Jueves, 21 de octubre de 2010

Espectador EmancipadoEl que ense?a no debe partir de la desigualdad de las inteligencias sino del de las voluntades. Considerar que la diferencia entre el que aprende y el que ense?a est? en esta desigualdad de inteligencias implica mantener una jerarqu?a en la que el maestro siempre va por delante, ya que es el ?nico que se supone que sabe la ignorancia del otro y desde este saber marca siempre una distancia con respecto a ?l. No se trata de eliminar la distancia entre humanos, imprescindible para nosotros como animales simb?licos, sino de eliminar las fronteras que separan para clasificar y jerarquizar

Rese?a de El espectador emancipado de Jacques Ranciere
Arte y pol?tica para un proyecto emancipador radical

Por Luis Roca Jusmet

El espectador emancipado Jacques Ranci?re ( traducci?n de Ariel Dilon y revisi?n de Javier Bassas Vila) Ellago Ediciones, 2010, 132 p?ginas

Jacques Ranci?re (1940) es un fil?sofo franc?s contempor?neo mucho menos reconocido en nuestro pa?s de lo que merece su potencial te?rico. Pero afortunadamente han aparecido ?ltimamente en nuestro pa?s varias traducciones en castellano, tanto en editoriales latinoamericanas como espa?olas. Los temas de Ranci?re son variados pero coherentes porque forman parte de un proyecto pol?tico radicalmente emancipador. A ?ste lo define como la creaci?n de un nuevo espacio com?n en el que pueden desarrollarse las capacidades de cualquiera. Parte de la igualdad de las inteligencias, que es la realidad humana que todos los planteamientos elitistas, conservadores o progresistas, quieren negar. Porque todos estos planteamientos son, c?mo viene denunciando desde hace tiempo, diferentes formas de odio a la democracia.

Desde la publicaci?n de ?El Maestro ignorante? Ranci?re reivindica que el que ense?a no debe partir de la desigualdad de las inteligencias sino del de las voluntades. Considerar que la diferencia entre el que aprende y el que ense?a est? en esta desigualdad de inteligencias implica mantener una jerarqu?a en la que el maestro siempre va por delante, ya que es el ?nico que se supone que sabe la ignorancia del otro y desde este saber marca siempre una distancia con respecto a ?l. El maestro es, en una concepci?n emancipatoria, el que es capaz de mover al otro a aprender por s? mismo. Cualquier ser parlante, es decir pensante, es capaz de aprender, ya que siempre lo hace a partir de la propia experiencia, que es la ?nica que vale y en la que integramos lo que tiene para nosotros un valor real. No se trata de eliminar la distancia entre humanos, imprescindible para nosotros como animales simb?licos, sino de eliminar las fronteras que separan para clasificar y jerarquizar

Ranci?re recurre a su propia experiencia generacional para analizar el gran error que cometieron al querer emanciparse manteniendo la frontera entre el intelectual y el obrero. Era la relaci?n entre un supuesto poseedor del saber te?rico( el estudiante-intelectual) y un supuesto del saber emp?rico ( el obrero). Muchos j?venes estudiantes franceses del mayo del 68 vivieron este fracaso, el de intentar aprender con los obreros lo que era la explotaci?n mientras pretend?an ense?arles lo que ser?a la revoluci?n. La cuesti?n, dice Ranci?re, era m?s sencilla: eliminar la frontera entre estudiantes y obreros y plantear que es cada cual el que habla desde su experiencia, sin clasificaciones previas. ?Y porqu? no eliminar tambi?n la frontera entre actor y espectador, entre narrador y traductor. Porque todos somos traductores, ya que lo que hacemos es transformar lo que nos viene dado en experiencia propia.

?ste y otros temas son los que son el caldo de cultivo para las originales reflexiones de Jacques Ranci?re. Mantienen un hilo conductor absolutamente consistente aunque sean resultado de una serie de conferencias dadas entre el 2004-2006 en diferentes lugares del mundo, desde Mosc? hasta Sao Paolo. Su tema general: arte y pol?tica y m?s espec?ficamente la emancipaci?n del espectador. Pero para hacerlo Ranci?re debe comenzar cuestionando las diferentes maneras sistematizadas para hacerlo, desde el teatro de la distancia de Brecht, hasta su contrario, el de la identificaci?n de Artaud. ?porqu? no dejamos en paz al espectador? sugiere Ranci?re, ? porqu? considerar que su posici?n inm?vil? Porque considerar que el espectador del teatro debe hacer algo interactivo y no considerarlo igual que al espectador de la televisi?n? ?y no ser? tambi?n un prejuicio considerar a ?ste pasivo y acr?tico ?

Es un aut?ntico placer seguir al fil?sofo franc?s en el cuestionamiento del t?pico de los que supuestamente tienen una superioridad intelectual cuando desprecian las im?genes en nombre de las palabras. ?No ser? justamente el problema atribuir la palabra y la lectura al ciudadano cr?tico y las im?genes a la masa consumista ?. El sistema, contin?a Ranci?re, no nos proporciona im?genes para anular la capacidad cr?tica que encierran las palabras, como nos advert?a hace unos a?os de manera apocal?ptica Giovanni Sartori. Lo que hacen los mass media es reducir, seleccionar y manipular im?genes en el marco de un discurso que les da sentido. Aunque las im?genes no son armas para el combate, como ingenuamente pens?bamos al considerar que algunas im?genes impulsar?an a la acci?n combativa, s? pueden ser maneras de trastocar lo visible.

Ser?a un error considerar a Ranci?re un postmodernista porque justamente forma parte del grupo de fil?sofos que como Badiou o Zizek quiere recomponer el espacio cr?tico para un proyecto pol?tico emancipatorio. Porque el problema de la tradici?n cr?tica es que ha sido fagocitada por su propia din?mica.. El mismo arte cr?tico, por ejemplo, se ha utilizado para desmantelarse a s? mismo como proyecto transformador. Se trata de los artistas que presentan a los mismos revolucionarios como formando parte del espect?culo de la sociedad que critican. Surge as? la izquierda melanc?lica que denuncia tanto al sistema como a la ilusi?n de transformarlo. Esto lleva a un callej?n sin salida porque el trabajo cr?tico queda as? anulado, integrado.

Ranci?re analiza el cine, la fotograf?a, el teatro y el video a trav?s de ejemplos concretos que nos permiten visualizar su discurso, muy denso conceptualmente y con una ret?rica a veces dif?cil. Reivindica una vez m?s el desacuerdo porque el consenso no s?lo introduce una manera falsa de solucionar antagonismos irresolubles a partir de la negociaci?n y el arbitraje sino porque homogeneiza discursos que son radicalmente heterog?neos. Ahora bien, hay dos cosas que no debemos olvidar. La primera es que no podemos intentar llevar al arte al mundo real, porque ?ste sencillamente no existe. Nos movemos, en el arte y fuera de ?l, en construcciones en el espacio, con unos cuerpos que ven, sienten y act?an de una determinada manera. Hay que plantear otro marco de lo visible, lo enunciable y lo factible. Pero sabiendo que los efectos son imprevisibles, no son manipulables. Lo que s? hay que hacer es desplazar el equilibrio de los posibles y la distribuci?n de las capacidades. Es la acci?n y no sus efectos futuros lo que debe ser transformador. Ranci?re se refiere a la propia experiencia del movimiento obrero para se?alar c?mo esto fue posible en algunos momentos.

Al margen de todas estas reflexiones, que son un material imprescindible para entender hoy el arte y la experiencia est?tica desde una perspectiva de izquierda alternativa, el autor entra tambi?n en unos an?lisis que nos lleva a otro tema fundamental, que es el del imaginario. Lo hace a partir del tratamiento de lo que es una imagen intolerable y una imagen pensable. Lo que sorprende de Ranci?re es que hoy, que parece que ya todo est? dicho, sea capaz de pensar de una manera tan creativa y rigurosa al mismo tiempo. Muy interesante es la ruptura entre la dicotom?a entre el lenguaje y la palabra, que da mejor salida a la relaci?n entre lo imaginario y el lenguaje que la que le dan un Lacan (que las separa radicalmente) o un Castoriadis (que integra la segunda en la primera). De entrada Ranci?re es mucho m?s humilde, nos da herramientas sin pretender dar la soluci?n te?rica global como hacen los anteriores. Las im?genes comportan siempre figuras ret?ricas y po?ticas, es decir ling??sticas. Y el lenguaje comporta im?genes y la misma fon?tica lo es.
Me parece que nos encontramos delante de una de los libros m?s importantes de uno de los grandes fil?sofos vivos. Nos proporciona herramientas muy ?tiles para entender la relaci?n entre arte, est?tica y pol?tica sino pasar por los textos de Ranci?re. A cualquiera que le interese el tema le invito, sin reservas, a esta dif?cil pero gozosa lectura.

Tomado de Rebeli?n

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Chichicaste. El Salvador?







Tags: Literarte, Arte y Politica, Proyecto emancipador, Observador Emancipado

Publicado por el_chichicaste @ 3:06  | Literarte
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Comentarios
Publicado por Olivera
Jueves, 21 de octubre de 2010 | 14:44
intersante propuesta para un nuevo modelo educativo? exploración de las genialidades para conocer los potenciales? son mis preguntas porque cada individuo tiene habilidades distintas.