales, palacios y embajadas. Para construir la ciudad, se cortaron todos los bosques. La zona que hab?a sido conocida por su aire y agua pura se convirti? en un agujero pestilente. Las calles de Madrid eran oscuras, estrechas y llenas de basura putrefacta, con cerdos merodeando alrededor de la suciedad. La divisi?n arbitraria de las casas, los palacios de mal gusto, las calles llenas de basura y los cad?veres de animales, los barrios empobrecidos con su atm?sfera morisca, las casuchas de los pobres arremolinadas alrededor de las casas de los ricos. En todas partes estaba el hedor de la basura podrida y peor, fermentando en las calles donde se abandonaba convenientemente bajo la cobertura de la oscuridad. La corte de Madrid no era mucho mejor, seg?n todas las cr?nicas, e ra conocida como la m?s sucia de toda Europa. Algunos embajadores extranjeros la comparaban con una aldea del interior de ?frica. Era un caldero hirviente de cambio social donde las viejas clases se descompon?an m?s r?pidamente de lo que pod?an ser sustituidas por las nuevas. La decadencia del feudalismo, junto con el descubrimiento de Am?rica tuvo un efecto devastador en la agricultura espa?ola. En lugar de un campesinado productivo gan?ndose el pan con el sudor de su frente, nos enfrentamos a un ej?rcito de mendigos y par?sitos, arist?cratas arruinados y ladrones, sirvientes mon?rquicos y borrachos, todos luchando por vivir sin trabajar. La podredumbre empezaba por arriba. En medio de toda esta pobreza y suciedad, ruido y miseria, la corte espa?ola era considerada como la m?s brillante de Europa. Era un espect?culo sin final de bailes, mascaradas y m?sica. Los mon?rquicos espa?oles viv?an espl?ndidamente, a cr?dito. Raramente pagaban a sus proveedores. Una cosa tan vulgar como el dinero apenas merec?a consideraci?n para la aristocracia. La nobleza parasitaria viv?a en condiciones de tan c?lebre extravagancia que se hizo necesario aprobar leyes contra el lujo excesivo en el vestir, muebles e incluso sillines. Las autoridades incluso tuvieron que organizar la quema p?blica de zapatillas decoradas, ligas de damas y ropas adornadas. Algunos duques iban acompa?ados de 100 lacayos vestidos de seda. Incluso los oficiales del ej?rcito aparec?an en p?blico vestidos con ricos jubones y chaquetas decoradas con cintas, joyas y plumas. A pesar del barniz externo de piedad religiosa, muchos nobles flirteaban p?blicamente con religiosas j?venes y atractivas a quienes encontraban en las calles. Se dice que el famoso retrato del Cristo de Velazquez fue entregado como un regalo de penitencia por Felipe IV por una de sus innumerables aventuras sexuales. Las damas de la nobleza no eran mejor que sus hombres. Cuando la duquesa de N?jera y la condesa de Medell?n se pelearon, primero se lanzaron una lista de insultos que habr?an ruborizado a una verdulera y despu?s recurrieron con entusiasmo al argumento m?s penetrante del fr?o acero. La corrupci?n era la norma, los funcionarios honestos eran la excepci?n. La Iglesia y el Estado estaban llenos de un aut?ntico ej?rcito de par?sitos y adl?teres, todos luchando por conseguir fortuna del bolso p?blico. Muchos funcionarios viv?an una existencia precaria y estaban dispuestos a vender a su abuela por unos pocos reales. La venta de cargos era la norma. Los ministros particularmente corruptos eran satirizados en versos insidiosos, pero lo normal era que no se prestara demasiada atenci?n a un fen?meno que eran tan com?n que llegaba a ser considerado normal.

La Armada Invencible

Felipe II hered? un fabuloso y rico imperio pero que no estaba basado en cimientos sanos. El ayudar?a a socavarlo a?n m?s con aventuras y guerras exteriores. El Escorial fue un monumento a su r?gimen burocr?tico desalmado. Aqu? el esp?ritu del burocratismo intolerante estaba mezclado con el fanatismo religioso: en parte palacio, en parte monasterio, en parte mausoleo, ese era el centro administrativo del vasto imperio. Detr?s de los elevados muros de El Escorial, Felipe II satisfac?a sus fantas?as imperiales, construyendo, reparando y reconstruyendo constantemente sus palacios reales, utilizando m?rmol y otros materiales costosos. La nobleza se daba prisa para imitar el ejemplo de su monarca, construyendo sus propios palacios. La explosi?n de la construcci?n pronto diezm? los ricos bosques que hab?an cubierto la sierra de Madrid desde tiempos inmemoriales. Estos grandiosos planes al final llevaron a la bancarrota. Esa es la iron?a central, la cumbre de su poder y riqueza. Espa?a se dirig?a de cabeza al declive y el empobrecimiento. Un siglo despu?s el orgullo hidalgo con agujeros en su capa, la cartera vac?a y el ?rbol geneal?gico tan largo como la lista de sus deudas se hab?a convertido en un personaje literario com?n. Aunque Espa?a era la potencia dominante en Europa, su desarrollo social iba por detr?s del de Inglaterra, donde las relaciones capitalistas en la agricultura ya estaban muy avanzadas despu?s de las conmociones de la Peste Negra y la Revuelta de Campesinos de finales del siglo XIV, como explica Marx: ?En Inglaterra la servidumbre de la gleba, de hecho, hab?a desaparecido en la ?ltima parte del siglo XIV. La inmensa mayor?a de la poblaci?n se compon?a entonces y a?n m?s en el siglo XV de campesinos libres que cultivaban su propia tierra, cualquiera que fuere el r?tulo feudal que encubriera su propiedad. En las grandes fincas se?oriales el arrendatario libre hab?a desplazado al bailiff (bail?o), siervo ?l mismo en otros tiempos?. (Carlos Marx. El Capital. Volumen I. Cap. 24). A principios del siglo XVI el capitalismo se hab?a ya desarrollado tanto en Espa?a como en Inglaterra. Sin embargo, parad?jicamente, el descubrimiento de Am?rica y su saqueo por parte de Espa?a sirvi? para asfixiar al capitalismo espa?ol en su nacimiento. La afluencia de oro y plata de las minas esclavas del nuevo mundo minaron el desarrollo de la agricultura, el comercio, la manufactura y la industria espa?ola. Atiz? el fuego de la inflaci?n y en lugar de prosperidad cre? miseria. ?Los nuevos descubrimientos hab?an convertido el comercio terrestre con India en comercio mar?timo, las naciones de la pen?nsula, que hasta ese momento estaban alejadas de las grandes rutas comerciales, ahora se convert?an en los agentes y portadores de Europa?. (Prescott. History of the Reign of Ferdinand and Isabella. p. 740). El poder ascendente del capitalismo ingl?s necesariamente choc? con el poder del imperio espa?ol. La corona inglesa, al principio por pirater?a y despu?s m?s abiertamente, desafi? la supremac?a espa?ola en los mares. Poco a poco, los ingleses y los holandeses comenzaron a poner pies firmes en el Caribe, sentando las bases para nuevos imperios coloniales. El conflicto entre Espa?a e Inglaterra lleg? a su punto culminante cuando los ingleses enviaron ayuda militar a los rebeldes protestantes holandeses que se hab?an revelado contra el dominio espa?ol. Esto inevitablemente llev? a la guerra. El poder de Espa?a recibi? un duro golpe y su orgullo una dura sacudida cuando en el verano de 1588 la Armada Invencible fue derrotada mediante una combinaci?n letal de barcos de guerra ingleses y borrascoso tiempo atmosf?rico. De la noche a la ma?ana Espa?a se encontr? humillada por el emergente poder de Inglaterra. Esta derrota tuvo un car?cter simb?lico, el viejo mundo del catolicismo feudal estaba siendo r?pidamente sustituido por el ascendente poder del protestantismo capitalista en el norte de Europa. Los ?ltimos a?os de Felipe II fueron a?os de severo declive f?sico, amargura y ansiedad. Las guerras sangrientas en Flandes parec?an no tener final a la vista. Muri? en 1598, ocho a?os despu?s de la derrota de la Armada y con ?l muri? la ?poca en la que Espa?a era la due?a de los destinos del mundo. Su hijo Felipe III fue un buf?n in?til, m?s interesado en los placeres de la caza (ya fuera de jabal?s salvajes o de bonitas actrices) que en los asuntos de estado. Poco despu?s de la muerte de su padre, se aproxim? uno de sus secretarios y le hizo la siguiente pregunta: ??Qu? debemos hacer con la correspondencia, Se?or?? y ?l respondi?: ?Ponedla en manos del Duque de Lerma?. De este modo, el monarca absoluto se convert?a en el monarca ausente. Todo el poder real estaba en manos de su ayuda de c?mara, el Duque de Lerma. La decadencia interna de Espa?a se aceler? a?n m?s por la incompetencia y degeneraci?n de su casa real. Pero las verdaderas cusas del declive estaban en otras partes. Los gobernantes reales de Espa?a eran caracteres adecuados para esta tragicomedia de decadencia senil, nepotismo y corrupci?n. Espa?a, que fue la primera naci?n unificada de Europa, y su destacado poder econ?mico y militar, fue derrotada por aquellas naciones ? comenzando con Inglaterra y Holanda ? que hab?an entrado m?s decididamente en el camino capitalista y donde la burgues?a estaba luchando para conseguir el poder pol?tica. Las inmensas riquezas arrancadas del alma de un continente entero r?pidamente fueron dilapidadas por la corte y su ej?rcito servil de z?nganos arist?cratas. M?s all? de los muros de la corte hab?a un mar turbulento de miseria, empobrecimiento y desesperaci?n, que peri?dicamente estallaba en revueltas y disturbios violentos.

El Siglo de Oro

En este per?odo Espa?a era una colmena de actividad. Las cosas que ocurr?an en casa y en el extranjero alimentaban la imaginaci?n de todos los hombres de esp?ritu (y tambi?n de las mujeres). Este era el tel?n de fondo del Siglo de Oro espa?ol. En Espa?a nunca las letras alcanzaron cotas tan deslumbrantes como en esta ?poca. En este per?odo los reyes y los nobles espa?oles tomaban bajo su patrocinio un gran n?mero de poetas, novelistas y pintores de la m?s alta calidad. El mundo raramente ha visto tal galaxia de talento literario, con nombres como los de Miguel de Cervantes, F?lix Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Pedro Calder?n de la Barca y Tirso de Molina. Merece la pena mencionar aqu? a los nombres m?s importantes. La figura excepcional de la ?poca fue Lope de Vega. Aunque descend?a de una familia aristocr?tica de Santander, Lope, como Cervantes, casi siempre pas? dificultades econ?micas. Era un hombre de su ?poca, comparti? sus triunfos y sus tragedias. Particip? en la desastrosa aventura de la Armada Invencible. Luch? un duelo mortal y como resultado fue desterrado de Madrid. Se cas? dos veces y tom? los h?bitos despu?s de la muerte de su segunda esposa. Despu?s de haber amasado una considerable riqueza muri? en 1635. Con esta informaci?n vemos como su vida, al igual que la de Cervantes, estuvo llena de aventuras, l?os amorosos y viajes. Tan llena estuvo su vida que nos preguntamos cuando ten?a tiempo para escribir todo lo que escribi?. Escribi? mucho, 2.000 obras que no tienen igual en la literatura espa?ola. De ?stas s?lo 430 han llegado a nosotros. Entre ellas hay cl?sicos como Fuenteovejuna (basada en un hecho real), El mejor alcalde, el Rey y Periba?ez o el Comendador de Oca?a. Tambi?n escribi? poemas, ?pica y romances en prosa, adem?s de obras religiosas. En algunas de estabas obras vemos importantes elementos sociales y pol?ticos. Fuenteovejuna estaba basada en un hecho real que implicaba una insurrecci?n popular y Periba?ez o el Comendador de Oca?a ilustra la tiran?a de las relaciones feudales en la Espa?a rural. Aqu? la gente corriente es presentada en estado de rebeli?n permanente contra los se?ores feudales, pero la monarqu?a es presentada como el aliado y el defensor de la poblaci?n. En otras palabras, tenemos aqu? una expresi?n literaria del concepto del absolutismo. La monarqu?a absolutista espa?ola, como en todas partes, aument? su poder a expensas de la nobleza equilibr?ndose entre las clases. El contempor?neo de Lope, Pedro Calder?n de la Barca, fue un dramaturgo, un fil?sofo y un te?logo que escribi? entre otras cosas, La vida es sue?o y El Alcalde de Zalamea. Era igualmente popular pero menos prol?fico que Lope. Naci? en 1600 en una familia acomodada, su padre era secretario del Tesoro y fue educado en las prestigiosas universidades de Salamanca y Alcal? de Henares. M?s tarde particip? en las campa?as de Flandes y en la supresi?n de la insurrecci?n catalana de 1640. Se dice que al menos tuvo un asunto amoroso il?cito y un hijo ileg?timo. Pero en 1651 expres? su deseo de entrar en un monasterio y s?lo le detuvo la intervenci?n personal de Felipe IV. Las obras de Calder?n tienen un fuerte elemento moralizador y sus personajes est?n aquejados de ?l. Est?n escritas en un estilo barroco. En El Alcalde de Zalamea y El M?dico y su honra el tema principal es el honor. Es el ideal feudal de una sociedad cortesana que nunca hab?a existido y, para ser m?s exactos, no exist?a en aquella ?poca. No es de extra?ar que Felipe IV, el pr?ncipe de los rufianes, ?fuera un ferviente admirador! Su obra m?s famosa, La vida es sue?o, es el t?tulo m?s apropiado que se ha escrito para la ?poca. La clase dominante espa?ola estaba viviendo un sue?o del que tuvo un duro despertar. El nombre de Francisco de Quevedo es menos conocido fuera de Espa?a, pero fue otro gran escritor del Siglo de Oro. Su nombre est? asociado a la s?tira. Dej? tras de s? un cuadro vivo de la Espa?a de la ?poca en su obra maestra de lo que se conoce como literatura picaresca: El busc?n. Sus obras est?n caracterizadas por su humor sutil, un esp?ritu cr?tico y est?n claramente enraizadas en los acontecimientos del per?odo tr?gico de la historia espa?ola en la que estuvo destinado a vivir y escribir. Quevedo vio que el declive de Espa?a estaba vinculado con la degeneraci?n y corrupci?n de la corte. La banda de par?sitos que ocupaban El Alc?zar de Madrid era bien conocida para ?l por su experiencia como joven en la corte. A la edad de 31 a?os decidi? trasladarse a Italia para ocupar un puesto en N?poles como secretario del Duque de Osuna, pero cuando m?s tarde ?ste cay? en desgracia Quevedo sufri? la prisi?n y el exilio. Fue rescatado por el Duque de Olivares, el futuro ayudante de Felipe IV con quien mantuvo una curiosa relaci?n de amor-odio durante el resto de su vida. Su obra El busc?n es probablemente la m?s hermosa novela sat?rica del siglo XVII. En su obra Sue?os describe la vida de la corte y la aristocracia. Esta obra no cay? bien y fue encarcelado por sus cr?ticas al c?rculo gobernante y el Duque de Olivares. Cuando m?s tarde ?ste ?ltimo cay? en desgracia, Quevedo fue liberado de la c?rcel pero muri? en el olvido dos a?os despu?s, en 1645. La lista es larga pero mencionaremos s?lo un autor m?s de la ?poca: Tirso de Molina. Este era el seud?nimo del fraile Gabriel T?llez, que m?s tarde nos dej? la inmortal historia de uno de los personajes m?s inmortales (o m?s bien amoral) de la literatura mundial: Don Juan, el personaje central de El burlador de Sevilla. Es interesante que este sacerdote estuviera familiarizado con la psicolog?a femenina. En sus comedias de enredo (Don Gil de las calzas verdes y el amor m?dico) la protagonista siempre es una mujer.

La novela picaresca

?Los expulsados por la disoluci?n de las mesnadas feudales y por la expropiaci?n violenta e intermitente de sus tierras ese proletariado libre como el aire , no pod?an ser absorbidos por la naciente manufactura con la misma rapidez con que eran puestos en el mundo. Por otra parte, las personas s?bitamente arrojadas de su ?rbita habitual de vida no pod?an adaptarse de manera tan s?bita a la disciplina de su nuevo estado. Se transformaron masivamente en mendigos, ladrones, vagabundos, en parte por inclinaci?n, pero en los m?s de los casos forzados por las circunstancias. De ah? que a fines del siglo XV y durante todo el siglo XVI proliferara en toda Europa Occidental una legislaci?n sanguinaria contra la vagancia. A los padres de la actual clase obrera se los castig?, en un principio, por su transformaci?n forzada en vagabundos e indigentes. La legislaci?n los trataba como a delincuentes "voluntarios": supon?a que de la buena voluntad de ellos depend?a el que continuaran trabaj ando bajo las viejas condiciones, ya inexistentes?. (Ib?d..) Este fue el per?odo que dio nacimiento al m?s espa?ol de todos los g?neros literarios: la novela picaresca. El p?caro es un tramposo, un brib?n y un aventurero que vive a costa de su ingenio porque no tiene nada m?s de lo que vivir. Es el producto de un per?odo socio-hist?rico definido: el per?odo de transici?n producido por la decadencia del feudalismo. Aqu? tenemos los deshechos de un mundo en pleno proceso de disoluci?n. La decadencia del viejo orden provoca una situaci?n ca?tica en la que la vieja moralidad se resquebraja pero no hay nada que poner en su lugar: de aqu? el nihilismo alegre y moral del p?caro. La sociedad espa?ola de la ?poca nos presenta un rico mosaico de canallas, ladrones y estafadores que probablemente no tiene igual en la historia mundial. La filosof?a de esta capa se puede resumir en una sola palabra: supervivencia. La vida es una pelea alocada por garantizarse los medios de subsistencia por cualquier m?todo posible. Su lema es: ?Todo hombre para s? mismo y dejemos que el diablo tome lo ?ltimo?. En la segunda mitad del siglo XV Madrid ya estaba establecida como ?la muy noble y leal? capital de Espa?a. La poblaci?n comenz? a aumentar por la afluencia de forasteros atra?dos por la corte como las abejas a la miel o las moscas a sustancias menos apetitosas. La novela picaresca reflejaba la situaci?n real en el per?odo cuando el feudalismo espa?ol estaba en declive. Los enga?os del comerciante, la brutalidad de los soldados, el fanatismo de los sacerdotes y la corrupci?n de los cortesanos, estos eran simples hechos de la vida. Este complicado calidoscopio era, en realidad, la expresi?n de una sociedad en proceso de desintegraci?n donde no era posible la s?ntesis. Junto a la aristocracia con sus altisonantes t?tulos y monederos vac?os, hab?a una masa de elementos desclasados, mercenarios y aventureros. Las calles de la capital estaban llenas de criminales, desertores del ej?rcito y fanfarrones de todo tipo y tama?o, portando espadas y pu?ales. Ellos eleg?an la lucha o un monedero con igual entusiasmo. Las bandas de ladrones eran activos por la noche y no era una buena idea estar en la calle en las horas de oscuridad. Un cronista contempor?neo se lamentaba: ?No debe haber un rebelde, lisiado, manco, cojo o ciego en toda Francia, Alemania, Italia o Flandes que no descienda de Castilla?.

Este es el verdadero contexto del que surgi? el Lazarillo de Tormes, el Busc?n y por ?ltimo, pero no menos importante, El Quijote. Como estilo literario la novela picaresca surge de la degeneraci?n del romance de caballer?a, como los prototipos humanos que surgen de la degeneraci?n del feudalismo, es s?lo otra forma de expresar la misma idea. La decadencia del feudalismo inevitablemente produjo una reacci?n contra los valores, la moralidad y los ideales del feudalismo. Esta reacci?n se expresa en la forma de iron?a y rid?culo; una perspectiva pasada de moda que ha sobrevivido a s? misma, es rid?cula por definici?n y por lo tanto una fuente de humor. Estas p?ginas rebosan con todo tipo de vida y personas con caracteres fuertes y coloristas. La clase de antih?roe de la novela picaresca, como en el Lazarillo de Tormes, es una caricatura de los h?roes del romance caballeresco. En lugar de un caballero con brillante armadura, es un joven mendigo ruin, una figura familiar en la Espa?a de esta ?poca. Aqu? tenemos la verdadera g?nesis de un g?nero literario reconocible que aparece m?s tarde en Gil Blas de Le Sage, Jonathan Wilde de Fielding y Barry Lindon de Thackaray. Las p?ginas de El Quijote est?n llenas de personalidades y situaciones tomadas del gran libro de la vida mismo. El esp?ritu de este libro, con su sencillo realismo y alegre optimismo, es claramente el del humanismo renacentista y no tiene nada que ver en absoluto con la contrarreforma. Aqu? nuestros ojos se dirigen no hacia el cielo sino hacia la tierra y todas sus riquezas. Su lema es: ?Considero que nada humano me es ajeno?. En El Quijote hay un fuerte elemento nacional. Es intr?nsecamente un libro espa?ol. No pod?a haber sido escrito en ninguna otra parte. Aqu? tenemos el profundo constante del sol y la sombra tan caracter?stico del paisaje espa?ol que tambi?n se refleja en la vida y el car?cter del pueblo espa?ol. Pero esta explicaci?n, aunque es cierta, de ninguna manera agota la cuesti?n. No se puede explicar plenamente la riqueza de la caracterizaci?n de Cervantes en t?rminos puramente nacionales. Para comprender correctamente a Cervantes es necesario situarlo en su contexto social, econ?mico e hist?rico. Fue Marx quien se?al? que los per?odos de gran transici?n hist?rica son particularmente ricos en ?personajes?. Esto es cierto tanto en Shakespeare como en Cervantes. La Inglaterra de Shakespeare, como la Espa?a de Cervantes, estaba en medio de una gran revoluci?n social y econ?mica. Era un cambio turbulento y penoso, que sumi? a una gran cantidad de personas en la pobreza y cre? en las ciudades una gran clase de elementos l?mpenproletarios despose?dos: mendigos, ladrones, prostitutas, desertores y aquellos que se codeaban con los hijos de los arist?cratas empobrecidos y sacerdotes apartados del sacerdocio para crear una reserva interminable de personajes como Sir John Falstaff y el Lazarillo de Tormes. Las escenas de taberna de dudosa reputaci?n subidas de tono en Don Quijote dan vida y color a la novela, mientras destaca la contradicci?n central del per?odo hist?rico. El pueblo normal espa?ol es vivo y alegre de la misma forma que la nobleza est? muerte y es absurda. El tema central de El Quijote contiene una verdad hist?rica fundamental sobre Espa?a en el per?odo de decadencia feudal. Los ideales de la caballer?a aparecen ahora tan rid?culos y una excentricidad anticuada en la naciente econom?a capitalista, en donde todas las relaciones sociales, la ?tica y la moralidad est?n dictadas por el nexo desnudo del dinero.

Un per?odo de transici?n

?A ?l [a Marx] le gustaba Cervantes y Balzac por encima de los dem?s novelistas. En Don Quijote ve?a la ?poca de la caballer?a moribunda cuyas virtudes eran rid?culas y se mofaban del mundo burgu?s emergente?. (Paul Lafargue. Recuerdos de Marx). Toda clase dominante alberga las mismas ilusiones en s? misma. En sus imaginaciones son h?roes conquistadores, cuando en realidad est?n implicados en los asuntos m?s s?rdidos y sucios. Marx, que admiraba mucho el Quijote, escrib?a: ?Con mucho, est? claro, sin embargo, que la Edad Media no podr?a seguir existiendo el catolicismo, ni la pol?tica del mundo antiguo. Todo lo contrario, es el modo en el que ellos ganaban su sustento lo que explica por qu? aqu? la pol?tica, y all? el catolicismo, jugaron una parte importante. Por lo dem?s, requiere un delicado conocimiento de la historia de la rep?blica romana, por ejemplo, ser conscientes de que su historia secreta es la historia de sus bienes ra?ces. Por otro lado, Don Quijote hace mucho tiempo pag? la multa por imaginar equivocadamente que el caballero andante era compatible con todas las formas econ?micas de la sociedad?. Mientras que en Lope de Vega la vieja idea feudal del honor es tratada con una seriedad letal, en Don Quijote se convierte en materia de humor. Cervantes est? mirando hacia delante, mientras que Lope est? mirando hacia atr?s. Cervantes representa una transici?n hacia una sociedad y moralidad capitalistas, basada en el dinero y no en la categor?a, mientras Lope mira hacia atr?s vehementemente a las certezas morales de un mundo desvaneci?ndose donde todo hombre conoc?a su lugar y la sociedad era mantenida por un fuerte cemento de honor y obligaciones mutuas. A?n as?, las obras de Lope ya descubren las cartas: son una admisi?n t?cita de que estos valores han colapsado con la vieja sociedad que los ha producido. La esencia del humor de Don Quijote es precisamente las contradicciones generadas por la transici?n del feudalismo al capitalismo, de una sociedad basada en el concepto del servicio feudal, el honor y la lealtad, a una sociedad totalmente diferente basada exclusivamente en las relaciones monetarias. El caballero andante de Don Quijote entra en conflicto con la realidad social y econ?mica existente, de la misma forma que los sue?os entran en conflicto con la vida cotidiana. Esto es una expresi?n literaria de la bancarrota de la aristocracia espa?ola, que disimulaba su pobreza con un aura de nobleza gentil. Esa es la iron?a de una clase social que no comprende que est? condenada y que las viejas formas ya no pueden jugar ning?n papel. Esta contradicci?n se nos descubre absurda y por lo tanto c?mica. Las personas pobres y supuestamente ignorantes comprend?an la verdadera situaci?n y correctamente atribu?an el comportamiento de los caballeros a la locura. En realidad es un tipo de locura, pero no se una locura individual sino la de una clase social entera que ha sobrevivido su utilidad y que no se reconcilia con este hecho, cuando en realidad es obvia. En realidad, la Espa?a de la ?poca estaba llena de hombres con grandes nombres e impresionantes t?tulos que no ten?a dos peniques. Hab?a incluso grandes terratenientes que eran poco m?s que mendigos. En el primer cap?tulo tenemos ya una descripci?n de Don Quijote como miembro de una nobleza que es m?s una sombra de s? misma, reducida a la semipobreza y prestando escasa atenci?n a los asuntos mundanos de la producci?n agr?cola: ?Es, pues, de saber, que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso ? que eran los m?s del a?o ? , se daba a leer libros de caballer?as con tanta afici?n y gusto, que olvid? casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administraci?n de su hacienda?. (Miguel de Cervantes. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. 2004. Editorial Espasa Calpe. Madrid. p. 25). Don Quijote no ten?a concepci?n del dinero. Exclamaba indignado: ??Qu? caballero andante pag? pecho, alcabala, chap?n de la reina, moneda forera, portazgo ni barca? ?Qu? sastre le llev? hechura de vestido que le hiciese? ?Qu? castellano le acogi? en su castillo que le hiciese pagar el escote?? (Ib?d.., p. 384). Est? fuera de la econom?a monetaria, al menos en su mente. Si la sociedad se hubiera dejado a la econom?a quijotesca pronto quebrar?a, ya que en aquel momento nadie hab?a o?do hablar del cr?dito e incluso el orgulloso poseedor de una tarjeta de cr?dito tarde o temprano se enfrentar?a a la necesidad nada agradable de saldar sus cuentas. En el episodio de la venta en el tercer cap?tulo, Don Quijote hab?a recibido una lecci?n de econom?a moderna del ventero que le preguntaba si llevaba algo de dinero con ?l, a lo que Don Quijote respondi?: ?que no tra?a blanca, porque ?l nunca hab?a le?do en las historias de los caballeros andantes que ninguno hubiese tra?do. A esto dijo el ventero que se enga?aba; que, puesto caso que en las historias no se escrib?a, por haberles parecido a los autores de ellas que no era menester escribir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse como eran dineros y camisas limpias, no por eso se hab?a de creer que no los trajeron, y as?, tuviese por cierto y averiguado que todos los caballeros andantes, de que tantos libros est?n llenos y atestados, llevaban bien herradas las bolsas, por lo que pudiese sucederles; y que asimismo llevaban camisas y una arqueta peque?a llena de ung?entos para curar las heridas que recib?an?. (Ib?d.. p. 37). La lecci?n estaba bien aprendida. Cuando inicia su segunda ronda de aventuras, Don Quijote se asegurar estar bien provisto de la moneda del reino, endeud?ndose mucho como resultado de ello. En el cap?tulo siete se nos informa que: ?Dio luego Don Quijote orden en buscar dineros, y vendiendo una cosa, y empe?ando otra, y malbarat?ndolas todas, lleg? una razonable cantidad?. (Ib?d.., p. 59). Esta era la historia de toda la aristocracia espa?ola y de la misma Espa?a.

Sancho Panza

En Don Quijote dos son los protagonistas y no uno. Junto al alto y flaco caballero montado en un viejo caballo desvencijado hay un campesino peque?o y gordo a lomos de una mula. Aqu? est? uno de los grandes d?os de la literatura mundial, tan inseparables como la sal y la pimienta. ?Qu? decir del otro personaje de la novela? Sancho Panza es un pobre trabajador agr?cola, un vecino de Don Quijote, ?hombre de bien ? si es que este t?tulo se puede dar al que es pobre ? , pero de muy poca sal en la mollera?. (Ib?d.., p. 59). La ausencia de sabidur?a de Sancho es presumiblemente lo que lleva a seguir a su amo medio loco. Pero a cada paso es el campesino ignorante el que comprende la verdadera situaci?n e intenta demostr?rselo a su amo, que naturalmente se niega a creerlo.

En esto tambi?n hay implicaciones filos?ficas. La filosof?a dominante en la Espa?a de Cervantes no hab?a avanzado m?s all? del escolasticismo de la Edad Media, una versi?n vulgarizada de Arist?teles mezclada con el idealismo de Plat?n. Los ?nicos avances reales de la filosof?a en la Edad Media los hicieron los fil?sofos isl?micos y los cient?ficos de Al Andalus, pero como la Espa?a cristiana s?lo hab?a surgido de una larga guerra de conquista en el sur de los moros, estas ideas eran un anatema para ella. La Iglesia ejerc?a un dominio completo de la filosof?a, como sobre todos los dem?s aspectos de la vida intelectual excepto de la literatura. Los fil?sofos escol?sticos cristianos pasaban una extraordinaria cantidad de tiempo debatiendo de cosas como el sexo de los ?ngeles y cu?ntos ?ngeles podr?an bailar en la cabeza de un alfiler. Cervantes parodia las disputas universitarias en la divertida parodia del yelmo de Mambrino. Sin embargo, el propio Don Quijote es un idealista filos?fico. En el cap?tulo diez pronuncia uno de sus discursos habituales sobre los principios de la caballer?a andante, donde demuestra m?s all? de toda sombra que los caballeros andantes (y por tanto sus escuderos) no necesitaban comer: ?H?gote saber, Sancho, que es honra de los caballeros andantes no comer en un mes, y, ya que coman, sea de aquello que hallaren m?s a mano; y esto se te hiciera cierto si hubieras le?do tantas historias como yo; que aunque han sido muchas, en todas ellas no se ha hallado hecho relaci?n de que los caballeros andantes comiesen, si no era acaso y en algunos suntuosos banquetes que les hac?an, y los dem?s d?as se los pasaba en flores. Y aunque se deja entender que no pod?an pasar sin comer y sin hacer todos los otros menesteres naturales, porque, en efecto, eran hombres como nosotros, hase de entender tambi?n que andando lo m?s del tiempo de su vida por las florestas y despoblados, y sin cocinero, que su m?s ordinaria comida ser?a de viandas r?sticas, tales como las que t? ahora me ofreces. As? que, Sancho amigo, no te congoje lo que a m? me da gusto; ni querr?s t? hacer mundo nuevo, ni sacar la caballer?a andante de sus quicios?. (Ib?d.., p. 79). Sin embargo, Sancho Panza es un convencido materialistas filos?fico y no har? caso de ninguna de estas palabras: ??Gran Merced! ? dijo Sancho ? ; pero s? decir a vuestra merced que como yo tuviese bien de comer, tan bien y mejor me lo comer?a en pie y a mis solas como sentado a par de un emperador. Y a?n, si va a decir verdad, mucho mejor me sabe lo que como en mi rinc?n sin melindres ni respetos, aunque sea pan y cebolla, que los gallipavos de otras mesas donde me sea forzoso marcar despacio, beber poco, limpiarme a menudo, no estornudar ni tose si me viene gana, ni hacer otras cosas que la soledad y la libertad traen consigo. As? que, se?or m?o, estas honras que vuestra merced quiere darme por se ministro y adherente de la caballer?a andante, como lo soy siendo escudero de vuestra merced, convi?rtalas en otras cosas que me sean de m?s c?modo y provecho; que ?stas, aunque las doy por bien recibidas, las renuncio para desde aqu? al fin del mundo?. (Ib?d.., p. 81). Sancho Panza, se presenta, despu?s de todo, no como un ignorante. Sus palabras contienen el sentido com?n sencillo de las masas. Tiene los pies firmemente en la tierra. Vive en el mundo real, el que hace mucho tiempo ha abandonado Don Quijote. Come, bebe, estornuda, duerme y realiza todas las dem?s funciones corporales que su maestro idealista trata con desprecio. En realidad, Sancho est? principalmente preocupado por su panza, hasta el punto en que pregunta a su amo sobre el jornal de los escuderos de los caballeros andantes. En otra parte Don Quijote dice: ?deber?a haber recordado, por experiencia, que la palabra de un campesino est? regulada no por el honor sino por el beneficio?.

La Iglesia

En los siglos XV y XVI la Espa?a cat?lica estaba en la vanguardia de la reacci?n europea. Era la ?poca de la Reforma ? y la Contrarreforma ? . La Sagrada Iglesia Romana estaba en el centro del orden establecido y luchaba ferozmente para defender su poder y privilegios contra el esp?ritu de la nueva ?poca. En su batalla sangrienta por las almas de los hombres, las armas utilizadas no fueron los simples discursos sino la espada y el fuego. Se tomaron muy en serio las palabras de La Biblia: ?No he llegado para traer la paz sino la espada?. La Iglesia Cat?lica Romana era todopoderosa en Espa?a ? una realidad enfatizada por el hecho de que el Cardenal Cisneros se convirti? en regente despu?s de la muerte de Fernando ? S?lo despu?s de dos a?os en el gobierno nombr? rey a Carlos, el nieto de los monarcas cat?licos Fernando e Isabel. Carlos comenz? una pol?tica centralizadora, parte de ella fue convertir a Madrid en capital y que continu? su hijo Felipe II con la construcci?n de El Escorial en la sierra de Madrid e incluso ocasionalmente particip? en la supervisi?n del trabajo en ?l. Era una sociedad dominada por el sacerdote. Esto llev? al establecimiento de la Inquisici?n y la Sociedad de Jes?s (los jesuitas), fundada por el fan?tico vasco San Ignacio de Loyola como tropas de choque militantes de la Contrarreforma. Felipe II estaba tan dominado y obsesionado por la religi?n que fue incapaz de tomar la m?s m?nima decisi?n pol?tica sin consultar primero con sus sacerdotes. Madrid y las otras ciudades espa?olas estaban llenas de instituciones religiosas, iglesias, monasterios y conventos para las ?rdenes sagradas como las Descalzas, monjas descalzas que se mortificaban de la manera que indica su nombre. En la reci?n construida Plaza Mayor de Madrid, hab?a todo tipo de juegos y espect?culos para el entretenimiento y edificaci?n de la opini?n p?blica, incluido el m?s espectacular de todos: el auto de fe. La religi?n impregnaba cada poro de la sociedad espa?ola sin producir ning?n efecto evidente en la moral p?blica. Las ?rdenes inferiores, aunque exteriormente devotas, estaban obsesionadas con el fetichismo supersticioso que no ten?a nada para inculcar un sentido de moderaci?n en su conducta. Miles se reun?an en la Plaza de la Cebada para escuchar los desvar?os de algunos frailes medio locos. La obsesi?n por la idolatr?a les induc?a a raspar el yeso de los muros de las iglesias para guardarlos como reliquia. Sin embargo, el ambiente dominante de fanatismo religioso no impidi? la epidemia general de robo, violaci?n, asesinato, peleas y duelos que estaban en el orden del d?a. Del reino de la miop?a religiosa fan?tica de Felipe II al del disoluto Felipe IV, la inmoralidad alcanz? su cenit m?s espectacular. La propia iglesia reflejaba la moral general de la ?poca. Hab?a casos de frailes implicados en robos, violaciones y asesinatos. Los duelos se produc?an cada d?a por docenas. Por las noches las calles eran pr?cticamente intransitables, la iluminaci?n de la ciudad estaba limitada a esas l?mparas que parpadeaban ante las im?genes de las v?rgenes y santos en los muros exteriores de las casas. La iglesia, que supuestamente deb?a actuar como el guardi?n de la moral p?blica, en realidad era un semillero de intriga pol?tica. Su insistencia fan?tica en el sostenimiento por cualquier medio de la supuesta pureza doctrinal de la iglesia era en realidad un medio de fortalecer el control de la iglesia sobre cada uno de los aspectos de la vida y comportamiento humano. Esta dictadura espiritual, apoyada por la Inquisici?n ? la Gestapo de la Edad Media ? era s?lo otra manifestaci?n del estado burocr?tico que gobernaba Espa?a y presid?a sobre sus ruinas. La intolerancia y el fanatismo estaban en el orden del d?a. Despu?s de la conquista de Granada, los musulmanes fueron obligados a convertirse o sino deb?an abandonar Espa?a. Muchos se convirtieron para seguir en su hogar, pero fueron sometidos a todo tipo de restricciones molestar y controles bajo la mirada escrutadora de la Inquisici?n. Llegaron incluso hasta obligar a cada familia morisca a mantener un jam?n colgado en la cocina e incluso crearon una ?polic?a del jam?n? que inspeccionaba la cuesti?n antes mencionada en intervalos regulares para garantizar que se consum?a entero. En El Quijote Cervantes se atreve a hablar con simpat?a de los moriscos. Cuando Don Quijote pronuncia las famosas palabras a Sancho: ?Con la Iglesia hemos topado, Sancho?, cre? una expresi?n que se convirti? casi en un refr?n popular en Espa?a. Mientras Don Quijote estaba bastante preparado para atacar a los molinos de viento, ten?an que pens?rselo dos veces enfrentarse a la Iglesia. Por supuesto, en una ?poca en que la Inquisici?n quemaba a hombres y mujeres por las ofensas m?s triviales, Cervantes ten?a que andar con cuidado y cubrirse las espaldas con declaraciones de su fe. Pero est? muy claro que su actitud, al menos hacia la religi?n organizada, era cr?tica, si no abiertamente hostil. Si se lee Don Quijote cuidadosamente, es inmediatamente evidente que las cr?ticas a la Iglesia aparecen como un hilo rojo a trav?s de todo el libro. En el cap?tulo cinco la sobrina de Don Quijote dice: ?M?s yo me tengo la culpa de todo, que no avis? a vuestras mercedes de los disparates de mi se?or t?o, para que lo remediaran antes de llegar a lo que ha llegado, y quemaran todos estos descomulgados libros, que tiene muchos, que bien merecen ser abrasados como si fuesen herejes?. (Ib?d.. p. 49). Esto se lleva a cabo debidamente en otro cap?tulo, cuando uno por uno los libros de Don Quijotes son lanzados a las llamas: ?Aquella noche quem? y abras? el ama cuantos libros hab?a en el corral y en toda la casa, y tales debieron de arder que merec?an guardarse en perpetuos archivos, m?s no lo permiti? y suerte y la pereza del escruti?ador, y as? se cumpli? el refr?n en ellos de que pagan a la veces justos por pecadores?. (Ib?d.., p. 58). Esta es muy claramente una parodia de los autos de fe de la Inquisici?n que llenaban las plazas centrales de las ciudades espa?olas con el hedor de la carne ardiendo. En estas ceremonias brutales a menudo era el inocente el que sufr?a, mientras el culpable presid?a el espect?culo. En otras ocasiones, tambi?n, Don Quijote habla con mordaz desprecio sobre la Iglesia. En la ?poca donde la Santa Inquisici?n ten?a el poder absoluto sobre la vida y la muerte, era muy valiente, incluso temerario, adoptar esa actitud. En el cap?tulo XIII alguien dice que los monjes cartujos tambi?n viv?an una vida austera como los caballeros andantes: ?Tan estrecha bien pod?a ser ? respondi? Don Quijote ? , pero tan necesaria en el mundo no estoy en dos dedos de ponello en duda?. (Ib?d.. p. 93).

Una esp?ritu rebelde

Leyendo entre l?neas es posible detectar elementos de cr?tica social en casi cada p?gina de El Quijote. El esp?ritu de rebeli?n est? presente desde el mismo principio. En el pr?logo del autor leemos: ?Ni eres su pariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedr?o como el m?s pintado, y est?s en tu casa, donde eres se?or de ella, como el rey de sus alcabalas, y sabes lo que com?nmente se dice, que debajo de mi manto, al rey mato. Todo lo cual te exenta y hace libre de todo respecto y obligaci?n; y as?, puedes decir de la historia todo aquellos que te pareciere, sin temor que te calumnien por el mal ni te premien por el bien que dijeres de ella?. (Ib?d.. p.13). Don Quijote tambi?n es un comunista instintivo. En su discurso a algunos cabreros incr?dulos habla sobre un tiempo hace mucho tiempo pasado de oro, cuando todas las cosas eran de propiedad com?n: ?Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella viv?an ignoraban estas dos palabras de tuyo y m?o. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle las robustas encinas, que libremente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto?. (Ib?d.., p. 81). ?l contrasta esta edad dorada cuando todas las cosas eran propiedad com?n con la presente ?poca en la que el dinero y la concupiscencia determinan cada aspecto de la vida y el pensamiento: ?Y ahora, en estos nuestros detestables siglos, no est? segura ninguna, aunque la oculte y cierre otro nuevo laberinto, como el de Creta; porque all?, por los resquicios o por el aire, con el celo de la maldita solicitud se les entra la amorosa pestilencia y les hace dar con todo su recogimiento al traste. Para cuya seguridad, andando m?s los tiempos y creciendo m?s la malicia, se instituy? la orden de los caballeros andantes, para defender las doncellas, amparar las viudas y socorrer a los hu?rfanos y a los menesterosos. De esta orden soy yo, hermanos cabreros, a quien agradezco el agasaje y buen acogimiento que hac?is a m? y a mi escudero. Que, aunque por ley natural est?n todos los que viven obligados a favorecer a los caballeros andantes, todav?a, por saber que sin saber vosotros esta obligaci?n me acogisteis y regalasteis, es raz?n que, con la voluntad a m? posible, os agradezca la vuestra? (Ib?d.., p. 82). Fue un golpe maestro de Cervantes poner lo que ser?a una muy atrevida cr?tica social en boca de un loco. Todo revolucionario en la historia ha sido considerado un loco por sus contempor?neos. Para la mayor?a de las personas es racional aceptar el status quo y aquel que no acepta el orden existente es irracional ? loco ? por definici?n. Hegel escrib?a: ?Todo lo que es real es racional y todo lo que es irracional es real?. Y esa frase ha sido tomada como una justificaci?n absoluta del status quo. Pero Engels explica que para Hegel no todo lo que existe tambi?n es real, sin m?s calificaci?n. Para Hegel el atributo de realidad pertenece s?lo a lo que al mismo tiempo es necesario. ?En el curso de su desarrollo la realidad demuestra ser una necesidad?. Eso que es necesario ser demostrado en ?ltima instancia debe ser racional. Sobra decir que para un marxista todo lo que existe lo hace por alguna necesidad. Pero las cosas constantemente cambian, evolucionan, se modifican y engendran contradicciones internas que finalmente llevan a su destrucci?n. Por lo tanto, pierden la cualidad de necesidad y entran en contradicci?n con ella. El terreno comienza a moverse bajo los pies del orden establecido. Aquellas personas que se consideran los m?s realistas ahora se convierten en el peor tipo de ut?picos reaccionarios, mientras que aquellos que eran considerados como so?adores y locos, se convierten en las ?nicas personas cuerdas de un mundo que se ha vuelto loco. En un per?odo hist?rico cuando un sistema socioecon?mico caduco est? en declive, la ideolog?a, la moralidad, los valores y la religi?n que anteriormente eran el pegamento que manten?a unida a la sociedad, pierden su poder de atracci?n. Las viejas ideas y valores se convierten en objeto de rid?culo. Las personas que se aferran a ellos se convierten en objeto de burla, como Don Quijote. La naturaleza relativamente hist?rica de la moralidad se hace evidente. Lo que era malo se vuelve bueno, lo que era bueno se vuelve malo.

El largo e ignominioso declive de Espa?a

?El descubrimiento de Am?rica, que al principio fortaleci? y enriqueci? a Espa?a, se volvi? pronto contra ella. Las grandes rutas comerciales se apartaron de la Pen?nsula Ib?rica. Holanda, enriquecida, tom? la delantera a Espa?a. Despu?s de Holanda fue Inglaterra quien adquiri? una posici?n aventajada sobre el resto de Europa. Era la segunda mitad del siglo XVI, Espa?a se aproximaba a la decadencia. Despu?s de la destrucci?n de la Armada Invencible (1588), esta decadencia revisti? ? por as? decirlo ? un car?cter oficial. Nos referimos al advenimiento de ese estado de feudalismo burgu?s en Espa?a que Marx llam? ?la putrefacci?n lenta y sin gloria??. (Trotsky. La revoluci?n espa?ola y las tareas de los comunistas. 24 de enero de 1931). Por debajo de la superficie toda la brillantez de las conquistas de Espa?a, los cimientos de este edificio imponente ya estaban desmoron?ndose. Todo el tejido de la sociedad estaba corrompido. A pesar de la peligrosa situaci?n de las finanzas espa?olas, se decidi? reanudar la guerra con Holanda. Para conseguir un ej?rcito de mercenarios en Espa?a y Alemania, el Tesoro acu?? moneda falsa en forma de vell?n, una medida que llev? inevitablemente a una explosi?n de la inflaci?n. El colapso final lleg? lenta e ignominiosamente. No s?lo se devalu? la moneda. La monarqu?a estaba totalmente corrupta y la corte no era otra cosa que un pozo negro de inmoralidad y vicio. En el reinado de Felipe IV la inmoralidad de la corte espa?ola alcanz? niveles escandalosos. El propio monarca, cuando no estaba ocupado cazando en El Pardo, El Escorial y Aranjuez, se pasaba el tiempo en numerosos asuntos amorosos y se rode? de un aut?ntico ej?rcito de meretrices, amantes e hijos ileg?timos. Fue padre de numerosos hijos ileg?timos, el m?s famoso fue Don Juan Jos? de Austria, a qui?n engendr? con una famosa actriz c?mica conocida como La Caldonera. La reina, por su parte, no manten?a en secreto a su amante: el Conde de Villamedina. El destacado poder de la Contrarreforma, Espa?a estaba mirando atr?s, intentaba detener el flujo de la historia, aplicando una pol?tica quijotesca. Y como Don Quijote, no consiguieron detener el reloj, sino s?lo condenarse al declive, la derrota y la decadencia a todos los niveles. Espa?a ya era un gigante con pies de barro y sus aventuras militares en los Pa?ses Bajos fueron el golpe del ?ltimo clavo de su ata?d. En un breve espacio de tiempo Holanda se liber? del abrazo mortal de Espa?a, que pronto se encontr? siendo la v?ctima de una agresi?n militar exterior, humillada y aplastada por las naciones que anteriormente hab?an sido sus inferiores. La Inquisici?n se hab?an convertido en todopoderosa, presidiendo un reinado de terror, basado en los m?todos habituales de la tortura y las hogueras. En 1680 la Plaza Mayor fue el escenario del auto de fe m?s espectacular. El hedor de la carne quemada envenen? el alma y pervirti? la mente de Espa?a. El oscurantismo penetr? en los m?s altos niveles del estado. Este ambiente reinante se reflej? en el arte de ese per?odo, un arte que, con unas pocas excepciones destacables, estaba impregnado con un esp?ritu de fanatismo miope y sin sentido. El declive de Espa?a es una ilustraci?n gr?fica de c?mo una sociedad que es incapaz de desarrollar las fuerzas productivas puede caer v?ctima de su propio ?xito. ?El orgullo llega antes de la ca?da? dice un refr?n. La arrogancia de la Espa?a imperial tiene un hom?logo moderno en la arrogancia de EEUU hoy. Igual que Espa?a era la naci?n m?s poderosa y rica de la tierra en el siglo XVI, EEUU lo es hoy. Igual que Espa?a era el centro neur?lgico de la contrarrevoluci?n mundial entonces, EEUU lo es hoy. Igual que Espa?a se excedi? en aventuras militares extranjeras que agotaron su fuerza y vaciaron sus arcas, EEUU est? sobrepas?ndose hoy a escala mundial. Los paralelismo son obvios y se extienden a la esfera de la ideolog?a y la religi?n. George W. Bush es un fan?tico religioso miope, como lo era Felipe II, y cada acto est? determinado para establecer una dominaci?n mundial absoluta. Estos paralelismo no son causalidad. Estamos viviendo un per?odo de gran cambio hist?rico, un per?odo de transici?n, similar al final del siglo XVI. Pero mientras que en aquella ?poca el mundo estaba presenciando el desmoronamiento del feudalismo y el movimiento irresistible hacia el capitalismo, ahora estamos viendo la agon?a mortal del capitalismo y un movimiento igualmente irresistible hacia una nueva sociedad que nosotros llamamos socialismo. Aquellos que tienen el valor de decirlo son calificados de ut?picos, so?adores y locos. Los que compartimos ese honor con Don Quijote, nos encontramos tan poco c?modos en el mundo del capitalismo como nuestro ilustre antepasado. Pero a diferencia de ?l, no buscamos dar marcha atr?s al reloj o regresar a una edad dorada que nunca existi?. Todo lo contrario, deseamos fervientemente avanzar hacia una nueva fase y cualitativamente superior de desarrollo humano. No tenemos necesidad de sue?o e ilusiones, preferimos mantener los pies sobre la tierra. En ese aspecto, al menos, estamos m?s en la tradici?n de ese gran proletario de gran coraz?n y con sentido com?n que era Sancho Panza. Pero compartimos con el caballero de La Mancha un feroz odio hacia la injusticia en todas sus formas. Compartimos su capacidad de elevarse por encima de la miope peque?ez del filiste?smo burgu?s, deseamos un mundo mejor al que vivimos ahora, y compartimos valor de luchar para cambiarlo.
Publicado por Alfarero. @ 11:03  | Literarte
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
Publicado por mary
S?bado, 24 de febrero de 2007 | 12:05
me parecio una pagina con muy buena informacion, aunque le falton algunas imagenes
Publicado por Invitado
S?bado, 20 de octubre de 2007 | 14:38
excelente art?culo, deysi manzanillojavascript:Editor_AnadeTexto('Flash','nuevocomentario','comentario')
Careto Flash