Jueves, 05 de abril de 2007
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Este art?culo apareci? en Rebeli?n el d?a 3 del presente mes. Recoge Referencias importantes sobre el trabajo del poeta salvadore?o Roque Dalton, quien, en su libros escudri?a los sucesos acontecidos durante la ?poca del 1932. Su trabajo fue elaborado, despu?s de una serie de entrevistas orales realizadas en 1966 por Roque Dalton a Miguel M?rmol, ?nico sobreviviente de los hechos de la insurrecci?n del 32. Un analisis desde una ?ptica contemporanea.

El art?culo nos lleva a ciertos parajes importantes para entender el contenido del pensamiento de Roque Dalton ante la problematica latinoamericcaana y salvadore?a, muy particularmente, comprendiendo los conceptos de acciones concretas tomadas de los presedentes anteriores de la historia alrededor de los movimientos que dieron el nacimiento de ideas al entorno de la izquierda. Como casi todos las obras de Roque Dalton, fueron editadas en otros paises afuera de El Salvador, en tanto estos libros fueron clandestinos, y en muchas ocasiones poseer un libro de Roque Dalton en las manos o en casa era motivo para ser asesinado en nuestro pa?s. Ahora rescatamos al poeta, por tantas razones ya que en nuestro medio se ha tratado de censurar, descalificar y desvirtuar su capacidad literaria, para atacar los temas por ?l, abordados en sus obras.

Sobre "Un libro rojo para Lenin", de Roque Dalton



Roque Dalton y Lenin le?dos desde el siglo XXI


N?stor Kohan
Rebeli?n

La historia en ayuda de las futuras rebeld?as
Hace cuatro d?cadas Roque Dalton apel? al viejo militante salvadore?o Miguel M?rmol para desenterrar y desempolvar una historia de rebeld?a olvidada. No reconstruy? su testimonio para ganar una beca ni para coronar una tesis universitaria. Con ayuda de M?rmol, Roque fue en busca del pasado para as? iluminar el presente y cargarlo de energ?a. De esta manera pretend?a conjurar los fantasmas del quietismo, el ?realismo?, el culto de ?lo posible? y la impotencia pol?tica que levanta altares paganos a la sempiterna ?correlaci?n de fuerzas objetivas?.
Atravesados por esa misma inquietud espiritual y con intenciones an?logas hoy recurrimos a Roque para pedirle socorro, inspiraci?n, consejo y gu?a. Ahora le toca a ?l dar testimonio, aportar experiencias, reflexiones, pensamientos y sugerencias pol?ticas, para as? ayudar a una nueva generaci?n a salir del impasse pol?tico y el desconcierto ideol?gico en que nos sumergi? el neoliberalismo.

Lenin y el poder


Despu?s de las derrotas insurgentes de los ?60 y los genocidios militares de los ?70, de la socialdemocratizaci?n y el posmodernismo de los ?80, del desprecio de fundaciones y ONGs por el marxismo revolucionario y la cooptaci?n desfachatada de los ?90, Roque nos ofrece nuevamente la fruta prohibida. ?Es conveniente leer a Lenin?, nos sugiere, ?actividad tan poco com?n en extensos sectores de revolucionarios contempor?neos?.
Pero su consejo para las nuevas generaciones de militantes no queda detenido all?. Burl?n, incisivo, ir?nico y mordaz, Dalton pone el dedo en la llaga. Luego de los relatos posmodernos y de aquellas tristes ilusiones que pretend?an ?cambiar el mundo sin tomar el poder?, Roque nos provoca: ?Cuando usted tenga el ejemplo de la primera revoluci?n socialista hecha por la ?v?a pac?fica?, le ruego que me llame por tel?fono. Si no me encuentra en casa, me deja un recado urgente con mi hijo menor, que para entonces ya sabr? mucho de problemas pol?ticos?.

A contramano de modas acad?micas y mercantiles, cruzando las fronteras tanto de la vieja izquierda euroc?ntrica como de los equ?vocos seudolibertarios y falsamente horizontalistas de las ONGs, la propuesta radical de Roque Dalton acude presurosa a llenar un vac?o. Su relectura de Lenin nos permite responder los interrogantes que a nuestro paso nos presenta la esfinge. Roque focaliza la mirada cr?tica y la reflexi?n te?rica en el problema fundamental del poder, desaf?o a?n irresuelto por los procesos pol?ticos contempor?neos de nuestra Am?rica. Tras varias d?cadas de eludir, ocultar o silenciar ese nudo problem?tico de todo pensamiento radical, recuperar la perspectiva antiimperialista y anticapitalista de Roque puede ser de gran ayuda para someter a cr?tica las mistificaciones y atajos reformistas del posmodernismo, disfrazados con jerga aparentemente ?s?lo aparentemente? libertaria.

La redacci?n de este libro


El puntapi? inicial para la redacci?n de esta obra iconoclasta y provocadora responde a una invitaci?n de un reconocido intelectual cubano, el poeta Roberto Fern?ndez Retamar, director de Casa de las Am?ricas. En 1970, al cumplirse 100 a?os del nacimiento de Lenin, Fern?ndez Retamar convoca a varios poetas a escribir sobre ?l. De los muchos trabajos seleccionados, se eligen dos, uno de Roque y otro del intelectual haitiano Ren? Depestre.
Esa puntada inicial, redactada en La Habana, se fue entretejiendo posteriormente con m?ltiples materiales que Dalton va acumulando para su investigaci?n sobre la obra del principal te?rico de la filosof?a de la praxis ?seg?n lo definiera Antonio Gramsci?.

Aquella primera redacci?n acerca de Lenin se termina de completar reci?n tres a?os m?s tarde, en julio de 1973, en Hanoi, Vietnam del norte. El libro nace entonces en La Habana y concluye en Vietnam. Un itinerario geogr?fico que es tambi?n pol?tico, ?ndice expresivo de lo que Roque concibe como actualidad del leninismo.

El propio autor aclara al final del ?ltimo poema de su libro, el ?Ensayo de himno para la izquierda leninista?, que su texto queda, adrede, inconcluso. Lo concibe como una obra abierta a los avatares de la revoluci?n latinoamericana y a las nuevas lecturas que eventualmente se derivar?n sobre Lenin en el futuro (su aclaraci?n textual dice: ?Poema inconcluso?mientras viva el autor?).

Una reflexi?n de madurez

Dentro del arco de variaci?n de su propia obra, Un libro rojo para Lenin constituye un texto de madurez.
Una vez que culmina, en 1965, su primera investigaci?n sociol?gica y pol?tica ?en forma de libro monogr?fico? sobre la historia de El Salvador, Roque comienza su tarea de maduraci?n ideol?gica y radicalizaci?n pol?tica. Intentando trazar un puente directo entre Farabundo Mart? y la estrategia fidelista-guevarista continental, el poeta aprovecha su estad?a en Praga durante 1966 para husmear y reconstruir los testimonios orales de Miguel M?rmol sobre la insurrecci?n comunista de 1932. Esos testimonios fueron recogidos en extensas entrevistas ?recogidas en forma manuscrita, sin grabador? a lo largo de tres semanas de mayo y junio de 1966. De esa tarea rigurosa y obsesiva tarea saldr? el texto sobre la insurrecci?n de 1932 y la masacre que la aplast?. De ese trabajo se publicaron fragmentos por primera vez, en enero de 1971, en el N? 48 de la revista cubana Pensamiento Cr?tico con el t?tulo ?Miguel M?rmol: El Salvador 1930-1932?. M?s tarde, ya muerto Roque, se public? el libro completo en forma p?stuma. Fue en 1983. El libro llevaba por t?tulo Miguel M?rmol. Los sucesos de 1932 en El Salvador y fue editado por Casa de las Am?ricas.

En una etapa posterior de este trabajo intelectual y ensay?stico, Roque se mete hasta las orejas en los debates pol?ticos abiertos por Regis Debray en la segunda mitad de los a?os ?60. De all? saldr? el libro pol?mico Revoluci?n en la revoluci?n y la cr?tica de derecha, donde el salvadore?o realiza su propio balance cr?tico sobre las absolutizaciones y unilateralidades de Debray, mientras al mismo tiempo ajusta cuentas con lo que denomina ?la derecha del movimiento comunista latinoamericano? que por entonces arremet?a contra Debray como una v?a indirecta, menos comprometida y con menor costo pol?tico, para atacar a Fidel y al Che e impugnar a la Revoluci?n Cubana.

De modo que Un libro rojo para Lenin no es una obra juvenil, producto de alguien entusiasmado y con voluntad, pero inexperto y reci?n llegado. Por el contrario, en la trayectoria biogr?fica e ideol?gica de Roque Dalton constituye la coronaci?n de una prolongada b?squeda pol?tica (siempre nutrida y entrecruzada con experimentaciones po?ticas y militancia pol?tica) que comienza investigando la propia historia insurreccional de El Salvador en los a?os ?30 y contin?a m?s tarde con la pol?mica sobre la estrategia de la lucha armada en Am?rica Latina de los ?60.

Su lectura-di?logo-collage sobre Lenin conforma entonces el punto maduro de llegada de esas indagaciones previas y el paso necesario que Roque emprende como plataforma ideol?gica de su incorporaci?n activa a la lucha armada en su propio pa?s.
El estilo de Roque: la iron?a como arma
Al entablar una batalla ideol?gica de largo aliento contra todo un abanico de reformismos Roque logra conjugar un contenido revolucionario con una forma de expresi?n que violenta las cristalizaciones habituales del discurso de izquierda. Su estilo disruptivo, heterodoxo, iconoclasta, no es ajeno al contenido que pretende transmitir. No tiene sentido congelar una forma de expresi?n ni atarse a un solo g?nero si se pretende transmitir un mensaje rebelde que rompa con los clich?s y lugares comunes que impidieron durante d?cadas aprovechar y utilizar el inmenso arsenal te?rico proporcionado por Lenin. Las rebeld?as deber?an estar, entonces, en ambos polos de la ecuaci?n, en la forma y en el contenido, no s?lo en este ?ltimo. De este modo, Roque lleva a la pr?ctica en su escritura ensay?stica los recursos que ya hab?a empleado en su poes?a. La cultura revolucionaria se vuelve m?s eficaz y adquiere mayor poder de fuego (y de convencimiento) cuando m?s ir?nica y mordaz.

Esa iron?a, tan propia y caracter?stica de su escritura, le ayuda tambi?n a re?rse, o al menos, a perderle el respeto a los g?neros discursivos tradicionales. En ese sentido reaparece una y otra vez, en cada p?gina de su libro, una pregunta que no por t?cita resulta menos operante: ?por qu? la pol?mica ideol?gica no puede ser po?tica? ?por qu? una obra po?tica debe renunciar a su proyecci?n ideol?gico pol?tica?.
Al saltar por sobre los g?neros Roque combina poemas, relatos, an?cdotas y hasta documentos hist?ricos con las instrucciones de Lenin para realizar un sabotaje, emplear una molotov, asaltar una comisar?a, construir un ej?rcito revolucionario. En su conjunto, la obra constituye un inmenso collage en el que se integran materiales ensay?sticos, biogr?ficos, documentales, po?ticos y pedag?gicos.

Dentro de ese collage, en la aproximaci?n a Lenin y en la cr?tica del reformismo que pretendi? manipularlo, deformarlo o directamente rechazarlo, intervienen numerosas voces. Pero el collage de Roque no es posmoderno, pues su propuesta de lectura-escritura tiene ejes y contornos netamente definidos, habitualmente despreciados y vilipendiados por el llamado ?pensamiento d?bil?. En primer lugar, la historia, especialmente la de Am?rica Latina, aunque tambi?n la de otras revoluciones antiimperialistas y anticapitalistas del mundo subdesarrollado. En segundo lugar, la ideolog?a. En tercer lugar, el sujeto y, finalmente, en cuarto pero no en ?ltimo lugar, la revoluci?n. El collage de Dalton, repleto de retazos polif?nicos, no tiene entonces nada que ver con la fragmentaci?n entrecortada de un videoclip posmoderno, donde las partes coexisten yuxtapuestas sin un sentido articulador que las ordene y les otorgue una direcci?n.

En esa articulaci?n de historia, ideolog?a, sujeto y revoluci?n, el relato no corre ?nicamente por cuenta de Roque. Junto a la suya, se oyen tambi?n otras voces, permaneciendo el collage abierto y expresamente inconcluso como la misma revoluci?n continental y la propia historia del marxismo latinoamericano en los cuales este libro se inserta.

La forma collage y el traspaso permanente de g?nero en g?nero no son las ?nicas notas definitorias de esta escritura. Al mismo tiempo debemos registrar su humor, no como algo aleatorio o coyuntural, sino como un registro fundamental de toda la obra de Roque Dalton.

El humor de Roque, por ejemplo, intercala sin ning?n tipo de advertencia al lector, en medio de una rigurosa explicaci?n de nuestro com?n amigo y compa?ero Fernando Mart?nez Heredia sobre el marxismo ruso, los terroristas populistas, Plejanov y el joven Lenin, la frase de la canci?n de Carlos Puebla: ?pero entonces lleg? el comandante y mand? a parar?. Una irrupci?n sin aviso que desconcierta al lector y, como aquella viejas t?cnicas teatrales que utilizaba Bertolt Brecht en su dramaturgia, despiertan al espectador y lo zarandean para que tome distancia del relato y as? avance cr?ticamente en la conciencia. O tambi?n, aquella referencia a Gramsci y a su v?nculo con la Internacional Comunista de su obra Un libro levemente odioso donde Roque, en lugar de escribir 275 p?ginas repletas de notas al pie y documentos de archivo, resume su explicaci?n con frases de... ?un bolero!: ??Qu? le dijo el movimiento comunista internacional a Gramsci? No tengo edad, no tengo edaaaad para amarte....?.

El humor de Roque se convierte as? en una herramienta desacralizadora, un modo permanente de acercarse al marxismo y en particular a Lenin evitando toda momificaci?n, alivianando hasta corroer y disolver el peso del bronce que durante d?cadas aplast? su mensaje rebelde.
En medio de la risa y la iron?a, Roque nos invita a pensar en voz alta, a reflexionar codo a codo y fraternalmente entre compa?eros, manteniendo al mismo tiempo una ?cida y agria

pol?mica con los enemigos burgueses.

?Lenin? ?Cu?l?

Despu?s de investigar sobre la historia remota de El Salvador, de reconstruir la insurrecci?n comunista de 1932 y de ajustar cuentas con todo el affaire Debray, Roque se vuelca a Lenin. No es casual. Los sectores m?s afines a la Uni?n Sovi?tica y al llamado ?tr?nsito pac?fico? al socialismo invocaban su figura ?con no poco cinismo?como ant?doto frente a todos los ?izquierdismos?, principalmente el del Che Guevara y sus seguidores latinoamericanos.

?Cu?l es el Lenin que aqu? nos acerca Roque? Pues el Lenin del trabajo clandestino, el de la insurrecci?n, el de la revoluci?n y el de la lucha por el poder. En esta elecci?n no hay arbitrariedad alguna sino una perspectiva pol?tico-ideol?gica inequ?voca. El gran presupuesto de Roque se asienta en una cosmovisi?n que concibe al marxismo de manera viva, inflamable, como una teor?a de la rebeli?n y no como una doctrina acad?mica muerta asentada en una recopilaci?n de citas ?sagradas? tranquilizadoras. Seg?n Roque ?nos interesa much?simo m?s el Lenin de la toma de Petrogrado y el Lenin que nos llega a trav?s del Che Guevara y el general Giap, que el lenin (genial, sin duda) de la NEP o el Lenin que nos llega a trav?s del informe sobre los ?xitos de la ?ltima cosecha de trigo en Ucrania?.

La aproximaci?n a Lenin est? dada por la historia, la del propio Lenin y la de sus lectores actuales, con problemas diversos a los de 1917 pero para los cuales el acudir al pensamiento del gran bolchevique puede resultar sumamente ?til y provocador. De all? que Dalton, sucinto y econ?mico, defina de la siguiente manera: ?El leninismo es un complejo resultante de la historia, no una penetrable bola de acero?.
En esa aproximaci?n a Lenin, que no por ser activa y en perspectiva deja de ser objetiva, no por tomar partido deja de ser rigurosa y estricta, no por elegir un perfil de abordaje deja de tomar en cuenta los documentos y la investigaci?n historiogr?fica, Roque Dalton aclara a cada paso desde donde habla y contra quien habla. Sus interlocutores pol?micos est?n abiertamente mentados en el poema ?Contra quien es este libro?. Adem?s de oportunistas, all? los clasifica ?una vez m?s, ir?nicamente? como ?full backs de la burgues?a?, aquellos que acusan de ?blanquismo? a la naturaleza y a la historia o creen que la gran obra de Marx consiste en haber prevenido a la clase obrera contra el revolucionarismo excesivo.
Si est? claro con quien es la pol?mica, tambi?n son n?tidas las acusaciones que Roque pretende contestar. Est?n enumeradas en el poema titulado ?En la pol?mica nos dicen?. Esto es: anarquistas, bandoleros, extremistas, terroristas, antisociales...

Si hubiera que resumir en una sola categor?a de la historia pol?tica del movimiento socialista todos esos insultos, ese concepto ser?a el de ?blanquismo?, referencia despectiva que remite al l?der conspirador franc?s del siglo XIX Auguste Blanqui.
Roque se propone rescatar a Lenin ( y con ?l a todo el marxismo revolucionario que no sirve de pasto de consumo acad?mico) de las acusaciones de ?blanquismo?, pero tambi?n de otras que suelen acompa?arlo: ?aventurerismo?, ??putshchismo?, ?romanticismo?, ?jacobinismo? y ?babuvismo? (referencia despectiva que remite a Graco Babeuf). Todos estos ep?tetos, acu?ados por la socialdemocracia de fines del siglo XIX y empleados por el stalinismo prosovi?tico durante la d?cada de 1960 para insultar al Che, a Fidel y a los j?venes revolucionarios que segu?an a Cuba fueron reflotados durante la d?cada de 1980 y 1990, entonces de la mano de ex comunistas arrepentidos y socialdem?cratas subsidiados por fundaciones alemanas o norteamericanas. Tanto en 1890, en 1967 como en 1980-1990 el objetivo de su uso era el mismo: rechazar a cualquiera que se proponga ir m?s all? de los l?mites y protestas permitidas por el sistema de dominaci?n capitalista.
Toda la pol?mica ideol?gica entablada por Roque Dalton se propone precisamente defender la legitimidad pol?tica del pensamiento revolucionario latinoamericano y hacer jugar a Lenin en esa disputa, no como dogm?tico censor que reta con el dedo autoritario en alto a los j?venes izquierdistas sino como ?cido impugnador del reformismo, la enfermedad senil del comunismo.
El Lenin que nos aproxima Roque, a trav?s de discursos hist?ricos, art?culos o testimonios de investigadores, es el del revolucionario que propone a los j?venes fabricar molotov, organizar c?lulas clandestinas de combate callejero, el que recomienda pensar mejor qu? hacer frente a las elecciones antes de participar en ellas con los ojos cerrados y bajo cualquier circunstancia, el que ense?a el camino de la lucha frontal y armada contra los organismos de inteligencia y represi?n...

?Pero Lenin, el m?s grande de todos, no est? solo en este libro!. Lo acompa?an el Che Guevara, Fidel Castro, el general vietnamita Giap (que se cans? de derrotar y humillar a varios ej?rcitos del imperialismo japon?s, franc?s, yanqui...), Ho Chi Minh, Antonio Gramsci, Gy?rgy Luk?cs. Y obviamente no pod?a faltar el diablo...

Roque, Lenin y el diablo

S?, en Un libro rojo para Lenin aparece Le?n Trotsky. Roque extracta y reproduce fragmentos de su c?lebre Historia de la revoluci?n rusa (el mismo libro que Ernesto Guevara se llev? para leer, extractar y anotar en Bolivia en 1966). Aquella voluminosa obra en la cual el fundador del Ej?rcito Rojo bolchevique subraya las fuertes deudas que el marxismo revolucionario mantiene con Blanqui, sin obviar las diferencias rec?procas.

Hoy en d?a, en el siglo XXI, resultan m?s que ?tiles, seductores y sugerentes estos fragmentos de Trotsky sobre la violencia revolucionaria y el arte de la insurrecci?n, inteligentemente extra?dos e incorporados por Roque. Sirven sobremanera para compararlos con la obsesi?n pretendidamente ?antifoquista? (en realidad espontane?sta y reformista) de Nahuel Moreno [Hugo Miguel Bressano] y algunos otros dirigentes trotskistas latinoamericanos menos conocidos que han terminado convirtiendo a Trotsky en un vulgar apologista de la participaci?n electoral a toda costa y a c?mo d? lugar. Aunque el blanco predilecto de Roque Dalton es, principalmente, la seudo ortodoxia oportunista de los sovi?ticos y el reformismo stalinista ?por ejemplo de Victorio Codovilla y Rodolfo Ghioldi, dos dirigentes del PC argentino a quienes cuestiona con nombre y apellido en su otro libro Revoluci?n en la revoluci?n y la cr?tica de derecha?, el radio de alcance de sus pol?micas llega m?s all? de ese espacio restringido. La l?cida reconstrucci?n de Roque Dalton deja bien en claro que Le?n Trotsky se sentir?a mucho m?s a gusto en compa??a de los guevaristas latinoamericanos, ?izquierdistas? y ?rom?nticos?, que con las instituciones burguesas y las elecciones parlamentarias a las que tristemente lo han querido maniatar durante las ?ltimas d?cadas en algunos de nuestros pa?ses.

?Qu? adopta Roque de Trotsky? Pues aquello seg?n lo cual lo m?s dif?cil de resolver en una situaci?n revolucionaria es el problema del sujeto colectivo y el papel activo de los revolucionarios. En ese contexto, entre las principales trabas a remover, Trotsky identifica a la maquinaria institucional y sus habituales acusaciones de ?blanquismo? utilizadas por la propaganda reformista para rechazar y demonizar a las corrientes de izquierda no institucionales. En ese sentido, a Roque Dalton le llam? poderosamente la atenci?n la forma en que el creador del Ej?rcito Rojo bolchevique define al ?blanquismo?. Seg?n el autor de Historia de la revoluci?n rusa, reproducido por Dalton, por blanquismo debe entenderse, no una desviaci?n elitista, militarista o conspiradora del socialismo sino, por el contrario, ?la esencia revolucionaria del pensamiento marxista?. No es casual que Roque se haya detenido en este p?rrafo de Trotsky, ya que en Am?rica Latina las corrientes m?s moderadas del movimiento comunista emplearon el t?rmino de ?blanquismo? para descalificar a Fidel y al Che.

Al poner en discusi?n la visi?n falsamente apolog?tica de Lenin, que lo convert?a en una momia de mausoleo m?s preocupada por la ?coexistencia pac?fica? entre diversas potencias a nivel internacional y por la gobernabilidad interna de cada estado a nivel nacional, que en incentivar futuras rebeliones populares, Dalton tambi?n realiza un beneficio de inventario sobre la teor?a del partido. ?El partido de Lenin es un partido de combate?, afirma. Su misi?n no es garantizar la paz (de los poderosos y los cementerios) sino encaminar a la juventud y la clase trabajadora ?para la toma del poder?. No es casual que las diversas organizaciones de la izquierda salvadore?a, pocos a?os despu?s de que Roque escribiera este libro, se encaminaran ?unidas en el Frente Farabundo Mart? de Liberaci?n Nacional (FMLN)? hacia la lucha armada y la lucha revolucionaria por el poder. Justamente, hacia el final del volumen, Roque reproduce un fragmento period?stico que da cuenta de la actividad pol?tico militar de las FPL (Fuerzas Populares de Liberaci?n Farabundo Mart?, una de las principales expresiones que a?os despu?s conformar?an el FMLN). Marca de esta manera una l?nea de acci?n pr?ctica en la pol?tica salvadore?a de aquellos d?as.

Lenin desde el marxismo latinoamericano

El poeta salvadore?o se propone, nada menos, que traducir a Lenin a nuestra lengua pol?tica, a nuestra idiosincrasia, a nuestra historia, insert?ndolo en lo m?s rebelde y radical de nuestras tradiciones revolucionarias. No es aleatorio que en su reconstrucci?n apele a otras experiencias de revoluciones en pa?ses del Tercer Mundo: la atrasada Rusia, la perif?rica China, Vietnam, Cuba, El Salvador... El Lenin de Roque se viste de moreno, de ind?gena, de campesino, de cristiano revolucionario, de habitante de poblaci?n, villa miseria, cantegril y favela, adem?s de obrero industrial, moderno y urbano. La suya es una lectura ampliada de Lenin, pensada para que sea ?til ya no exclusivamente en las grandes metr?polis del occidente europeo-norteamericano sino principalmente en el Tercer Mundo, ?nica manera de mantenerlo vivo y al alcance de la mano en las rebeliones actuales de Am?rica latina.
Esa perspectiva permite comprender la dedicatoria del libro que aunque est? cargada de afecto y admiraci?n, implica tambi?n una definici?n pol?tica, ya que Roque lo dedica ?A Fidel Castro, primer leninista latinoamericano, en el XX aniversario del asalto al Cuartel Moncada, inicio de la actualidad de la revoluci?n en nuestro continente? [subrayado de R.D.]. Esa dedicatoria a Fidel retoma puntualmente la tesis central del libro de Luk?cs sobre Lenin [v?ase nuestro estudio preliminar a G.Luk?cs: Lenin, la coherencia de su pensamiento. La Habana, Ocean Sur, 2007].

Algunos de los problemas prioritarios que Un libro rojo... aborda tienen que ver con el car?cter de la revoluci?n latinoamericana y las v?as (?tr?nsito pac?fico?, confrontaci?n directa, ?no tomar el poder...?, etc). Pero el abanico de problemas no se detiene all?. Pretende ser m?s extenso.
Lectura sobre las lecturas
La obra de Roque tiene como objetivo fundamental pensar y repensar qu? significa el leninismo para y desde Am?rica latina. Su reflexi?n merece ser balanceada y contrastada con otras aproximaciones an?logas realizadas en Am?rica Latina.
En primer lugar, con el ?leninismo? construido por Victorio Codovilla y Rodolfo Ghioldi, dos de los principales exponentes argentinos de la corriente latinoamericana prosovi?tica. Estos dos dirigentes comenzaron a ser hegem?nicos dentro del Partido Comunista argentino (PCA) a partir de 1928, cuando ya hac?a diez a?os que ?ste se hab?a fundado. Alineados en forma f?rrea con la vertiente de Stalin en el Partido Comunista de la Uni?n Sovi?tica (PCUS), Codovilla y Ghioldi pasaron a dirigir, de hecho, la secci?n sudamericana de la Internacional Comunista (IC). Desde all? combatieron a Jos? Carlos Mari?tegui, difundieron sospechas sobre Julio Antonio Mella y criticaron duramente a todo el movimiento pol?tico-cultural de la Reforma Universitaria nacido en C?rdoba. Cuarenta a?os m?s tarde, durante los a?os ?60, Codovilla y Ghioldi volvieron a repetir la misma actitud de aquellos a?os ?20, rechazando y combatiendo la nueva herej?a que emanaba entonces de las barbas de Cuba. Desde ese ?ngulo, construyeron una pretendida ?ortodoxia? leninista desde la cual persiguieron a cuanto ?heterodoxo? se cruzara por delante. Lenin, en este registro stalinista rudimentario se convierte en un recetario de f?rmulas r?gidas, propiciadoras del ?frente popular?, la alianza de clases con la llamada ?burgues?a nacional? y la separaci?n de la revoluci?n en r?gidas etapas. Adem?s, desde los a?os ?50 en adelante, el ?leninismo? de Codovilla y Ghioldi se fue convirtiendo en sin?nimo de ?tr?nsito pac?fico? al socialismo y oposici?n a toda lucha armada (a pesar de que Ghioldi hab?a participado en 1935 en la insurrecci?n fallida encabezada por Luis Carlos Prestes en Brasil).

Todo el emprendimiento de Roque Dalton en Un libro rojo para Lenin constituye una cr?tica frontal y radical, punto por punto, parte por parte, de esta versi?n de ?leninismo? divulgada y custodiada en nuestras tierras por Codovilla y Ghioldi.

En segundo lugar, en Am?rica Latina el l?der del Partido Comunista uruguayo (PCU) Rodney Arismendi elabor? una versi?n m?s refinada y meditada de ?leninismo?. La suya fue una lectura m?s sutil y no tan vulgar como la de Codovilla y Ghioldi ?lo que le permiti? cierto di?logo con la vertiente guevarista como el mismo Roque reconoce en su otro libro Revoluci?n en la revoluci?n y la cr?tica de derecha?, aunque el dirigente uruguayo compartiera en t?rminos generales el mismo paradigma pol?tico que los dos dirigentes de Argentina. Completar ac? qu? dice Arismendi.

En tercer lugar, y ya bajo la estrella de la Revoluci?n Cubana, la pedagoga chilena Marta Harnecker intentar? una nueva aproximaci?n a Lenin desde Am?rica Latina. Lo har? desde la ?ptica pol?tica y epistemol?gica althusseriana, ya que Marta ha sido durante a?os una de las principales alumnas y difusoras del pensamiento de Louis Althusser en idioma castellano y en tierras latinoamericanas. Ese intento de lectura se cristalizar? en la obra La revoluci?n social (Lenin y Am?rica Latina), de alg?n modo deudora de obras previas como T?ctica y estrategia; Enemigos, aliados y frente pol?tico as? como de la m?s famosa de todas Los conceptos elementales del materialismo hist?rico. La obra pedag?gica de Harnecker, mucho m?s apegada a Lenin que los anteriores intentos etapistas de Codovilla, Ghioldi o Arismendi, tiene un grado de sistematicidad mucho mayor que la de Roque Dalton. Sin embargo, por momentos los esquemas construidos por Marta rinden un tributo desmedido a situaciones de hecho, coyunturales. Por eso sus libros te?ricos van de alg?n modo ?acompa?ando? los procesos pol?ticos latinoamericanos. As?, perspectivas pol?ticas determinadas se convierten, por momentos, en ?modelos? casi universales: lucha guerrillera ?como en Cuba? en los ?60; lucha institucional y poder local ?como en Brasil y Uruguay? en los ?80 y ?90; procesos de cambios radicales a trav?s del ej?rcito ?como en Venezuela? desde el 2000.

El libro de Roque, sin duda menos sistem?tico y con menor cantidad de referencias y citas bibliogr?ficas de los escritos de Lenin que estos manuales, posee sin embargo una mayor aproximaci?n al n?cleo fundamental del Lenin pensador de la revoluci?n anticapitalista. La menor sistematicidad es compensada con una mayor frescura y, probablemente, con una mayor amplitud de perspectiva de pensamiento pol?tico.
En cuarto lugar, debemos recordar la operaci?n de desmontaje que desde comienzos de los a?os ?80 pretendieron realizar los argentinos (por entonces exiliados) Juan Carlos Portantiero, Ernesto Laclau y Jos? Aric?, entre otros. Toda su relectura de Gramsci en clave expl?cita y expresamente antileninista, constituye un sutil intento de fundamentar su pasaje y conversi?n de antiguas posiciones radicalizadas a posiciones moderadas (esta referencia vale para Portantiero y Aric?, no as? para Laclau, quien nunca milit? en la izquierda radical sino en la denominada ?izquierda nacional?, apoyabrazos progresista del populismo peronista). Concretamente, el ataque a Lenin (acusado de ?blanquista?, ?jacobino? y ?estatalista?) y la manipulaci?n de Gramsci (resignificado desde el eurocomunismo italiano y el posmodernismo franc?s) cumplen en los ensayos de Portantiero, Aric? y Laclau el atajo directo para legitimar con bombos y platillos ?acad?micos? su ingreso alegre a la socialdemocracia, tras la renuncia a toda perspectiva anticapitalista y anticapitalista. No pod?an realizar ese tr?nsito sin ajustar cuentas con la obra indomesticable de Lenin, hueso duro de roer, incluso para los acad?micos m?s flexibles y m?s h?biles.

El libro de Roque, pensado para discutir con el reformismo y el oportunismo de ?la derecha del movimiento comunista latinoamericano?, est? repleto de argumentos que incluso les quedan grandes a las apolog?as parlamentaristas y reformistas de estos tres pensadores de la socialdemocracia.
En quinto lugar, no podemos obviar el reciente intento de John Holloway y sus seguidores latinoamericanos por responsabilizar a Lenin de todos los males y vicios habidos y por haber: sustitucionismo, verticalismo, autoritarismo, estatalismo, etc., etc., etc. La ?novedad? que inaugura el planteo de Holloway consiste en que realiza el ataque contra las posiciones radicales que se derivan de Lenin con puntos de vista reformistas pero..., a diferencia de los antiguos stalinistas prosovi?ticos o de los socialdem?cratas, ?l lo hace con lenguaje pretendidamente de izquierda. La jerga pretendidamente libertaria encubre en Holloway un reformismo poco disimulado y una impotencia pol?tica mal digerida o no elaborada (extra?da de un esquema acad?mico demasiado abstracto de la experiencia neozapatista, caprichosamente despojada de toda perspectiva hist?rica o de toda referencia a las luchas campesinas del zapatismo de principios del siglo XX, que poco o nada interesan a Holloway). Toda la cr?tica de Roque Dalton golpea contra este tipo de planteos acad?micos al estilo de Holloway (o de sus seguidores igualmente acad?micos), aunque por v?a indirecta, ya que al redactar su pol?mico collage Roque pretend?a cuestionar posiciones m?s ingenuas, menos sutiles y, si se quiere, m?s transparentes en sus objetivos pol?ticos.

Finalmente, a la hora de parangonar la lectura de Roque con otras lecturas latinoamericanas sobre Lenin, nos topamos con el reciente an?lisis de Atilio Bor?n. Este autor acude al ?Qu? hacer?, para analizarlo, interrogarlo y reivindicarlo desde la Am?rica Latina contempor?nea.

No es casual que, como Roque Dalton, Bor?n llegue a una conclusi?n an?loga cuando se?ala a Fidel Castro como uno de los grandes dirigentes pol?ticos que han comprendido a fondo a Lenin. Particularmente, hace referencia a la importancia atribuida por Lenin al debate te?rico y a la conciencia y lo parangona con el lugar privilegiado que ocupa la ?batalla de las ideas? en el pensamiento de Fidel.

Despu?s de la rebeli?n popular argentina de diciembre de 2001, Bor?n analiza las tesis del ?Qu? hacer? y las emplea para polemizar con el ?espontane?smo?, sobre todo de John Holloway, quien de hecho clasifica a Lenin como un vulgar estatista autoritario. Tambi?n polemiza con la noci?n deshilachada y difusa de ?multitud? de Toni Negri, quien cree, err?neamente, que toda organizaci?n partidaria de las clases subalternas termina subordinando los movimientos sociales bajo el reinado del Estado. Cr?tico de ambas interpretaciones ?la de Holloway y la de Negri?, Bor?n sostiene que gran parte de las revueltas populares de comienzos del siglo XXI han sido ?vigorosas pero ineficaces?, ya que no lograron, como en el caso argentino, instaurar un gobierno radicalmente distinto a los anteriores ni construir un sujeto pol?tico, anticapitalista y antiimperialista, perdurable en el tiempo.

En este tipo de lecturas, el leninismo de Bor?n mantiene una fuerte deuda con las hip?tesis hist?ricas del dirigente comunista uruguayo Arismendi, a quien cita expl?citamente, aunque en el caso del argentino esas conclusiones a favor de un comunismo democr?tico est?n completamente despojadas de todo v?nculo con el stalinismo.

De la misma forma que el salvadore?o, en su trabajo sobre Lenin el argentino cuestiona ?las monumentales estupideces perge?adas por los ide?logos sovi?ticos y sus principales divulgadores?. Si bien Bor?n y Dalton se esfuerzan por delimitar la reflexi?n de Lenin de aquello en lo que deriv? posteriormente en stalinismo, depositan sus miradas en aristas algo dis?miles. Por ejemplo, mientras Bor?n critica ?siguiendo a Marcel Liebman? la ?actitud sumamente sectaria? de Lenin durante el per?odo 1908-1912, Roque defiende aquellos escritos de Lenin, duros, inflexibles, propiciadores de la clandestinidad, del ?partido obrero de combate? e incluso de la guerrilla.

Pensar (y actuar) m?s all? de la institucionalidad y el progresismo

Las reflexiones Un libro rojo para Lenin tienen vasos comunicantes con todas estas iniciativas intelectuales pero poseen, adem?s, una densidad espec?fica y propia.
La propuesta pol?tica de Roque, atravesada, s?, por las esperanzas ardientes de los a?os 60 e inflamada, tambi?n, por el hurac?n continental que provoc? en sus primeros a?os la Revoluci?n Cubana, posee, sin embargo, una impactante actualidad. Si bien es cierto que el ?esp?ritu de ?poca? del cual se nutre Roque al escribir no es exactamente el nuestro, tambi?n es verdad que su libro-collage pone sobre la mesa un problema que permanece todav?a irresuelto. ?C?mo pensar en Am?rica Latina los cambios radicales m?s all? d ela institucionalidad sin abandonar, al mismo tiempo, la organicidad revolucionaria anticapitalista?
Es decir, ?c?mo volver a colocar en el centro de las discusiones, los proyectos y las estrategias revolucionarias latinoamericanas del siglo XXI el problema del poder, abandonado, eludido o incluso negado durante un cuarto de siglo de hegemon?a neoliberal?

Roque provoca, molesta, incomoda. Se r?e y burla de los acomodaticios. Se mofa de las burocracias partidarias. Se toma en solfa la adustez de los discursos acad?micos que citan mucho para no decir nada.

El libro de Roque tambi?n sirve para pensar las derrotas de las revoluciones latinoamericanas desde la izquierda, sin hacer tabla rasa con el pasado de lucha (como nos han propuesto a lo largo de estos a?os tantos conversos y arrepentidos, convertidos s?bitamente en funcionarios de traje, reloj caro y corbata). Repleto de iron?a, permite adem?s hacer un balance meditado y reflexivo, rechazando el desarme pol?tico-ideol?gico que presupone la historiograf?a de ?tierra arrasada?, tan en boga durante los a?os ?80 y ?90, donde se culpaba a la izquierda revolucionaria por los golpes de estado, las desapariciones de personas, la inestabilidad pol?tica, etc., etc.

Adem?s de todos estos aportes, el libro de Roque nos puede permitir ensayar un balance cr?tico de las experiencias fallidas o truncas de los progresismos, luego de la denominada ?transici?n a la democracia? de los ?80, superado ya el neoliberalismo de los a?os ?90 y despu?s del gatopardismo ?progresista? que se inicia a partir del a?o 2000.

Roque Dalton, Lenin y el socialismo del siglo XXI

Por todo esto creemos no equivocarnos al afirmar que el ensayo-collage-poema inconcluso Un libro rojo para Lenin, heredero de Mari?tegui y del Che, dedicado a Fidel Castro y dirigido a las nuevas generaciones de militantes por el socialismo, constituye uno de los principales cl?sicos del marxismo latinoamericano. Deber?a estudiarse en todas nuestras escuelas de formaci?n pol?tica.

Su lectura no puede ni debe ser pasiva. Sumergirse en sus poemas ir?nicos, en sus textos te?ricos, en sus documentos pol?ticos, implica hacer hablar a Roque y a los interlocutores que ?l eligi? para, acompa?ando a Lenin, construir su obra polif?nica. Hasta tal punto Roque lo fue construyendo como un di?logo infinito que en sus p?ginas aparecen tambi?n sus oponentes, personajes inventados que, desde el horizonte de la vieja izquierda metropolitana y euroc?ntrica, intentan poner en duda la lectura leninista en clave latinoamericana que su autor nos propone.

Si bien es innegable que los personajes del di?logo-collage son m?ltiples, tambi?n es evidente que ese elenco numeroso cuenta con dos protagonistas centrales e inequ?vocos: Lenin y Roque, Roque y Lenin. Ambos miembros activos de nuestra cofrad?a antiimperialista y anticapitalista. Hacerlos hablar significa incorporarlos al juego, involucrarlos en la resoluci?n de nuestros desaf?os pol?ticos actuales y nuestros interrogantes abiertos.

Insertado en lo m?s rico y original del pensamiento rebelde latinoamericano, este texto constituye una invitaci?n exquisita para dialogar en voz alta con estas dos personalidades entra?ables teniendo en mente no s?lo el aprendizaje de los errores y aciertos del socialismo del siglo XX sino tambi?n, y principalmente, lo que significar? el socialismo revolucionario del siglo XXI.


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Tags: Literatura

Publicado por Alfarero. @ 3:24  | Literarte
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