Lunes, 21 de julio de 2008
Cantaros de AguaPor Pocote.
El miedo, sostienen los expertos, es una fuerza independiente de la economía. Una decisión puede basarse no en sustancia, sino en ansiedad, y tener un efecto substancial. Por ejemplo, después de la Segunda Guerra Mundial, de acuerdo con documentos históricos, los precios doblaron en unos pocos meses. Cuando vino el recrudecimiento de la Guerra Fría y la lucha por el petróleo en el Medio Oriente, el miedo a la inflación paralizó a los políticos, quienes no se atrevieron a hacer nada para combatir la recesión, por temor a provocar una nueva inflación. Esto ocurre actualmente en Estados Unidos y afecta a países dolarizados como el nuestro.

El Salvador, de hecho, está en serios problemas, mucho por el total abandono de la agricultura de los gobiernos areneros, desde luego, por la poca preocupación por el desarrollo humano y social, y un poco por los acontecimientos mundiales. Aquí, por ejemplo, hay una grave contaminación del agua (el gobierno no ha dicho nada por temor a una pandemia y a una ira colectiva de la población y lo que están haciendo es revisar apresuradamente los tanques y reservorios para racionar severamente el servicio. En muchas colonias de San Salvador el agua únicamente se brinda por tres o dos horas) y una espiral en el aumento de los precios de los productos de primera necesidad. La libra de frijol se vende a $ 1.25, y con suerte se encuentra a $ 1.10

En este momento hay cinco tipos de ansiedad, todos ellos relacionados con la economía:

1. El miedo a la inflación continua, endémica, pandémica.

2. El miedo a que la inflación conduzca a una depresión general.

3. El miedo a que nuestros campesinos ya no produzcan tan siquiera ese 30% de cereales para abastecer el mercado nacional, esto aunado al temor de que el mundo está agotando los requisitos de la vida económica: alimentos, energía,etc.

4. El miedo a que la inflación, la depresión y la escaséz provoquen la destrucción del orden económico, especialmente del comercio internacional, así como del orden monetario.

5. Y, finalmente, el miedo de que, como en años difíciles, el resultado de estos miedos sea el extremismo político y que el partido en el gobierno intente robarle el triunfo en las elecciones al FMLN, lo que provocaría un conflicto complicado y un levantamiento generalizado de la población.

El miedo a la escasez de alimentos y al alto costo de la vida, así como a la inflación es general. La gente va con $ 10.00 al mercado y únicamente puede adquirir dos libras de frijol, dos de arroz, cinco plátanos, dos libras de maíz y...se acabó. Se buscan unos cuantos centavos en el fondo del bolsillo para adquirir aceite de mala calidad. El gobierno y sus incapaces funcionarios ha venido afirmando algo repetitivo y siempre desmentido, sobre que la inflación y los elevados precios iban a disminuir en corto tiempo. Los salvadoreños fuimos engañados una vez más. La economía familiar y nacional se ha convertido, por obra y gracia de los ilusionistas y magos del gobierno, en una rama del exorcismo.

Los “analistas” de derecha y economistas a sueldo del régimen, ante este evidente fracaso, tienden a minimizar la inflación, los altos precios y el agotamiento de nuestras escasas reservas alimenticias, afirmando que “lo que unos pierden, otros lo ganan”. Esto no es aceptable, porque quienes pierden son los que se hallan más indefensos económicamente, que son la mayoría de salvadoreños. Por lo demás, los economistas de escritorio no pueden reemplazar lo que el público considera intolerable por su propio juicio y porque diariamente lo viven en su hogar.

El miedo al desastre es, por lo tanto, acertado.

Tan importante, acaso más, que el miedo a la inflación es el miedo a la recesión que fulmine los pocos ahorros de los salvadoreños que los pueden tener. El temor también por el aumento del desempleo, algo que por cierto lo ha señalado como un problema gravísimo el PNUD de las Naciones Unidas (recomienda al régimen de Saca crear empleos remunerados y proporcionar seguridad jurídica y social).

Este miedo es menos justificado que el temor a la inflación. Se basa en la memoria social. Existen remedios disponibles contra la depresión, mientras que no los hay contra la inflación. Se puede estimular la economía mediante un descenso de los impuestos, un aumento del gasto público (no hablamos de una política monetaria menos restrictiva, porque no existe, la dolarización aniquiló la sana administración monetaria).

El gobierno no reacciona, lo mismo ante las alteraciones económicas, como por el envenenamiento del agua potable. Hoy más que nunca los salvadoreños de bien deben abrir los ojos y provocar un cambio de rumbo en la conducción del poder político. Las bandas enloquecidas y escuadroneras ya tuvieron 20 años para construir un país justo, ahora ya no valen las promesas ni los castillos en el aire. Los salvadoreños están en el camino de buscar un mejor destino.

Pocote
http://el-salvador.blogspot.com/

Fuente original:

El agua está envenenada!

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Chichicaste. El Salvador




Tags: El Salvador, Agua Envenada

Publicado por Tepez @ 4:48  | Realidades
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