Jueves, 25 de octubre de 2007
FABRICANDO EL CONSENSO


NOAM CHOMSKY

IV Relaciones p?blicas


Los Estados Unidos crearon los cimientos de la industria de las relaciones p?blicas. Tal como dec?an sus l?deres, su compromiso consist?a en controlar la opini?n p?blica. Dado que aprendieron mucho de los ?xitos de la Comisi?n Creel y del miedo rojo, y de las secuelas dejadas por ambos, las relaciones p?blicas experimentaron, a lo largo de la d?cada de 1920, una enorme expansi?n, obteni?ndose grandes resultados a la hora de conseguir una subordinaci?n total de la gente a las directrices procedentes del mundo empresarial. La situaci?n lleg? a tal extremo que en la d?cada siguiente los comit?s del Congreso empezaron a investigar el fen?meno. De estas pesquisas proviene buena parte de la informaci?n de que hoy d?a disponemos. Las relaciones p?blicas constituyen una industria inmensa que mueve, en la actualidad, cantidades que oscilan en torno a un bill?n de d?lares al a?o, y desde siempre su cometido ha sido el de controlar la opini?n p?blica, que es el mayor peligro al que se enfrentan las corporaciones. Tal como ocurri? durante la Primera Guerra Mundial, en la d?cada de 1930 surgieron de nuevo grandes problemas: una gran depresi?n unida a una cada vez m?s numerosa clase obrera en proceso de organizaci?n. En 1935, y gracias a la Ley Wagner, los trabajadores consiguieron su primera gran victoria legislativa, a saber, el derecho a organizarse de manera independiente, logro que planteaba dos graves problemas. En primer lugar, la democracia estaba funcionando bastante mal: el reba?o desconcertado estaba consiguiendo victorias en el terreno legislativo, y no era ese el modo en que se supon?a que ten?an que ir las cosas. El otro problema eran las posibilidades cada vez mayores del pueblo para organizarse. Los individuos tienen que estar atomizados, segregados y solos; no puede ser que pretendan organizarse, porque en ese caso podr?an convertirse en algo m?s que simples espectadores pasivos.

Efectivamente, si hubiera muchos individuos de recursos limitados que se agruparan para intervenir en el ruedo pol?tico, podr?an, de hecho, pasar a asumir el papel de participantes activos, lo cual s? ser?a una verdadera amenaza. Por ello, el poder empresarial tuvo una reacci?n contundente para asegurarse de que esa hab?a sido la ?ltima victoria legislativa de las organizaciones obreras, y de que representar?a tambi?n el principio del fin de esta desviaci?n democr?tica de las organizaciones populares. Y funcion?. Fue la ?ltima victoria de los trabajadores en el terreno parlamentario, y, a partir de ese momento -aunque el n?mero de afiliados a los sindicatos se increment? durante la Segunda Guerra Mundial, acabada la cual empez? a bajar- la capacidad de actuar por la v?a sindical fue cada vez menor. Y no por casualidad, ya que estamos hablando de la comunidad empresarial, que est? gastando enormes sumas de dinero, a la vez que dedicando todo el tiempo y esfuerzo necesarios, en c?mo afrontar y resolver estos problemas a trav?s de la industria de las relaciones p?blicas y otras organizaciones, como la National Association of Manufacturers (Asociaci?n Nacional de Fabricantes), la Business Roundtable (Mesa Redonda de la Actividad Empresarial), etc?tera. Y su principio es reaccionar en todo momento de forma inmediata para encontrar el modo de contrarrestar estas desviaciones democr?ticas.

La primera prueba se produjo un a?o m?s tarde, en 1937, cuando hubo una importante huelga del sector del acero en Johnstown, al oeste de Pensilvania. Los empresarios pusieron a prueba una nueva t?cnica de destrucci?n de las organizaciones obreras, que result? ser muy eficaz. Y sin matones a sueldo que sembraran el terror entre los trabajadores, algo que ya no resultaba muy pr?ctico, sino por medio de instrumentos m?s sutiles y eficientes de propaganda. La cuesti?n estribaba en la idea de que hab?a que enfrentar a la gente contra los huelguistas, por los medios que fuera. Se present? a estos como destructivos y perjudiciales para el conjunto de la sociedad, y contrarios a los intereses comunes, que eran los nuestros, los del empresario, el trabajador o el ama de casa, es decir, todos nosotros. Queremos estar unidos y tener cosas como la armon?a y el orgullo de ser americanos, y trabajar juntos. Pero resulta que estos huelguistas malvados de ah? afuera son subversivos, arman jaleo, rompen la armon?a y atentan contra el orgullo de Am?rica, y hemos de pararles los pies. El ejecutivo de una empresa y el chico que limpia los pisos tienen los mismos intereses. Hemos de trabajar todos juntos y hacerlo por el pa?s y en armon?a, con simpat?a y cari?o los unos por los otros. Este era, en esencia, el mensaje. Y se hizo un gran esfuerzo para hacerlo p?blico; despu?s de todo, estamos hablando del poder financiero y empresarial, es decir, el que controla los medios de informaci?n y dispone de recursos a gran escala, por lo cual funcion?, y de manera muy eficaz. M?s adelante este m?todo se conoci? como la f?rmula Mohawk VaIley, aunque se le denominaba tambi?n m?todos cient?ficos para impedir huelgas. Se aplic? una y otra vez para romper huelgas, y daba muy buenos resultados cuando se trataba de movilizar a la opini?n p?blica a favor de conceptos vac?os de contenido, como el orgullo de ser americano. ?Qui?n puede estar en contra de esto? O la armon?a. ?Qui?n puede estar en contra? O, como en la guerra del golfo P?rsico, apoyad a nuestras tropas. ?Qui?n pod?a estar en contra? O los lacitos amarillos. ?Hay alguien que est? en contra? S?lo alguien completamente necio.

De hecho, ?qu? pasa si alguien le pregunta si da usted su apoyo a la gente de Iowa? Se puede contestar diciendo S?, le doy mi apoyo, o No, no la apoyo. Pero ni siquiera es una pregunta: no significa nada. Esta es la cuesti?n. La clave de los esl?ganes de las relaciones p?blicas como Apoyad a nuestras tropas es que no significan nada, o, como mucho, lo mismo que apoyar a los habitantes de Iowa. Pero, por supuesto hab?a una cuesti?n importante que se pod?a haber resuelto haciendo la pregunta: ?Apoya usted nuestra pol?tica? Pero, claro, no se trata de que la gente se plantee cosas como esta. Esto es lo ?nico que importa en la buena propaganda. Se trata de crear un eslogan que no pueda recibir ninguna oposici?n, bien al contrario, que todo el mundo est? a favor. Nadie sabe lo que significa porque no significa nada, y su importancia decisiva estriba en que distrae la atenci?n de la gente respecto de preguntas que s? significan algo: ?Apoya usted nuestra pol?tica? Pero sobre esto no se puede hablar. As? que tenemos a todo el mundo discutiendo sobre el apoyo a las tropas: Desde luego, no dejar? de apoyarles. Por tanto, ellos han ganado. Es como lo del orgullo americano y la armon?a. Estamos todos juntos, en torno a esl?ganes vac?os, tomemos parte en ellos y asegur?monos de que no habr? gente mala a nuestro alrededor que destruya nuestra paz social con sus discursos acerca de la lucha de clases, los derechos civiles y todo este tipo de cosas.

Todo es muy eficaz y hasta hoy ha funcionado perfectamente. Desde luego consiste en algo razonado y elaborado con sumo cuidado: la gente que se dedica a las relaciones p?blicas no est? ah? para divertirse; est? haciendo un trabajo, es decir, intentando inculcar los valores correctos. De hecho, tienen una idea de lo que deber?a ser la democracia: un sistema en el que la clase especializada est? entrenada para trabajar al servicio de los amos, de los due?os de la sociedad, mientras que al resto de la poblaci?n se le priva de toda forma de organizaci?n para evitar as? los problemas que pudiera causar. La mayor?a de los individuos tendr?an que sentarse frente al televisor y masticar religiosamente el mensaje, que no es otro que el que dice que lo ?nico que tiene valor en la vida es poder consumir cada vez m?s y mejor, y vivir igual que esta familia de clase media que aparece en la pantalla, y exhibir valores como la armon?a y el orgullo americano. La vida consiste en esto. Puede que usted piense que ha de haber algo m?s, pero en el momento en que se da cuenta que est? solo, viendo la televisi?n, da por sentado que esto es todo lo que existe ah? afuera, y que es una locura pensar en que haya otra cosa. Y desde el momento en que est? prohibido organizarse, lo que es totalmente decisivo, nunca se est? en condiciones de averiguar si realmente est? uno loco, o simplemente se da todo por bueno, que es lo m?s l?gico que se puede hacer.

As? pues, este es el ideal, para alcanzar el cual se han desplegado grandes esfuerzos. Y es evidente que detr?s de ?l hay una cierta concepci?n: la de democracia, tal como ya se ha dicho. El reba?o desconcertado es un problema. Hay que evitar que brame y pisotee, y para ello habr? que distraerlo. Ser? cuesti?n de conseguir que los sujetos que lo forman se queden en casa viendo partidos de f?tbol, culebrones o pel?culas violentas, aunque de vez en cuando se les saque del sopor y se les convoque a corear esl?ganes sin sentido, como Apoyad a. nuestras tropas. Hay que hacer que conserven un miedo permanente, porque a menos que est?n debidamente atemorizados por todos los posibles males que pueden destruirles, desde dentro o desde fuera, podr?an empezar a pensar por s? mismos, lo cual es muy peligroso ya que no tienen la capacidad de hacerlo. Por ello es importante distraerles y marginarles.

Esta es una idea de democracia. De hecho, si nos remontamos al pasado, la ?ltima victoria legal de los trabajadores fue realmente en 1935, con la Ley Wagner. Despu?s, tras el inicio de la Primera Guerra Mundial, los sindicatos entraron en un declive, al igual que lo hizo una rica y f?rtil cultura obrera vinculada directamente con ellos. Todo qued? destruido y nos vimos trasladados a una sociedad dominada de manera singular por los criterios empresariales. Era esta la ?nica sociedad industrial, dentro de un sistema capitalista de Estado, en la que ni siquiera se produc?a el pacto social habitual que se pod?a dar en latitudes comparables. Era la ?nica sociedad industrial -aparte de Sud?frica, supongo- que no ten?a un servicio nacional de asistencia sanitaria. No exist?a ning?n compromiso para elevar los est?ndares m?nimos de supervivencia de los segmentos de la poblaci?n que no pod?an seguir las normas y directrices imperantes ni conseguir nada por s? mismos en el plano individual. Por otra parte, los sindicatos pr?cticamente no exist?an, al igual que ocurr?a con otras formas de asociaci?n en la esfera popular. No hab?a organizaciones pol?ticas ni partidos: muy lejos se estaba, por tanto, del ideal, al menos en el plano estructural. Los medios de informaci?n constitu?an un monopolio corporativizado; todos expresaban los mismos puntos de vista. Los dos partidos eran dos facciones del partido del poder financiero y empresarial. Y as? la mayor parte de la poblaci?n ni tan solo se molestaba en ir a votar ya que ello carec?a totalmente de sentido, quedando, por ello, debidamente marginada. Al menos este era el objetivo. La verdad es que el personaje m?s destacado de la industria de las relaciones p?blicas, Edward Bernays, proced?a de la Comisi?n Creel. Form? parte de ella, aprendi? bien la lecci?n y puso manos a la obra a desarrollar lo que ?l mismo llam? la ingenier?a del consenso, que describi? como la esencia de la democracia.

Los individuos capaces de fabricar consenso son los que tienen los recursos y el poder de hacerlo -la comunidad financiera y empresarial- y para ellos trabajamos.


Continuar?...

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Tags: Noam Chomsky, Media

Publicado por Alfarero. @ 6:08  | Pensamiento Cr?tico
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