S?bado, 13 de noviembre de 2010

InjusticiasUn ni?o canadiense de 15 a?os fue capturado despu?s de un tiroteo con fuerzas de EE.UU. en las afueras de Kabul en julio de 2002, torturado e interrogado durante varios meses en la Base A?rea Bagram en Afganist?n y luego transportado a Guant?namo. Acababa de llegar a un acuerdo de aceptaci?n de culpabilidad que evitar? un juicio ante una comisi?n militar en Guant?namo por cinco ?cr?menes de guerra?. Cuatro de ellos, especialmente inventados para la ocasi?n, no son reconocidos como cr?menes de guerra por ning?n otro tribunal del planeta. Es Guant?namo: ?excepci?n o regla?
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Por Chase Madar

Cuando estuve en Guant?namo hace algunos meses, una veterana periodista alemana dej? escapar que no le gustaba mucho el lugar. ?Esto?, nos confes? a muchos de los periodistas presentes, ?es el peor sitio que he visitado en toda mi carrera?.

No cuesta comprender por qu? mi amiga amante de los superlativos se sent?a as?: est?bamos cubriendo el caso de Omar Khadr, un canadiense de 15 a?os capturado despu?s de un tiroteo con fuerzas de EE.UU. en las afueras de Kabul en julio de 2002, torturado e interrogado durante varios meses en la Base A?rea Bagram en Afganist?n y luego transportado a Guant?namo. Acababa de llegar a un acuerdo de aceptaci?n de culpabilidad que evitar? un juicio ante una comisi?n militar en Guant?namo por cinco ?cr?menes de guerra?. Cuatro de ellos, especialmente inventados para la ocasi?n, no son reconocidos como cr?menes de guerra por ning?n otro tribunal del planeta. (Khadr se declar? culpable de todas las acusaciones y obtendr? por lo menos un a?o m?s en Guant?namo -incomunicado? y luego tal vez lo tranfieran a Canad? para los siete a?os restantes.)

Aparte de Khadr y alrededor de otros 130 prisioneros que pueden esperar un juicio alg?n d?a, Guant?namo tambi?n retiene a otros 47 prisioneros de la Guerra contra el Terror quienes probablemente permanecer?n ?detenidos? indefinidamente sin que los juzguen. Fue una de las pol?ticas radicales de George W. Bush y Dick Cheney que ahora son alegremente defendidas por los peces gordos de los derechos humanos en el Departamento de Estado de Barack Obama.

Guant?namo y todos los dem?s sitios sin derechos de habeas corpus son ciertamente sitios deprimentes ?y ciertamente hay algo detestable en cuanto a la primera convicci?n de un ni?o soldado desde la Segunda Guerra Mundial. En todo caso, no pude dejar de preguntarme si mi vehemente Kollegin hab?a visitado alguna vez una prisi?n federal interna como la de Terre Haute, Indiana (cuya ala de m?xima seguridad fue copiada hasta en el ?ltimo detalle del Campo 5 de Guant?namo), o incluso nuestro atiborrado encierro estatal corriente y moliente, el tipo que uno pasa en la autopista sin siquiera darse cuenta, o una de las dilapidadas instalaciones de detenci?n juvenil en el Estado de Nueva York que, como sabemos los abogados que hemos representado a j?venes delincuentes, son infernales.

Semejantes prisiones carecer?n del entorno ex?tico del Campo Delta de Guant?namo, pero no hay que olvidarlas. A riesgo de sonar exagerado, sucede que much?simas prisiones olvidadas en el interior de EE.UU. tambi?n abusan rutinariamente de los reclusos, al estilo de Guant?namo, son incapaces o reacias a impedir la violaci?n de reclusos, emplean la incomunicaci?n sostenida a largo plazo, y compiten por superar o superan al waterboarding [asfixia simulada con agua], y en la pr?ctica est?n a menudo fuera de la ley. El que se obtengan confesiones, verdaderas o falsas, mediante la violencia y amenazas, tampoco es una exclusividad de Guant?namo. No cuesta encontrarlas en nuestros 48 Estados contiguos. Y en cuanto al resto de nuestro sistema carcelario, ?d?nde est?n los periodistas alemanes indignados? ?Por qu? no hay ?lores? ingleses que califiquen el supermax federal en Florence, Colorado, de ?agujero negro jur?dico? como calific? lord Johan Steyn a Guant?namo?

Desgraciadamente Guant?namo no es tan excepcional, sino que se encuentra mucho m?s cerca de la regla en nuestro sistema de justicia penal, y el caso de Omar Khadr, en lugar de ser una anomal?a de la Guerra contra el Terror, es de demasiadas maneras algo t?picamente estadounidense. No cabe duda de que encarcelar a un ni?o soldado capturado en un pa?s extranjero, cuyo interrogatorio implic? que fuera colgado semidesnudo en una celda de 1,5 por 1,5 metros con las mu?ecas encadenadas a barras al nivel de sus ojos y con un capuch?n estrechamente apretado sobre su cara, y procesarlo por ?asesinato? porque supuestamente lanz? una granada en un campo de batalla en el extranjero, presenta algunos problemas legales que no surgen normalmente en Spokane o Chillicothe.

Pero ?es Guant?namo, ?una traici?n a los valores estadounidenses?? ?Ojal? fuera as?! Por desgracia, se puede encontrar una f?cil analog?a para casi cada horrendo art?culo en un tabloide en el caso Khadr en nuestro sistema de justicia penal de todos los d?as. En cierto sentido, gran parte de nuestra Guerra contra el Terror ha resultado ser una versi?n ligeramente m?s condimentada de nuestro modo ?normal? de hacer justicia penal. Utilizando el caso de Omar Khadr, ve?moslo paso a paso.

Ni?os soldados y delincuentes juveniles

El caso de Khadr deber?a haber sido un poco nauseabundo para nosotros, estadounidenses. ?No ha habido una oleada de preocupaci?n por los ni?os soldados en los clubes del libro y en grupos parroquiales en todo el pa?s? El resultado, sin embargo, es que esa compasi?n a larga distancia se evapora cuando se aproxima. Desde el segundo en que un ni?o soldado apunta con un fusil a un estadounidense, no a otro africano, todos dicen adi?s al ni?o victimizado, y hola al brutal terrorista.

La hipocres?a en todo esto es menos evidente de lo que pueda parecer. Despu?s de todo, la clemencia para delincuentes juveniles, sean ni?os soldados o s?lo chicos del lugar, va a contrapelo estos d?as. Si procesamos rutinariamente a ni?os, incluso de menos de 15 a?os, como si fueran adultos ?y lo hacemos? ?por qu? deber?a ser diferente en el caso de un ni?o soldado extranjero?

De hecho, EE.UU. incluso tiene unas pocas docenas de reclusos con cadena perpetua sin libertad condicional por actos cometidos cuando ten?an 13 o 14 a?os, y la mayor?a de esas sentencias fueron preceptivas m?s que la prerrogativa de un juez especialmente vil. (Un peque?o progreso: en mayo pasado, en Graham contra Florida, la Corte Suprema decidi? que los j?venes pueden ser condenados a cadena perpetua sin libertad condicional s?lo si es por homicidio.) En general, EE.UU. ha mostrado en los ?ltimos a?os muy poca clemencia hacia sus ni?os, o los de los dem?s.

Interrogatorio coercitivo de menores

En mayo pasado, el cuerpo de prensa de Guant?namo se qued? sin aliento cuando el ?Interrogador N?mero Uno? de Khadr, Joshua Claus, describi? las amenazas veladas de violaci?n que utiliz? en la Prisi?n Bagram para tratar de quebrantar el esp?ritu del joven prisionero. Si Khadr no cooperaba, le dijo Claus, sufrir?a la misma suerte de otro joven (e imaginario) detenido afgano que fue supuestamente enviado a una penitenciar?a en EE.UU. y violado hasta la muerte en una sala de ducha por ?neonazis y cuatro grandes sujetos negros?. Claus, un abusador de detenidos juzgado por una corte marcial, hab?a sido el jefe del interrogatorio final de un taxista afgano encarcelado por error a quien golpearon hasta la muerte los guardias estadounidenses en Bagram en el a?o 2002. Antes de recibir una sentencia bastante ligera en el caso, Claus prometi? toda su cooperaci?n en el procesamiento de Khadr, y cumpli? con su parte del trato con visible entusiasmo.

Lo que pasa es que las amenazas veladas de violaci?n y violencia contra un menor de Claus no habr?an sido tan poco comunes en salas de interrogatorio en el interior del pa?s. ?Por las historias que conozco, las amenazas semejantes son de un tipo bastante usual en la t?ctica de interrogatorio de la polic?a?, dice Locke Bowman, director legal del Centro de Justicia MacArthur en la Universidad Northwestern.

En el caso de los j?venes, el problema no es que sea tan dif?cil conseguir una confesi?n falsa, incluso sin utilizar la amenaza de verdadera violencia f?sica, como lo muestra el caso de Marty Tankleff en Long Island, para no hablar de los ni?os de siete y ocho a?os en el vecindario Englewood de Chicago quienes, en el verano de 1998, ?confesaron? haber asesinado a una ni?a por su bicicleta. Incluso despu?s de que el ADN del semen encontrado en el cad?ver coincidi? con el de un delincuente sexual serial adulto, el Superintendente de la Polic?a de Chicago primero se neg? a exonerarlos. El Fiscal del Estado tambi?n podr?a haberlos procesado, si todo el Lado Sur de Chicago no hubiera amenazado con estallar.

Tortura

Bueno, ?y en el caso de la tortura? Nos lamentamos con mucho sentimiento porque EE.UU. se ?ha convertido? en un Estado que utiliza la tortura. Por desgracia esto tampoco es algo tan nuevo, ni se ha limitado a insurgentes extranjeros (sean comanches, filipinos, o vietnamitas) o presuntos terroristas. Veamos, por ejemplo, el caso del antiguo detective de alto rango de la polic?a de Chicago, Jon Burge, quien, durante una carrera de 20 a?os, realz? sus interrogatorios con ejecuciones simuladas, asfixia, electrochoques, cachazos de pistola, y s?, una forma de waterboarding. Todo esto sali? a la luz en 2002 en una ?pica investigaci?n especial que condujo a la revisi?n de m?s de 100 casos, varias condenas revocadas, m?ltiples perdones por el gobernador y los usuales procesos contra el Departamento de Polic?a de Chicago. Como el estatuto de limitaciones por los cr?menes de Burge hab?a expirado, el deshonorado polic?a fue condenado en junio pasado por perjurio y obstrucci?n a la justicia. Hoy espera su sentencia.

Abusos rutinarios en las prisiones

En cuando a los abusos rutinarios en las prisiones, Bagram y Abu Ghraib han sido descritas regularmente como aberraciones excepcionales, pero no es dif?cil encontrar los or?genes de semejante brutalidad en nuestro trato a prisioneros dentro del pa?s. Esta continuidad es personificada por Charles Graner, el cabecilla de la tortura en Abu Ghraib. Hab?a sido, como corresponde, guardia en el Instituto Correccional Estatal Greene de m?xima seguridad en el sudoeste de Pensilvania, que tambi?n fue objeto de un gran esc?ndalo por abuso de prisioneros a finales de los a?os noventa, lo que llev? al despido de varias guardias, aunque no de Graner.

El hecho es que el abuso y/o la tortura de prisioneros, aunque lejos de ser sistem?tico, no es tan poco com?n en muchas prisiones estadounidenses. Lo que mostraron las fotos de Abu Ghraib no es, seg?n el programa estadounidense (cada vez m?s activo) de Human Rights Watch, tan diferente de los abusos y la brutalidad en muchos de nuestros propios encierros dentro del pa?s.

En Nueva York, por ejemplo, una fuerza de tareas estatal convocada por el gobernador David Paterson en 2008 consider? que todo el sistema de detenci?n para j?venes estaba ?roto?. El informe oficial estableci? que los guardias en todo el sistema utilizaban regularmente ?fuerza excesiva? contra los j?venes reclusos, quebrando a veces huesos y rompiendo dientes.

El abuso en las prisiones en EE.UU. puede ser igual de fatal que en Bagram. En Nueva York, un ni?o desequilibrado emocionalmente de 15 a?os muri? en 2006 despu?s que agentes correccionales lo inmovilizaron de cara al suelo. (Hay que recordar que en Bagram los interrogadores trataron de hacer que el joven Khadr hablara amenazando con enviarlo a una prisi?n estadounidense, lo que aparentemente consideraban por lo menos tan amenazante como cualquier cosa que pudiera existir en Afganist?n.)

Los abogados que representan a los detenidos en Guant?namo son conscientes de esta situaci?n. ?Podr?a recomendar a un cliente que acepte diez a?os en un ala com?n de Guant?namo en lugar de tres a?os incomunicado en el supermax en Florence,? dice Shayana Kadidal, abogado director s?nior en la Iniciativa de Justicia Global en Guant?namo en el Centro por Derechos Constitucionales. El abogado Joshua Dratel, quien particip? en la muy exitosa defensa del detenido en Guant?namo David Hicks, me dijo recientemente que la peor prisi?n dirigida por EE.UU. no es Delta en el Campo de Guant?namo, sino m?s bien el Centro Correccional Metropolitano en el centro de Manhattan. Y sin embargo, de un modo algo misterioso, es m?s probable que los neoyorquinos est?n mejor informados sobre la brutalidad en Guant?namo y Abu Ghraib que del abuso fatal y las atroces condiciones en la prisi?n de su propio Estado.

Sin duda Guant?namo y los diversos ?sitios ocultos? globales de la CIA fueron significativamente peores en muchos aspectos importantes. Primero, el uso de la tortura ha sido mucho m?s generalizado en Bagram, Abu Ghraib, Guant?namo, y en las prisiones secretas establecidas en los a?os de Bush que en el interior del pa?s. Adem?s, el gobierno tambi?n ha tomado la decisi?n de encarcelar a algunos detenidos sin proceso durante la duraci?n de lo que ha sido descrito como una guerra global contra el terror ?multigeneracional?. Incluso los prisioneros con derecho a habeas corpus han tenido problemas para lograr que las ?rdenes de liberaci?n otorgadas por el aparato judicial se cumplan. Media docena de fiscales de Guant?namo ?n?tese, fiscales, no abogados defensores? han renunciado disgustados por todo el proceso, expresando opiniones duras sobre los defectos estructurales que inclinan el sistema hacia la obtenci?n de condenas a costa de la justicia imparcial.

Sin embargo, nuestro sistema de justicia en el interior no es mejor, en aspectos importantes. Darrell Vandeveld es un ex fiscal de Guant?namo. Renunci? en una crisis de conciencia en 2009. Tambi?n fue antes defensor p?blico en San Diego donde vio que numerosos acusados s?lo pudieron obtener un simulacro de justicia. ?Los derechos de la mayor?a de los acusados se respetaron ocasionalmente. Es un sistema sobrecargado que s?lo se ha empeorado. ?Comparable con Guant?namo? Sin duda.? Vandeveld, quien ahora dirige la oficina del defensor p?blico en Erie, Pensilvania, subraya que, aunque las ofensas no son id?nticas, son comparables.

Agujeros negros legales, en el interior y el exterior

Una mirada al agujero negro de Guant?namo tambi?n puede provocar f?cilmente reflexiones inquietantes sobre el vigor de la ley en EE.UU. en tiempos de guerra. Como se?al? otro abogado hace 2.000 a?os cuando su rep?blica degeneraba hacia un imperio, ?Inter armas silent leges? (en tiempos de guerra, las leyes guardan silencio).

Hay que considerar que la Guerra Global contra el Terror ?un nombre que ha sido t?midamente abandonado sin abandonar la guerra correspondiente? no es de ninguna manera la ?nica guerra que deforma nuestro sistema de justicia. Durante las ?ltimas tres d?cadas, la Guerra contra el Crimen y la Guerra contra la Droga se han desatado en toda su violencia, y se hicieron cada vez menos metaf?ricas a medida que los presupuestos para la polic?a y las prisiones aumentan desmesuradamente, y luego vuelven a aumentar desmesuradamente. Esas violentas ofensivas en el interior han tenido lugar con mucha ret?rica marcial y manipulaci?n pol?tica del temor y de la c?lera, abriendo un amplio camino para los excesos de la Guerra Global contra el Terror. Al sobrecargar los tribunales penales y el sistema carcelario en un grado inimaginable hasta ahora, esas ?guerras? tambi?n crearon agujeros negros legales donde el vigor de la ley es ficticio en el mejor de los casos.

Por ejemplo, la Ley de Reforma de la Litigaci?n Carcelaria de 1995 que hizo pr?cticamente imposible que los reclusos demanden a las autoridades carcelarias, y que ha colocado a miles de estadounidenses fuera del alcance de todo tipo de autoridad judicial. Seg?n Bryan Stevenson, un incomparable litigador en casos de pena capital y director ejecutivo de Equal Justice Initiative en Montgomery, Alabama:

??? ?Los funcionarios de prisiones estadounidenses han obtenido m?s y m?s facultades discrecionales para enviar a alguien a confinamiento solitario por a?os; para introducir por la fuerza a personas desnudas en sus celdas, sin alimentaci?n; para infligir medidas punitivas sin ninguna posibilidad de intervenci?n externa. Es a menudo un sistema cerrado cuyos administradores tienen toda la autoridad, especialmente en nuestras instalaciones supermax. Funcionan de muchas manera como Guant?namo.?

Guant?namo y Bagram estaban bien dentro de nuestro potencial antes del 11-S. S?, es verdad que los funcionarios del gobierno de Bush y expertos nos dijeron excitados c?mo, en nuestro contraataque a al-Qaida ?nos est?bamos sacando los guantes?. Para muchos estadounidenses que ya estaban en las prisiones de EE.UU., sin embargo, nunca nos hemos colocado esos guantes para comenzar. Eso provoca algunas preguntas molestas sobre c?mo administramos nuestra indignaci?n. No est? de ninguna manera en claro c?mo interrogatorios violentos, abusos, y torturas deber?an ser m?s escandalosos cuando ocurren en ultramar que en Chicago.

?Qu? explica este "Jellibyismo" colectivo? ?Es porque tantos de nuestros reclusos en el interior, especialmente en las regiones en las que se produce la opini?n nacional, son afroestadounidenses y latinos, mientras la mayor?a de nuestros reformadores sociales profesionales en el sector sin fines de lucro son blancos y asi?ticos? ?Es porque la mayor?a de nuestros abogados de elite del inter?s p?blico y propugnadores principales pro bono provienen de una media docenas de escuelas de derecho superiores donde es muy probable que hayan recibido una buena idea de tribunales federales bien atendidos, pero poca o ninguna exposici?n a nuestros tribunales penales sobrecargados? ?Es simplemente demasiado deprimente ver nuestro sistema penal en desintegraci?n, agotado, en t?rminos parecidos a Guant?namo? ?Se impone primero y m?s fuerte la insensibilidad por esas atrocidades m?s cercanas a nosotros? Sean cuales sean los motivos, los inmensos agujeros negros legales en nuestro sistema interior de justicia y penal han adquirido la impenetrable invisibilidad de un secreto a voces.

No es por casualidad que la mayor?a de los intelectuales estadounidenses que han identificado a esos precursores internos de la Guerra Global contra el Terror ?periodistas como Margaret Kimberley y Bob Herbert, y el profesor de derecho James Forman, Jr.? sean afroestadounidenses. Estadounidenses negros, cuya tasa general de encarcelamiento probablemente sea mayor que la de ciudadanos sovi?ticos en la cima del gulag, han tenido amplias razones durante siglos, y ahora m?s que nunca, para dudar de la equidad fundamental de la justicia estadounidense. Es simplemente desconcertante para los que saben c?mo funciona realmente nuestro sistema que haya abogados que comparan a los tribunales militares desfavorablemente con ?la versi?n Cadillac de la justicia? que reciben supuestamente los ciudadanos de EE.UU. (que es como un abogado defensor de Guant?namo describi? a los tribunales internos de EE.UU.).

De hecho, la familiaridad aburrida de gran parte de la inmundicia de la Guerra contra el Terror puede ayudar a explicar el motivo por el cual tantos estadounidenses ven con indiferencia lo que ha sucedido en Guant?namo, y a menudo responden con exasperaci?n al choque y horror liberal. Lo mismo ha estado ocurriendo aqu? mismo durante d?cadas, ?d?nde hab?is estado?

El procesamiento de alguien de 15 a?os por ?asesinato? con la ayuda de un poco de tortura y algunas amenazas de violaci?n podr? no ser el tipo de cosa que deseemos mostrar a periodistas alemanes. Simplemente se horrorizan. Les falta el contexto. Pero nosotros, estadounidenses, no tenemos realmente derecho a afirmar que nos sentimos horrorizados. Nos hemos acostumbrado hace mucho tiempo a cosas semejantes. El procesamiento del ex ni?o soldado Omar Khadr no ha sido nada, en otras palabras, que no sea t?picamente estadounidense.


Chase Madar es abogado en Nueva York. Escribe rese?as e informes para London Review of Books, Le Monde Diplomatique, American Conservative Magazine y CounterPunch.

Copyright 2010 Chase Madar

Fuente : Tom Dispatch


Chichicaste. El Salvador








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