jueves, 19 de julio de 2007
Hola amigos lectores. Poetas y escritores.

Posiblemente algunos no conozcan el Poema "Patría Exacta" hoy como ayer este poema sigue vigente por que lo que se condenaba ayer hoy no se supera.

La “Patria exacta” de Oswaldo Escobar Velado.

Hoy igual (peor) que ayer...

(Homenaje al poeta Oswaldo Escobar Velado,
en el mes del 46 aniversario de su fallecimiento, 1961-julio-2007)

Por Renán Alcides Orellana

Para 1959/1960 conocí del poeta Oswaldo Escobar Velado su poema “Patria Exacta”, especie de credo entonces de la juventud universitaria que, entre estudio y lucha, combatía al sistema represor de la dictadura prudista de José María Lemus. Después, la vida y obra del poeta me fue siendo familiar vía conversación permanente con los buenos amigos Cea, Armijo, Manlio, Tirso, Jorge Cornejo... convertidos en pacientes samaritanos literarios, satisfaciendo mis aspiraciones provincianas hacia la práctica del buen decir y escribir. Después pude conocer al poeta, para entonces muy aquejado ya del fulminante mal que lo llevaría a la tumba el 15 de julio de 1961.Alguna vez, dos o tres, le vi y escuché de cerca. Voz y poesía limpias, lenguaje y acento verdaderamente populares, legible y comprensible, sin perder de vista la estructuración literaria, de fondo y forma. Me impactaron la persona, el poeta y, especialmente, el bohemio. Bohemio, más allá del simple degustador de licores. Su bohemia, pero sin vino como yo la concibo ahora hasta sentirla e identificarme con ella: rebeldía feliz y denuncia punzante contra el estado de cosas inhumano, o el orden establecido generador de injusticias. Y ahí estará Oswaldo siempre, increpando al tirano, solidario con el pueblo sufrido y sufriente. Poeta de patria y exilio, de corazón y canto, de lucha y palabra contra las injusticias. Razón suficiente para llamarlo maestro. Maestría del verso humanizado. Voz descriptiva de la realidad social, el poeta escribiría entonces

(¡premonición del llanto recrudecido ahora!) su poema “PATRIA EXACTA:



Esta es mi Patria:
un montón de hombres; millones
de hombres; un panal de hombres
que no saben siquiera
de dónde viene el semen
de sus vidas
inmensamente amargas.
Esta es mi Patria:
un río de dolor que va en camisa
y un puño de ladrones
asaltando en pleno día
la sangre de los pobres...


En ese marco, el poeta se duele de la dureza del poder económico (“capitalismo salvaje” le llamaría tiempo después Juan Pablo II), mismo capital sin sentido humano que ahora, a la fuerza, explota y desangra inmisericorde los bolsillos de la población humilde y honrada; y se duele y ofende también ante el accionar de los políticos, los de entonces que, como los de hoy, desdibujando realidades invaden plazas y parques en campañas electorales, con discursos plagados de mentira, demagogia y prepotencia:

... Cada gerente de las Compañías
es un pirata a sueldo; cada
Ministro del Gobierno democrático
un demagogo
que hace discursos y que el pueblo
apenas los entiende.
Ayer oí decir a uno de los técnicos
expertos en cuestiones
económicas, que todo
marcha bien; que las divisas
en oro de la patria
iluminan las noches
de Washington; que nuestro crédito
es maravilloso; que la balanza
comercial es favorable; que el precio
del café se mantendrá
como un águila ascendiendo y que somos
un pueblo feliz que vive y canta...


Con energía poética, además, Escobar Velado arremete contra los encargados de llevar a la población el mensaje positivo de paz y esperanza (poetas, escritores, periodistas, y medios de comunicación social), de quienes demanda poner fin a la mentira y al sesgo comunicacional que, por dádivas y por unos dólares más, arrasan con la dignidad y la inteligencia de los pueblos libres. (¡Maestro Pipo: cualquier semejanza con el ser y quehacer de ahora, no es coincidencia!):

... Así marcha la mentira entre nosotros.
Así las actitudes de los irresponsables.
Y así el mundo ficticio donde cantan
como canarios tísicos,
tres o cuatro poetas,
empleados del Gobierno.

Digan, griten, poetas del alpiste,
digan la verdad que nos asedia.
Digan que somos un pueblo desnutrido.
Que la leche y la carne se la reparten
entre ustedes
después que se han hartado
los dirigentes de la cosa pública...


Y sigue el verdadero sentido humano del poeta, reclamando. Reclamando fuerte, con voz de timbre y fuego para que se oiga el dolor de su denuncia: el de los pobres, “los que nada tenemos como no sea un grito universal y alto para espantar la noche”:

... Digan que el rábano no llega
hasta la mesa de los pobres; que diariamente
mueren cientos sin asistencia médica
y que hay mujeres que dejan
la uva de su vientre a plena flor de calle.
Digan que somos lo que somos:
un pueblo doloroso, un pueblo analfabeto
desnutrido y sin embargo fuerte
porque otro pueblo ya se habría muerto.

Digan que somos, eso sí, un pueblo excepcional
que ama la libertad muy a pesar del hambre
en que agoniza....


Y como sorprendido sin sorprenderse, el poeta ironiza la realidad cívica como espejismo ardiente:

...Y a esto amigo se le llama Patria
y se le canta un himno
y hablamos de ella como cosa suave,
como dulce tierra
a la que hay que entregar el corazón hasta la muerte...


El poeta también asume el dolor de los marginados compatriotas, sus hermanos. Y se solidariza:

...Allá en el resto de la Patria, un gran dolor
nocturno: allá y yo con ellos, están los explotados.
Los que nada tenemos como no sea un grito
universal y alto para espantar la noche.
Allá las mesas de pino; las paredes
húmedas; las pestañas de los tristes candiles;
las orillas de un marco de retrato
apolillado; los porrones
donde el agua canta; la cómoda
donde se guardan las boletas
de empeño; las desesperadas
camisas; el escaso pan junto a los lunes
huérfanos de horizontes; el correr
de los amargos días; las casas
donde el desahucio llega y los muebles
se quedan en la calle
mientras los niños y las madres lloran...


Y finalmente, rebeldía e hidalguía juntas, el poeta reitera su solidaridad, denuncia el desequilibrio social y las injusticias, con su grito más alto como desafío inmenso:

... Allá en todo esto, junto a todo esto,
como brasa mi corazón
denuncia el apretado mundo,
la desolada habitación del hombre que sostiene
el humo de las fábricas. esta es la realidad.
Esta es mi Patria; 14 explotadores
y millones que mueren sin sangre en las entrañas.
Esta es la realidad.
¡Yo no la callo aunque me cueste el alma”.


Hasta aquí el poema de Escobar Velado, escrito seguramente a finales de los años 50. Sin duda, una premonición como dolorosa realidad socio política de entonces; y como real anticipo a una realidad salvadoreña que, lamentablemente, sigue varias décadas después tan igual o peor en grado sumo que la descrita por el poeta. El maestro Oswaldo, pues, no hizo más que adelantarse, tanto en su poesía como en el viaje sin retorno. Pero aquí, por los siglos de los siglos, estarán vigentes su “grito como tambor sonando” y su llamado a los intelectuales de mi país para ahora como entonces, y más que nunca, “continuar el grito que he venido cantando...” (RAO).

Renán Alcides Orellana, escritor y periodista, es colaborador de Raíces.

Tuesday, July 18, 2006
Publicado por Alfarero. @ 9:07  | Literarte
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Comentarios
Publicado por Invitado
sábado, 11 de agosto de 2007 | 20:53
EXCELENTE ALFAFERO!

DESDE CANADA SE TE SALUDA
Publicado por Invitado
martes, 21 de julio de 2009 | 19:02
Mono saludando <img style=" title="Mono saludando Giño" />