Domingo, 28 de noviembre de 2010

Ignacio EllacuriaPodr?amos trazar un paralelo con S?crates diciendo que lo caracter?stico de la labor intelectual de Ellacur?a no consiste tanto en haber puesto la praxis hist?rica de liberaci?n en el centro de sus reflexiones filos?ficas, sino en haber hecho de la filosof?a un elemento constitutivo de una existencia dedicada a la liberaci?n... Ellacur?a mostr? con su vida y -?por qu? no decirlo?- tambi?n con su muerte.


Por Jorge Alvarado Pisani

Ignacio Ellacur?a Beascoechea naci? el domingo 9 de noviembre de 1930 en Portugalete (Biskaia), ciudad del Euskadi o Pa?s Vasco situada a orillas de la R?a de Bilbao. Tendr?a hoy 80 a?os bien vividos, si el mi?rcoles 15 de noviembre de 1989, al filo de la medianoche, entre 40 y 50 soldados del Batall?n ?lite de Reacci?n Inmediata Atlacatl, creado en marzo de 1981 por asesores militares estadounidenses, no hubiesen tomado por asalto la Residencia de los Jesuitas en la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador y no lo hubiesen obligado a presenciar la masacre de sus compa?eros, antes de reventarle la cabeza con balas expansivas, entre las doce y la una de la madrugada del jueves 16 de noviembre, justamente una semana despu?s que Ellacu y su luminoso cerebro hab?an cumplido 59 a?os de haber sido dados a luz a orillas de la R?a de Bilbao.

Seg?n la contabilidad hecha por el fil?sofo y periodista salvadore?o V?ctor Flores Garc?a, en su tesis doctoral de 1997, los 6 jesuitas asesinados esa medianoche, junto a Do?a Julia Elba Ramos y su hija Celina Mariceth Ramos, sumaban 8 doctorados, 19 licenciaturas, 102 a?os de estudios formales, 234 a?os de trabajo acad?mico y pastoral y decenas de miles de p?ginas escritas. [1] Pero no s?lo eso sino que tambi?n eran responsables de una gran parte de la institucionalidad de la UCA: Ignacio Ellacur?a ten?a diez a?os en la Rector?a ; Ignacio Mart?n-Bar? era Vicerrector Acad?mico; Segundo Montes Mozo dirig?a el Instituto de Derechos Humanos (IDHUCA) y era superior de la comunidad; Amando L?pez Quintana, Rector de la UCA de Nicaragua entre 1980 y 1982, trabajaba como profesor de filosof?a y teolog?a; Juan Ram?n Moreno Pardo coordinaba el Centro de Reflexi?n Teol?gica y el Centro de Pastoral; y Joaqu?n L?pez y L?pez era director de ?Fe y Alegr?a? y secretario em?rito de la Facultad de Ciencias del Hombre y la Naturaleza. ?

Pero ahora hagamos un flash-back de catorce a?os y cinco meses, desde esa medianoche del 15 de noviembre de 1989 hasta el 15 de junio de 1975, cuando el gobierno de El Salvador decret? la tan esperada reforma agraria y la creaci?n del Instituto Salvadore?o de Transformaci?n Agraria (ISTA). Por considerarlas de beneficio popular, Ellacur?a y la comunidad universitaria de la UCA apoyaron esas iniciativas contra quienes las adversaban: por una parte, la oligarqu?a terrateniente y, por otra, algunos grupos de izquierda, como el Bloque Popular Revolucionario (BPR). Tanta fue la presi?n combinada de los terratenientes y de la extrema izquierda que pocos meses despu?s, en 1976, el gobierno cedi? y revirti? el decreto y la reforma agraria. Entonces Ellacur?a, como nuevo director de la Revista Estudios Centroamericanos (ECA) escribi? el c?lebre editorial, dirigido al presidente Molina, titulado "?A sus ?rdenes, mi capital!". [2] Ese editorial le cost? a la UCA el subsidio que recib?a del presupuesto nacional y seis atentados dinamiteros de la "Uni?n Guerrera Blanca" (UGB). Sin embargo, en medio de la tensi?n pol?tica y las amenazas terroristas, Ellacur?a, Jefe del Departamento de Filosof?a de la UCA desde 1972, se dio tiempo para escribir y publicar el ensayo titulado ?Filosof?a, ?para qu???, [3] antes de viajar a Madrid para cumplir su compromiso anual de colaboraci?n con Xavier Zubiri, en diciembre de 1976.

?Para qu? sirve la filosof?a?, se preguntaba Ellacur?a en ese ensayo ?dirigido a quienes se ven obligados a dar filosof?a sin saber bien c?mo hacerlo y, sobre todo, a quienes se ven obligados a tomar esa materia sin saber bien por qu? ni para qu?.? Para responder la pregunta, Ellacur?a trajo a colaci?n inmediatamente la filosof?a, el filosofar y la vida filos?fica de S?crates, el t?bano de la indolente Atenas, y de paso, hizo un retrato de s? mismo:

?(?) No fue S?crates el primer fil?sofo, pero en ?l resplandece de forma singular qu? es esto de verse precisado a filosofar. No voy a hacer aqu? un estudio t?cnico de este problema, sino tan s?lo voy a presentar sencillamente una serie de rasgos que caracterizan a este inc?modo fil?sofo que pag? con su vida la imperiosa necesidad de filosofar. S?crates vivi? como ciudadano de Atenas en el siglo quinto antes de Cristo. Fue fil?sofo porque fue ciudadano, esto es porque fue pol?tico, porque se interesaba hasta el fondo por los problemas de su ciudad, de su Estado. Ve?a todas las cosas sub luce civitatis, a la luz del Estado, pero no de un Estado que ca?a por encima de los individuos, sino de un Estado s?lo en el cual los hombres pod?an dar la medida de su plenitud. Los dem?s le ten?an por sabio ?el m?s sabio de los atenienses, lo consider? el or?culo de Delfos?, pero ?l no se ten?a por tal. Dos cosas caracterizaban su sabidur?a: frente a los fil?sofos anteriores, juzgaba que el verdadero problema de la filosof?a est? en el hombre mismo, en el conocimiento que el hombre debe tener de s? mismo ?"con?cete a ti mismo"? y de todas las dem?s cosas sin las cuales el hombre no es ni puede ser s? mismo. Frente a los que cre?an saber y estaban acr?ticamente instalados en su falso saber, sosten?a que s?lo sabe bien lo que cree saber el que se percata, desde ese su saber, que no sabe nada. S?crates pensaba que, sin saber y sin saberse a s? mismo el hombre no es hombre. Ni el ciudadano, el animal pol?tico que dir? m?s tarde Arist?teles, puede ser ciudadano. Quer?a saber, pero lo que buscaba en ese saber era hacerse a s? mismo y hacer a la ciudad. Su saber es, por lo tanto, un saber humano y un saber pol?tico, no s?lo porque el objeto de ese saber sea el hombre y la ciudad, sino porque sus objetivo era la recta humanizaci?n y la recta politizaci?n. Seg?n ?l, quien quiera humanizar y quien quiera politizar no puede dejar de saber y menos a?n puede pensar que sabe cuando realmente no sabe. Nace as? su filosofar de una gran preocupaci?n por lo que es el hombre y por lo que es la ciudad como morada del hombre. Ah? est?n las ra?ces de su pensamiento y de ah? van a surgir los temas sobre los que va a reflexionar. No le importa tan s?lo saber c?mo son las cosas ?el hombre, la ciudad y sus cosas, la cosa p?blica que dir?n los romanos?, sino que las cosas sean, que las cosas lleguen a ser, como todav?a no son, ya que, por no serlo, son falsas e injustas.?

?De ah? que su saber pretenda ser un saber cr?tico. Y lo es, tanto por su personal insatisfacci?n con lo que ya sab?a y por su consiguiente b?squeda incesante, como por su constante confrontaci?n con quienes se pensaban depositarios del verdadero saber y del verdadero inter?s de la ciudad s?lo por la posici?n social o pol?tica que ocupaban. Lo primero lo llev? a un permanente combate consigo mismo. Lo segundo, a una batalla desigual con los poderosos de su tiempo. Tuvo que dejarlo todo y lo poco que le qued? ?los ?ltimos a?os quemados de su vida, las cenizas de su existencia? se lo arrebataron en nombre de los dioses y de las buenas costumbres de la ciudad. No ped?a nada para s?. S?lo la libertad de pensar y de decirle al mundo sus pensamientos. Era demasiado pedir, porque no hay ciudad que soporte la libertad del pensamiento, un pensamiento que para S?crates no era libre por ser el suyo, sino por ser un pensamiento justo, un pensamiento que pon?a la justicia por encima de toda otra consideraci?n. Verdad, bondad, belleza y justicia eran para ?l indisolubles y por ellas luchaba como te?rico y como pol?tico. No pod?a ni sab?a hacer otra cosa. Un esp?ritu interior lo impulsaba. Ten?a vocaci?n. Filosofaba por vocaci?n. Hasta tal punto que sosten?a que una vida sin filosofar no merec?a la pena, y, por ello, cuando le pidieron que dejara de filosofar para poder seguir viviendo, prefiri? tomar la cicuta de su condena a muerte. No quiso ni abandonar la ciudad ni dejar de filosofar, las dos condiciones que le pon?an para salvar su vida. Eran dos cosas indisolubles para ?l: filosofaba en su ciudad y para su ciudad, viv?a para filosofar, pues filosofar era su vida. Todo esto, adem?s de su talento y de su compromiso moral y pol?tico, exig?a t?cnica. No se filosofa s?lo con buena voluntad. A ?l se le atribuyen los primeros pasos t?cnicos en busca de la definici?n y el concepto, por un lado, y de la inducci?n y la dial?ctica, por el otro. (?)?

? (?) El ejemplo de S?crates es as? pauta para quienes sienten la necesidad del filosofar, para quienes ven la filosof?a como una necesidad. S?crates pensaba que sin filosof?a, el hombre y la ciudad no pueden llegar a conocerse a s? mismos y mucho menos a realizarse como debieran. Por eso, la filosof?a es necesaria. La filosof?a ?cada d?a lo vemos mejor? no basta para ello, pero sin la filosof?a, la humanidad perder?a una de sus grandes posibilidades de saberse y de realizarse adecuadamente.?

Hasta aqu? Ellacur?a, en la primera parte de su ensayo. Ahora bien, tenemos que distinguir (porque quien no distingue, confunde) entre ?filosof?a?, ?filosofar? y ?persona filosofante?. ?Filosof?a? son los contenidos conceptuales y argumentales de los ?actos de filosofar? que ejecuta ?la persona filosofante?. ?Filosof?a? es un resultado. ?Filosofar? es un modo de vida. ?Filosofante? es quien se pone a ?filosofar?, a ratos y espont?neamente (como lo hace toda persona), o de forma constante y t?cnicamente (como lo hacen las personas dedicadas a ello por vocaci?n o profesi?n). Cabe entonces preguntarnos en d?nde radica la unidad de la filosof?a, del filosofar y de la existencia personal de Ignacio Ellacur?a.

Al respecto hay que decir que la unidad de la filosof?a, el modo de filosofar y la existencia personal de Ignacio Ellacur?a hay que buscarla en la unidad de su proyecto de vida: una vida vivida y desvivida al servicio de la verdad, de la justicia y de la libertad mediante una praxis iluminada por una adecuada teor?a de la realidad hist?rica, conducida por una firme voluntad socr?tica de liberaci?n e inspirada por una profunda experiencia de uni?n con el Jes?s hist?rico que es el Mes?as resucitado.

El modo de filosofar socr?tico de Ellacur?a ha sido expuesto con meridiana claridad por el eminente fil?sofo y te?logo asturiano Antonio Gonz?lez Fern?ndez en su articulo titulado ?Aproximaci?n a la obra filos?fica de Ignacio Ellacur?a?: [4]

?Tal vez sea la forma socr?tica de filosofar y de ser fil?sofo la primera clave para aproximarnos a la obra de Ignacio Ellacur?a. Parafraseando a Zubiri, podr?amos trazar un paralelo con S?crates diciendo que lo caracter?stico de la labor intelectual de Ellacur?a no consiste tanto en haber puesto la praxis hist?rica de liberaci?n en el centro de sus reflexiones filos?ficas, sino en haber hecho de la filosof?a un elemento constitutivo de una existencia dedicada a la liberaci?n... Ellacur?a mostr? con su vida (y -?por qu? no decirlo?- tambi?n con su muerte) que la funci?n social de la filosof?a no es primeramente una funci?n acad?mica, y mucho menos una funci?n legitimadora de uno u otro poder, sino -al menos como posibilidad- una funci?n liberadora. Y que esta funci?n liberadora no consiste en primera l?nea en la transmisi?n de una determinada filosof?a, de una determinada tradici?n o de unos determinados conocimientos filos?ficos, sino, como tambi?n fue el caso de S?crates, en una tarea may?utica y cr?tica. May?utica no meramente en el sentido usual de sacar a la luz ?educativamente? (de educere, extraer) lo que los disc?pulos de suyo ya saben, sino en un sentido m?s cercano a la expresi?n griega maie?omai (ayudar en el parto, desatar). Pues se trata de acompa?ar filos?ficamente la dif?cil hora hist?rica de los pueblos del Tercer Mundo, situ?ndose parcialmente del lado de quienes tratan de impedir que triunfe la muerte y del lado de la nueva vida que, a pesar de todas las dificultades, pugna por nacer. Esta may?utica hist?rica no hace in?til la labor intelectual, sino que la exige con verdadera urgencia y, si cabe, con m?s calidad que la usual; aunque, por supuesto, se?ala al intelectual horizontes y fines que van m?s all? de los meramente profesionales. Y una labor, entonces, tambi?n cr?tica, porque la opci?n filos?fica por la vida conduce al enfrentamiento con tantas ideologizaciones -filos?ficas y no filos?ficas- que presentan el dominio de la opresi?n violenta y de la muerte (no s?lo en El Salvador sino en el orden pol?tico y econ?mico mundial) como un sistema de libertad y de democracia. En esta tarea desideologizadora invirti? Ellacur?a sus no pocas cualidades intelectuales, su fina y mordiente iron?a e incluso su buen conocimiento de las viejas armas de los sofistas, ahora puestas no a disposici?n de las ?lites atenienses sino al servicio de lo que ?l sol?a llamar las `mayor?as populares'??

Esta interpretaci?n de Antonio Gonz?lez puede verificarse en un texto escrito por el propio Ellacur?a en 1985, titulado ? Funci?n liberadora de la filosof?a?. All? Ellacur?a analiza la relaci?n entre la praxis hist?rica y el trabajo filos?fico y se define a s? mismo como persona filosofante. Pero cuando lo hace, la referencia a S?crates le viene, una vez m?s, casi autom?ticamente, al pensamiento y a la escritura: [5]

?La b?squeda de la verdad es una de las dimensiones principales en la ?tica de la filosof?a, pero no es la ?nica ni es suficiente para caracterizar como plenamente ?tica la labor filos?fica, independientemente de lo que sea la ?tica del fil?sofo. Y es que no basta filos?ficamente con buscar la verdad, sino hay que procurar filos?ficamente realizarla para hacer la justicia y construir la libertad . No obstante, la filosof?a sigue siendo una tarea predominantemente te?rica que requiere una capacidad y una preparaci?n peculiares, no sustituibles por ning?n compromiso voluntarista o con el ejercicio, aun el m?s esclarecido, de la praxis social en los momentos m?s pre?ados de realidad. (?) Los fil?sofos no deben gobernar, contra lo que buscaba Plat?n, pero debe permit?rseles llevar una existencia socr?tica, que muestre permanentemente las deficiencias en el saber y en el hacer. Y si no se les permite llevar la vida filos?fica de S?crates, deben emprenderla por su cuenta hasta merecer la condenaci?n o el ostracismo de su sociedad.?

As?, pues, podemos afirmar que la unidad del pensamiento, la praxis y la vida de Ellacur?a consisti? en la estricta fidelidad a una vocaci?n filos?fica y teol?gica (socr?ticamente cristiana) de servicio a la verdad, a la justicia y a la libertad que le llev? a ?hacerse cargo? de la realidad donde quiso vivir (mediante todas las herramientas intelectuales necesarias y pertinentes), a ?encargarse? responsablemente de la transformaci?n real de lo inhumano de tal realidad y a ?cargar con? las consecuencias positivas y negativas de ese comprometedor "encargarse" (que conlleva siempre un momento cr?tico de ?cargar contra? las ideolog?as y las estructuras de poder, imposibilitantes de aquella transformaci?n, pero tambi?n conlleva un momento creativo de ?recargar? de energ?a moral al cuerpo social para promover la apertura hist?rica de nuevas posibilidades).

La unidad de la filosof?a, del filosofar y de la vida personal de Ellacur?a fue, en el fondo, una unidad teologal, en sentido zubiriano, es decir, una marcha desde y hacia el fundamento ?ltimo, posibilitante e impelente del poder de la realidad, hecho historia humana en la persona de Jes?s de Nazaret. Por ?l, con ?l y en ?l, Ignacio Ellacur?a fue (y sigue siendo) un m?stico de la praxis, un verdadero contemplativo en la acci?n, el S?crates Jesuita de Centroam?rica.

* Escrito para el debut de los ?SocraT?s Filos?ficos? en la UCA de Nicaragua. Managua, 18 de noviembre de 2010.

[1] Cf. FLORES GARC?A, V?ctor (1997): El lugar que da verdad, La filosof?a de la realidad hist?rica de Ignacio Ellacur?a. Universidad Iberoamericana y Editorial Porr?a, M?xico, 1997, p. 29.

[2] Cf. ECA 337 (1976) 637-648.

[3] Publicado por primera vez en la Revista Abra 11 (1976) 42-48.

[4] Cf. ECA 505-506 (1990) 979-989. ?nfasis a?adidos.

[5] Cf. ECA 435-436 (1985) 45-64. ?nfasis a?adidos.

Ver : Rebeli?n



Chichicaste. El Salvador








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Publicado por el_chichicaste @ 14:32  | Realidades
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