Mi?rcoles, 14 de marzo de 2007
La Herencia de la Droga de Reagan-Bush en Centro América.

Por Robert Parry[¹].

Dos ejecuciones espantosas en masa efectuadas en Guatemala -una que implica a tres legisladores de El Salvador, y la segunda, a los cuatro policías que confesaron la matanza -sugieren que la tolerancia ideológica de la era de Reagan para con los traficantes derechistas de la droga sigue siendo una herencia de la corrupción en la región.

En los años 1980, Ronald Reagan y George H.W. Bush vieron a América Central como un campo de batalla de la guerra fría y omitieron la evidencia de que las organizaciones paramilitares de la derecha en El Salvador, Honduras, Costa Rica, Guatemala y el movimiento de la contra en Nicaragua estuvieran implicadas profundamente en el tráfico de cocaína.
 
Esa protección política permitió que los ricos carteles de la droga de Suramérica penetraran a los cuerpos de seguridad y convirtieran a Centro América en una región de tránsito de cocaína hacia Estados Unidos. En las últimas dos décadas esa criminalidad se ha establecido en un negocio habitual de muchos funcionarios de policía y militares.

Esa horrible realidad irrumpió en los titulares el 19 de Febrero cuando tres miembros del PARLACEN de El Salvador fueron secuestrados mientras se conducían a lo largo de un camino en Guatemala. Los políticos incluyeron a Eduardo José D'Aubuisson, hijo del finado Roberto D'Aubuisson, que dirigió a los temidos «escuadrones de la muerte» de El Salvador en los años 80 y estableció el poderoso partido de la derecha Arena.

Los fiscales guatemaltecos dijeron que uno de los secuestradores era Luis Arturo Herrera, que era jefe de la unidad del crimen organizado de la Policía Nacional de Guatemala. Herrera y otros tres policías llevaron a los cautivos a un área alejada, registraron su vehículo, golpearon a las víctimas y luego los ejecutaron, dijeron los fiscales.

Los cuatro policías fueron rápidamente identificados porque su vehículo policial tenía un rastreador que los puso en la escena del crímen. Los oficiales confesaron afirmando creer que los salvadoreños eran traficantes, una sospecha compartida por muchos periodistas de América Central y otros expertos.

Los policías fueron apresados en una prisión de máxima seguridad, pero el 25 de Febrero, un grupo de pistoleros enmascarados vistiendo ropa militar entraron en la prisión, pasaron a través de siete puertas cerradas y ejecutaron a los cuatro policías; según internos y visitantes de la prisión.

Los asesinatos tenían la semejanza de un grupo conectado con la droga que eliminaba a otro y entonces una tercera banda de asesinos silencian a los policías detenidos por miedo a que señalaran en un escándalo de cocaína y corrupción. Por su parte, las autoridades guatemaltecas declararon que los cuatro policías murieron en un alboroto de la prisión.
 
Sin duda, sin embargo, la corrupción de la droga se arraiga profundamente en América Central. Por lo menos dos tercios de la cocaína que llega a ciudades de los EE.UU pasa a través de Guatemala en camino desde Colombia y Bolivia, según funcionarios americanos; y varios oficiales militares retirados guatemaltecos han sido acusados de tráfico de drogas. [NewYorkTimes, 5 de marzo de 2007] El Salvador, Honduras y Costa Rica también son lugares preferidos del transbordo del contrabando de cocaína, oculta a menudo entre carga legítima, destinada para su distribución en La Florida, California y Texas.
 
DIAS OSCUROS

Las matanzas del mes pasado en Guatemala también recordaron los días oscuros de los años 1980 cuando los «escuadrones de la muerte» fueron tolerados extensamente, permitidos y ayudados por la administración de Reagan-Bush como parte de las campañas sangrientas de contrainsurgencia contra rebeldes izquierdistas.

Al principio de esa década, Roberto D'Aubuisson, un mayor del ejército salvadoreño, organizó operativos de los «escuadrones de la muerte»derechistas, inicialmente desde casas de seguridad en Guatemala y luego abiertamente en El Salvador. En ambos países los «escuadrones de la muerte» tenían sus propias leyes y asesinaron a miles de políticos de oposición.

La relación de la administración de Reagan-Bush con D'Aubuisson era complicada. Inicialmente, la administración minimizó su papel en las matanzas de los escuadrones de la muerte. En 1982, cuando asistí a una fiesta en la casa del Embajador de los EE.UU en El Salvador, D'Aubuisson llegó con gran fanfarria y fue tratado como huésped de honor.

Más adelante, sin embargo, al ser innegable la evidencia de la brutalidad y la criminalidad de D'Aubuisson, la administración de Reagan-Bush se distanció del abanderado de la derecha. (D' Aubuisson murió de cáncer de la garganta en 1992).
Durante los años 1980, muchas de las fuerzas de seguridad de la región también llegaron a ser notorias por asistir a envíos de cocaína a los Estados Unidos. Sin embargo, siempre que las investigaciones de la prensa o del gobierno comenzaran a indagar en estas relaciones corruptas, la administración de Reagan-Bush y los voceros de derecha de los medios, tales como Washington Times del reverendo Sun Myung Moon, jugaron una defensa agresiva para prevenir que el pueblo de Estados Unidos estuviera informado.
 
Pero la evidencia está clara ahora --en parte debido a investigaciones de la CIA y del Departamento de Justicia al final de los años 1990 -- que los beneficios de la droga ayudaron para aumentar las operaciones paramilitares de la derecha en la región, más notable con los contras de Nicaragua que fueron organizados por la CIA para luchar contra el gobierno izquierdista de los Sandinista de Nicaragua desde bases en Honduras y Costa Rica. Los contras obtuvieron la cooperación de los ejércitos derechistas de la región y los servicios de inteligencia con asistencia militar e inteligencia, controlaron aeropuertos e instalaciones de puertos marítimos.
 
Algunos contras, incluyendo los líderes principales, explotaron esa situación para facilitar envíos de la droga a los Estados Unidos, mientras se beneficiaban de la protección política, ya que el presidente Ronald Reagan los había elogiado y equiparado como los «equivalentes morales de los padres fundadores» .
Dado su lugar en el panteón de Reagan, los contras podían contar con políticos poderosos de los EE.UU y funcionarios de seguridad nacional que miraban al otro lado.
 
En un informe de 1998, el Inspector General de la CIA, Frederick Hitz, encontró que la principal razón de la acción protectora de la CIA ante la evidencia de la contra-droga era que la prioridad de Langley era «derrocar el gobierno de los Sandinista... [los oficiales de la CIA] estuvieron determinados a que las dificultades que encontraran no previnieran la puesta en práctica eficaz del programa de la Contra».

Según el informe de Hitz, un oficial de campo de la CIA lo explicaba así: «el objetivo era hacer el trabajo, conseguir la ayuda y ganar la guerra» en Nicaragua.
El informe de Hitz concluyó que miembros de la contra y unidades de la contra estuvieron implicadas en el comercio de la cocaína y que la CIA, en la ocasión, intervino para bloquear investigaciones criminales y del congreso.[²]

BLOQUEO A LA DEA

Un informe separado del inspector general del Departamento de Justicia, Michael Bromwich, descubrió otros ejemplos de como la administración de Reagan-Bush cerró o desalentó las investigaciones de la contra-droga que amenazaban con implicar a aliados de los EE.UU en América Central.

Por ejemplo, el 20 de marzo de 1986, la oficina de la Administración de Investigación de la Droga (DEA, siglas en Inglés) en Costa Rica fue informada por una fuente, que el piloto de la contra Carlos Amador planeaba un vuelo con cocaína desde Costa Rica a través de El Salvador hacia Miami. Dicha fuente decía que posiblemente Amador recogería la cocaína en el Hangar N°4 en el aeropuerto de Ilopango en El Salvador.
 
El cable de la DEA solicitaba que la oficina de la DEA en Guatemala, que cubría a El Salvador, debería «pedir que la policía de El Salvador investigara a Amador, y a cualquier persona y/o compañías asociadas al Hangar N°4».
 
El problema para la CIA, sin embargo, era que ella controlaba el Hangar N°4 -y había asignado el espacio allí al ayudante de la Casa Blanca Oliver North para operaciones de abastecimiento para la contra, y que entonces evitaba una interdicción del congreso que prohibía ayuda militar a los contras.
 
Reaccionando al cable de la DEA, la estación de la CIA en Costa Rica envió otro cable a la estación de la CIA en El Salvador el 23 de abril de 1986, preguntando por Amador y las alegaciones del tráfico de droga. Dos días más tarde, la estación de la CIA en El Salvador urgía que la DEA parara cualquier investigación sobre el Hangar N°4.
 
El cable de la CIA indicó que Amador había dejado de volar para los contras a principios de 1985, aunque él continuó trabajando para el FDN, el principal ejército de la contra en Honduras. Según el cable, la CIA compartió las sospechas sobre el tráfico de droga de Amador, pero afirmó que Amador transportó solamente suministros militares al Hangar N°4.
 
«Basada en esa información, la estación [de El Salvador] apreciaría a la estación [de Costa Rica] que aconsejara a la [DEA] para no hacer ningunas investigaciones a cualquier persona re: hangar N°4 en Ilopango puesto que solamente operaciones legítimas de apoyo de la [CIA] eran conducidas en esta facilidad. FYI(For Your Information)», el cable continuó; «Las operaciones de aire de la estación se movieron desde el hangar N°4 al hangar N°5 que la estación todavía ocupa».
 
La petición de la CIA al parecer interrumpió la investigación de la DEA por varios meses. Pero el 10 de junio de 1986, la estación de la CIA en El Salvador cablegrafió a la estación de la CIA en Costa Rica con noticias que un oficial de la embajada de los EE.UU en San Salvador había solicitado más información acerca de Amador.
 
«El oficial de la embajada dijo que si Amador está conectado con [la CIA], [la DEA] no lo molestará, pero si no, [la DEA] se propone ir por él», decía el cable. Una semana más tarde, la jefatura de la CIA negó cualquier «asociación»con Amador. Pero la búsqueda del tráfico de drogas de la DEA en El Salvador no sería fácil.
Celerino Castillo era el oficial de la DEA responsable de El Salvador. El 23 de junio de 1986, Castillo divulgó el interrogatorio de un informante conocido como «STG6», quién conocía a Amador y a otros alegados traficantes.

STG6 dijo que Amador usaba credenciales militares salvadoreñas para aterrizar en Ilopango sin los usuales trámites de aduana. STG6 agregó que Amador pasó armas para la contra y cocaína desde El Salvador hacia Miami. Al final de 1986, Castillo también conoció que la CIA había «obtenido una visa de los EE.UU» para Amador -a pesar de la afirmación anterior de que la CIA no tenía ninguna «asociación» con él.

PONIENDO LA TAPADERA

Mientras la DEA lentamente armaba el rompecabezas de la contra-droga, la administración Reagan-Bush mantuvo la tapadera de la nueva evidencia en Washington.
En diciembre de 1985, mi colega de Associated Press Brian Barger y yo habíamos escrito la primera noticia que describía la conexión de la contra-cocaína. Pero el artículo fue recibido en Washington oficial con silencio o desdén.
La administración de Reagan-Bush quería centrar la «guerra contra las drogas» en enemigos ideológicos, tales como los sandinistas nicaragüenses, pese a que no había evidencia de que los sandinistas jugaran un papel significativo en el trasiego de cocaína hacia los Estados Unidos.

Solamente un senador de los EE.UU, John Kerry, estaba dispuesto a poner su carrera política en la línea del informe del reportaje de Associated Press con respecto al tráfico de droga por los amados contras de Reagan.
 
Pero Kerry pronto encontró su investigación bajo crítica no sólo por parte del Washington Times, sino que también por los principales periódicos, tales como New York Times que trató las alegaciones de la contra-droga como falsas.

Mientras tanto, en América Central, el agente de la DEA, Castillo, comenzó a indagar las actividades misteriosas de un antiguo militar de Estados Unidos, llamado Walter Grasheim, quien operaba a las afueras de San Salvador. El informante STG6 había identificado a Grasheim como «jefe de las operaciones del contrabando» en Ilopango.
«Grasheim posee y opera el Hangar №4,» alegó el informante que trabajaba en el aeropuerto. «Dijo que el hangar es utilizado por traficantes internacionales de cocaína y de armas. El Hangar №4 también es utilizado por la Contra en El Salvador»
.
El 27 de Octubre de 1986, Castillo abrió un expediente sobre Grasheim, como parte de una investigación de drogas en los hangares cuatro y cinco. El informe investigativo de Castillo identificó otros 13 «traficantes documentados de narcóticos» que usaban los hangares.
 
El 30 de Octubre, Castillo hizo un resumen al embajador de los EEUU en El Salvador, Edwin Corr, que conocía a Grasheim cuando él trabajó con el Grupo Militar de la embajada. Oficialmente, Corr «dio la bienvenida a cualquier investigación sobre Grasheim pero... solicitó... que la investigación esté conducida de una manera muy discreta», reportó Castillo.

Corr actuó detrás de las espaldas de Castillo. El embajador envió un cable «por una puerta trasera» al Departamento de Estado pidiendo a la jefatura de la DEA que revisara la investigación de Castillo. La jefatura de la DEA juzgó que la evidencia era inadecuada y cerró la investigación de Grasheim solo unos días después de iniciada.

Repentinamente, Castillo estaba bajo vigilancia de la embajada. En una entrevista con los investigadores de Bromwich, Corr dijo que Castillo se opuso a las órdenes de cerrar el caso y continuó «entrometiéndose alrededor del aeropuerto y haciendo alegaciones». Corr advirtió a Castillo que a menos que él tuviera más evidencia, debería parar esta «caza de brujas».

MALAS NOTICIAS

El final de 1986 trajo peores noticias para las operaciones de la contra. El escándalo Irán-Contra se expuso abiertamente, después que uno de los aviones de suministros de North fue derribado en Nicaragua y una revista de Beirut publicó la venta secreta de armas a Irán, un proyecto que generó ganancias que North desvió para la cuenta de la contra.

]Sin embargo, las investigaciones Irán-Contra aún evitaban una examinación exhaustiva del tráfico de drogas de la contra.
Según una nota interna de la CIA, el jefe de la fuerza principal de la agencia en Centro América, Alan Fiers, le dijo al Comité de Inteligencia del Congreso que la CIA informaría a la DEA acerca del tráfico de droga. Pero esa reunión al parecer nunca ocurrió.

El informe de Bromwich en 1998 estableció que «ni la DEA ni la CIA[Oficina del Inspector General] podían localizar ningún record de esas discusiones». La investigación del Senador Kerry confrontó similares obstáculos.
En 1989, la DEA se enteró de más embarques de droga. En una entrevista con los investigadores de Bromwich, el supervisor de la DEA, Thomas deTriquet, recordó que un informante confiable había pasado información acerca de traficantes de la droga que empleaban a pilotos de la contra para transportar cocaína desde el Hangar N°5, que estaba bajo control de la CIA.

Cuando Castillo y deTriquet fueron a Ilopango a investigar, un oficial de la CIA no los dejó, decía el informe. Los agentes de la DEA entonces fueron a la Embajada de Estados Unidos donde el jefe de estación de la CIA les aseguró que no había actividad de drogas en el Hangar N°5.

Robert Stia, agregado de la DEA en Guatemala, se quejó a la oficina principal que« la DEA no podía desarrollar la información más importante, que era relacionada a las alegaciones respecto a la base de la Fuerza Aérea de Ilopango».

Stia también reportó que en Marzo de 1989 una fuente confidencial transmitió información de un oficial de la Fuerza Aérea Salvadoreña que el gobierno de El Salvador y la CIA estaban embarcando grandes cantidades de cocaína desde las bases aéreas de La Unión y San Miguel. El objetivo era obtener dinero para la contra, dijo la fuente.

Stia anotó también que la Embajada USA se opuso a la participación de Castillo por su reputación de «escarbar cosas». Stia dijo que el embajador asistente había puesto «controles estrictos» en el «visto bueno» de Castillo para entrar a El Salvador. Castillo fue pronto sacado de la DEA.

Resumiendo este recurrente contra-droga indefensivamente, Bromwich captó lo obvio: « Nosotros no tenemos duda de que la CIA y la Embajada USA no tenían ansiedad porque la DEA siguiera sus investigaciones en el aeropuerto. La primera investigación de la DEA acerca de las actividades del tráfico de drogas en Ilopango fue cerrada en 1986, quizá con la intervención de la Embajada USA.

«Sin embargo, como se refleja en los cables de la CIA en el caso de Amador, la CIA pidió que la DEA no investigara sus operaciones en Ilopango, y la CIA avaló que eran operaciones legítimas . También aclaró que hubo inteligencia, pero no fuerte evidencia de que algunos pilotos de la contra estaban traficando drogas ».

EL INFORME DE KERRY

Aunque la investigación de Kerry al final de los 1980 sufrió obstáculos debido a la ausencia de cooperación por parte de la administración Reagan-Bush y por la hostilidad de la mayoría de los medios de noticias de EE.UU, logró exponer las líneas generales de la red contra-cocaína.

El 13 de Abril de 1989, el informe de Kerry concluyó: «En base a la evidencia, es claro que individuos que daban apoyo a la contra estuvieron envueltos en el tráfico de drogas; la red de suministros para la contra fue usada por organizaciones de traficantes de drogas y elementos de la contra, con su conocimiento, recibieron asistencia material y financiera de traficantes. En cada caso, una u otra agencia del gobierno USA tenía información respecto a la participación, ya sea cuando estaba ocurriendo o después».

El informe agregaba que los traficantes dieron a la contra «dinero, armas, aviones, pilotos, servicios de suministro aéreo y otros materiales». Sin embargo, el Departamento de Estado de los Estados Unidos le pagó a los traficantes como parte de un programa para vuelos de asistencia no letal para la contra. Algunos pagos ocurrieron «después que los traficantes habían sido acusados por las agencias legales federales en cargos relacionados con drogas, otros, mientras los traficantes estaban bajo activa investigación por esas mismas agencias».

A pesar que las indagaciones de Kerry representaron por primera vez en un informe del congreso que en forma explícita acusara a agencias federales de colaboración voluntaria con traficantes de la droga, las mayores organizaciones de noticias escogieron enterrar esos descubrimientos reveladores.

En lugar de tratamiento de titulares de primera página, el New York Times, The Washington Post y Los Angeles Times escribieron breves notas en las páginas de adentro. El artículo del New York Times de sólo 850 palabras, fue puesto en la página 8. El Post colocó su historia en la A20. Los Angeles Times encontró espacio en la página 11.

Por su trabajo duro, Kerry fue ridiculizado por Newsweek como una «conspiración desteñida». Uno de los mejores libros de referencia política, el Almanac of American Politics, dio la siguiente referencia de la investigación de Kerry en su edición de 1992: «En la búsqueda de villanos de derecha y Americanos cómplices, [Kerry] trató de ligar a los contras de Nicaragua al cartel de la droga, sin mostrar mucha evidencia creíble».

Dada la hostilidad en Washington a la investigación de la contra-droga, hubo poco seguimiento a lo que Kerry encontró en 1989. En medio de la negligencia, oficialmente sancionada, el tráfico de drogas en Centro América creció en un cáncer regional.

Cuando el asunto contra-droga resurgió en 1996 con una serie de tres partes por el reportero Gary Webb en el San Jose Mercury News, los defensores de Reagan-Bush se unieron con los principales periódicos -The New York Times, The Washington Post y Los Angeles Times- para destruir a Webb.

Aunque la serie de Webb originó las investigaciones en la CIA y el Departamento de Justicia, Webb fue acosado en su trabajo en el San Jose Mercury News y no recibió reinvidicación cuando los informes de los inspectores generales corroboraron muchas de sus alegaciones e incluso llegaron a más.

En efecto, en 1998, cuando esos resultados críticos fueron publicados, los principales medios de noticias de USA se enfocaron en elementos de prensa del gobierno que menospreciaban a Webb más que en las extraordinarias admisiones en los reportes.

Evitado por la profesión del periodismo y al no encontrar un trabajo decente, Webb se suicidó el 9 de Diciembre de 2004.[³]

Mientras tanto, el tráfico de cocaína en América Central, que echó raíces en los servicios de seguridad en la región en los 19 80, ha continuado su dispersión, combinado con el estancamiento económico y amplia corrupción gubernamental.

El extraño caso de las dos masacres de Febrero en Guatemala ofrece otro chance para forzar que salga a luz finalmente la historia oscura de la complicidad de Reagan-Bush. Pero las posibilidades por tal corrección del récord no son muy grandes.

Para más detalles acerca del trabajo del Senador John Kerry en este tema ver:

http://consortiumnews.com/2004/102904.html.

[¹] Robert Parry inició muchos de los reportes de Irán-Contra en los 1980 para Associated Press y Newsweek. Su último libro publicado es Secrecy & Privilege: Rise of the Bush Dynasty from Watergate to Iraq. En 1999 publicó el libro: Lost History: Contras, Cocaine, the Press & 'Project Truth.'

[²] Para más detalles, ver el libro de Robert Parry:

http://www.secrecyandprivilege.com

[³] Ver http://consortiumnews.com/2006/120906.html


        Fuente:



Tags: Narcotrafico, Narcodiputados, Crimen, Corrupcion

Publicado por chichicaste @ 5:48  | Realidades
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Comentarios
Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 14 de marzo de 2007 | 7:49
Realmente la telara?a del narcotrafico y lavado de dinero que envuelve a Centroamerica es sofocante y mortal y lo mas extra?o es que los agentes extrajeros que operan en la zona, especialmente en Comalapa se hacen de la vista gorda, que nos dice eso?, ademas como lo explica el articulo, todo aquel que trata de anunciar la corrupcion en los altos niveles de gobierno tanto aca como en E.U es desprestigiado y se le cierran todas las puertas y corre el mismo riesgo del peridista Webber.