Jueves, 27 de marzo de 2008
Rubén DaríoPor Luis Gallegos Valdéz
Panorama de la Literatura Salvadoreña.


El modernismo, fenómeno cultural de extraordinarias consecuencias, tuvo lugar en las dos ultimas décadas del siglo XIX y principios de esta centuria. No se dio, de inmediato, con el termino precise para denominarlo. Poco a poco, al ir perfilándose lo que primero fue ansia de renovación poética y literaria, luego escuela, posteriormente movimiento, se llego al acuerdo de llamarlo modernismo, palabra bastante vaga por cierto, pero de alguna había que valerse para denominar a aquella crisis mundial en las letras y en el espíritu como ha definido al modernismo Federico de Onis. Así, pues, la voz modernismo empieza a usarse a partir de 1900 o en las cercanías de esa fecha, coincidiendo con algo que nada tenia que ver con Rubén Darío y sus seguidores en América hispana y en España: el modernismo dentro de la Iglesia Católica como un proceso de liberalización frente al Sillabus de León XIII en el que se condenaban las herejías modernas. No, el modernismo poético y literario, como ahora lo entendemos, después de habérsele estudiado a fondo, fue la actitud renovadora traída a la lengua española por algunos poetas y literatos hispanoamericanos entre las décadas del 80 y del 90 del siglo pasado. Cabe a Centroamérica la gloria de ser cuna del jefe indiscutible del modernismo, Rubén Darío (1867-1916), nacido en la población de Chocoyos, después Metapa y hoy Ciudad Darío.

¿Surge, pues. el modernismo en Centroamérica? Se ha demostrado que, el ano 1882, el salvadoreño Francisco Gavidia y el nicaragüense Rubén Darío, introducen la movilidad de cesura en el verso alejandrino español de catorce sílabas dividido en dos hemistiquios con acentuación invariable en la sexta sílaba. A la vez, en otras partes de Hispanoamérica, otros jóvenes poetas y prosistas iban
reaccionando contra el romanticismo en su postrera etapa. Común denominador de esta revolución literaria es la búsqueda orientadora en la literatura francesa, sobre todo en la obra lírica de Víctor Hugo. Se sigue un diapasón diferente del impuesto por los poetas clásicos y románticos españoles.

¿De donde procedía ese afán renovador en aquellos jóvenes, verdaderos representativos de una revolución lírica en castellano, la cual llegaba hasta la misma España, años adelante? Ante todo, el romanticismo y su bandera de combate frente al ya gastado neoclasicismo: la libertad en el arte y, principalmente, del deseo de ampliar su horizonte artístico e intelectual, asimilando las nuevas tendencias producidas en los medios culturales de Europa. A ello sumense el egocentrismo, la tristeza o "mal del siglo" equivalente al tedium vitae de los antiguos romanos, el sentimentalismo de Rousseau, el libre pensamiento de la filosofía materialista francesa del siglo XVIII, que, mezclada con la filosofía romántica alemana, produce, en los hombres, artistas, literatos y pensadores de principios del siglo XIX, contemporáneo de la Revolución francesa y también del primer Imperio, una mentalidad radicalmente opuesta a la heredada del Renacimiento, siendo, sin embargo, consecuencia de la filosofía moderna iniciada por este.

Es indispensable, por lo tanto, tener en cuenta estos antecedentes para explicarse la aparición del modernismo, tiempo adelante, en las jóvenes repúblicas hispanoamericanas. De los poetas románticos Víctor Hugo es el mas influyente en estos países. Víctor Hugo, según sus propias palabras, Ie pone el gorro frigio al diccionario, convirtiéndose en el vate y en el oráculo de la ideología republicana, primero, y vagamente socialista después. En nuestras nacientes naciones su voz tiene resonancias insospechadas tanto por su mensaje político como por la novedad y brillantez de su lenguaje. Alguien compara las ideas de Víctor Hugo con grandes balones lanzados al aire de la época; pero, no estando descubierto el avión, los globos Montgolfier seguían elevándose en el espacio, y la poesía de Víctor Hugo se levanta por encima de los países y de sus fronteras, para unir a los hombres en un común ideal de cosmopolitismo político.

Rubén Darío y su camarada y mentor Francisco Gavidia aprenden en Víctor Hugo no solo la indispensable lección de poesía, sino a interesarse en dar al alejandrino español, tieso y pomposo, la movilidad de cesura, o corte respiratorio, en cada verso o en las unidades métricas necesarias, a fin de obtener mayor variedad de ritmos, dar mas flexibilidad al verso, mas eufonía al idioma, encorsetado en el ya machacón alejandrino. Al arte de escandir los versos dara mucha importancia Gavidia, porque de ello depende la musicalidad. Por la lectura de los alejandrinos franceses, que constan de doce silabas, al modo como se los había leído leer a algunos franceses, llego a convencerse, y a convencer inmediatamente a Rubén, de la necesidad de revolucionar el ritmo en el alejandrino español, el cual era, para el fino oido de aquellos dos poetas adolescentes, algo insoportable por el martilleo a que lo sometía la acentuación tónica invariable en la 6a. sílaba. Y sin embargo, el alejandrino trances, según la autorizada opinión de Karl Vossler, suele ser monótono; pero, trasladado a la lengua española, el corte o cesura podía constituir una verdadera osadía, un cambio revolucionario en la métrica, al posibilitar el encabalgamiento de unos versos en otros. Esto fue lo que aca, en San Salvador, llevaron a cabo, en 1882, Gavidia y Darío. El 15 de septiembre de aquel año, Roman Mayorga Rivas y Rubén Darío recitaron su dialogo en elogio de las bellezas que acuden a bailar a los salones, en la velada lírico-literaria de la academia "La Juventud".

Nunca pudo averiguar Gavidia como llego a su cuartito de estudiante el volumen de Les Chatiments (libro VI, composición XV) de Víctor Hugo, obra en la que se halla el poema "Stella" que el tradujo para su propio goce estético y como ejercicio retorico y de experimentación m6trica. Leyó Gavidia esa traducción a Rubén para darle a conocer su hallazgo, que durante dos años según me lo manifestó el propio don Francisco en una entrevista que le hice en 1950 oculto celosamente. Leyo Gavidia su traducción a Darío y este Ie llevo días después unas cuartillas con una composición suya en la que había aplicado la libre cesura al verso español. Sencillo, ¿verdad? Así son casí siempre los descubrimientos geniales, consistentes, a veces, en la modificación de un detalle. La palanca de Arquímedes no ha dejado de ser necesaria.

Muy distinto era declamar como en Zorrilla estos alejandrinos:

¿Qué quieren esas nubes / que con furor se agolpan?...
que decir como Gavidia, dentro de la movilidad de cesura;

Oye: desde los bosques
trae / al soplar la brisa, rui / dos, besos, pasión,
y lleva/ enjambres de arpas, banda/ das de preludios,

himnos para el amor...

Ahora bien, mucho se ha escrito acerca de que fue Darío el gran renovador de la poesía y de la literatura hispanoamericana y española y por cierto nadie puede negar verdad tan evidente. Pero bueno es señalar que el cántico literario salvadoreño Cristóbal Humberto Ibarra ha puesto en claro el aporte, insospechado entonces, o sea en 1882, de Gavidia a la métrica española. Fija, en efecto, Ibarra los años de 82 y 83 cuando Gavidia ya usa versos temarios, en los que rompe dice "con la cesura central, a partir del modelo huguesco captado por é1 en 1882

Desperté. / Vi la estrella de la mañana. Ardía..."

Pero es precise dar un vistazo a los antecedentes del modernismo. Se ha considerado hasta hoy como precursor a Jos6 Marti. Marti vive un tiempo en Guatemala, dando lugar a su bello idilio con la Niña de Guatemala. Visita Honduras en 1877. Divulga en esos países las novedades en letras, arte, ciencia. Marti es el primero en dar a conocer a Walt Whitman en América hispana. Marti sera mas tarde gran amigo de Darío. Se discute ahora la anticipación ya de Marti, ya de Gutiérrez Najera, en el uso de vocablos claves del futuro modernismo como azul, movilizado por el dios Hugo. Pero mientras no se esclarezca este punto, hay que seguir considerando a Marti como el iniciador. Por eso escribe Darío en Los raros: "Antes que nadie, Marti hizo admirar el secreto de las fuentes luminosas".



Chichicaste. El Salvador




Tags: Literatura, Modernismo, Francisco Gavidia, Rubén Darío

Publicado por Alfarero. @ 18:03  | Literarte
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Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 14 de septiembre de 2016 | 7:13

Siglo, no centuria maldito analfabeta!