Jueves, 01 de noviembre de 2007
FABRICANDO EL CONSENSO


NOAM CHOMSKY

V Fabricaci?n de la opini?n


Tambi?n es necesario recabar el apoyo de la poblaci?n a las aventuras exteriores. Normalmente la gente es pacifista, tal como suced?a durante la Primera Guerra Mundial, ya que no ve razones que justifiquen la actividad b?lica, la muerte y la tortura. Por ello, para procurarse este apoyo hay que aplicar ciertos est?mulos; y para estimularles hay que asustarles. El mismo Bernays ten?a en su haber un importante logro a este respecto, ya que fue el encargado de dirigir la campa?a de relaciones p?blicas de la United Fruit Company en 1954, cuando los Estados Unidos intervinieron militarmente para derribar al gobierno democr?tico-capitalista de Guatemala e instalaron en su lugar un r?gimen sanguinario de escuadrones de la muerte, que se ha mantenido hasta nuestros d?as a base de repetidas infusiones de ayuda norteamericana que tienen por objeto evitar algo m?s que desviaciones democr?ticas vac?as de contenido.

En estos casos, es necesario hacer tragar por la fuerza una y otra vez programas dom?sticos hacia los que la gente se muestra contraria, ya que no tiene ning?n sentido que el p?blico est? a favor de programas que le son perjudiciales. Y esto, tambi?n, exige una propaganda amplia y general, que hemos tenido oportunidad de ver en muchas ocasiones durante los ?ltimos diez a?os.

Los programas de la era Reagan eran abrumadoramente impopulares. Los votantes de la victoria arrolladora de Reagan en 1984 esperaban, en una proporci?n de tres a dos, que no se promulgaran las medidas legales anunciadas. Si tomamos programas concretos, como el gasto en armamento, o la reducci?n de recursos en materia de gasto social, etc., pr?cticamente todos ellos recib?an una oposici?n frontal por parte de la gente. Pero en la medida en que se marginaba y apartaba a los individuos de la cosa p?blica y ?stos no encontraban el modo de organizar y articular sus sentimientos, o incluso de saber que hab?a otros que compart?an dichos sentimientos, los que dec?an que prefer?an el gasto social al gasto militar -y lo expresaban en los sondeos, tal como suced?a de manera generalizada- daban por supuesto que eran los ?nicos con tales ideas disparatadas en la cabeza. Nunca hab?an o?do estas cosas de nadie m?s, ya que hab?a que suponer que nadie pensaba as?; y si lo hab?a, y era sincero en las encuestas, era l?gico pensar que se trataba de un bicho raro. Desde el momento en que un individuo no encuentra la manera de unirse a otros que comparten o refuerzan este parecer y que le pueden transmitir la ayuda necesaria para articularlo, acaso llegue a sentir que es alguien exc?ntrico, una rareza en un mar de normalidad. De modo que acaba permaneciendo al margen, sin prestar atenci?n a lo que ocurre, mirando hacia, otro lado, como por ejemplo la final de una Copa deportiva.

As? pues, hasta cierto punto se alcanz? el ideal, aunque nunca de forma completa, ya que hay instituciones que hasta ahora ha sido imposible destruir: por ejemplo, las iglesias. Buena parte de la actividad disidente de los Estados Unidos se produc?a en las iglesias por la sencilla raz?n de que estas exist?an. Por ello, cuando hab?a que dar una conferencia de car?cter pol?tico en un pa?s europeo era muy probable que se celebrara en los locales de alg?n sindicato, cosa harto dif?cil en Am?rica ya que, en primer lugar, estos apenas exist?an o, en el mejor de los casos, no eran organizaciones pol?ticas. Pero las iglesias s? exist?an, de manera que las charlas y conferencias se hac?an con frecuencia en ellas: la solidaridad con Centroam?rica se origin? en su mayor parte en las iglesias, sobre todo porque exist?an.

El reba?o desconcertado nunca acaba de estar debidamente domesticado: es una batalla permanente. En la d?cada de 1930 surgi? otra vez, pero se pudo sofocar el movimiento. En los a?os sesenta apareci? una nueva ola de disidencia, a la cual la clase especializada le puso el nombre de crisis de la democracia. Se consideraba que la democracia estaba entrando en una crisis porque amplios segmentos de la poblaci?n se estaban organizando de manera activa y estaban intentando participar en la arena pol?tica. El conjunto de ?lites coincid?a en que hab?a que aplastar el renacimiento democr?tico de los sesenta y poner en marcha un sistema social en el que los recursos se canalizaran hacia las clases acaudaladas privilegiadas. Y aqu? hemos de volver a las dos concepciones de democracia que hemos mencionado en p?rrafos anteriores. Seg?n la definici?n del diccionario, lo anterior constituye un avance en democracia; seg?n el criterio predominante, es un problema, una crisis que ha de ser vencida. Hab?a que obligar a la poblaci?n a que retrocediera y volviera a la apat?a, la obediencia y la pasividad, que conforman su estado natural, para lo cual se hicieron grandes esfuerzos, si bien no funcion?. Afortunadamente, la crisis de la democracia todav?a est? vivita y coleando, aunque no ha resultado muy eficaz a la hora de conseguir un cambio pol?tico. Pero, contrariamente a lo que mucha gente cree, s? ha dado resultados en lo que se refiere al cambio de la opini?n p?blica.

Despu?s de la d?cada de 1960 se hizo todo lo posible para que la enfermedad diera marcha atr?s. La verdad es que uno de los aspectos centrales de dicho mal ten?a un nombre t?cnico: el s?ndrome de Vietnam, t?rmino que surgi? en torno a 1970 y que de vez en cuando encuentra nuevas definiciones. El intelectual reaganista Norman Podhoretz habl? de ?lcomo las inhibiciones enfermizas respecto al uso de la fuerza militar. Pero resulta que era la mayor?a de la gente la que experimentaba dichas inhibiciones contra la violencia, ya que simplemente no entend?a por qu? hab?a que ir por el mundo torturando, matando o lanzando bombardeos intensivos. Como ya supo Goebbels en su d?a, es muy peligroso que la poblaci?n se rinda ante estas inhibiciones enfermizas, ya que en ese caso habr?a un l?mite a las veleidades aventureras de un pa?s fuera de sus fronteras. Tal como dec?a con orgullo el Washington Post durante la histeria colectiva que se produjo durante la guerra del golfo P?rsico, es necesario infundir en la gente respeto por los valores marciales. Y eso s? es importante. Si se quiere tener una sociedad violenta que avale la utilizaci?n de la fuerza en todo el mundo para alcanzar los fines de su propia ?lite dom?stica, es necesario valorar debidamente las virtudes guerreras y no esas inhibiciones achacosas acerca del uso de la violencia. Esto es el s?ndrome de Vietnam: hay que vencerlo.

Continuar?...

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Tags: Noam Chomsky, Media

Publicado por Alfarero. @ 7:33  | Pensamiento Cr?tico
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