Domingo, 03 de abril de 2011

Entrevista a Noam Chomsky
Libia y las crisis que se avecinan


Stephen Shalom y Michael Albert


Traducci?n: S. Segu?




1. ?Cu?les son las razones que mueven a EE.UU. en las relaciones internacionales, en el sentido m?s amplio? Es decir, ?cu?les son las razones dominantes y los temas que se pueden detectar casi siempre en las opciones de las pol?ticas de EE.UU., en cualquier lugar del mundo? ?Cu?les son las razones m?s concretas, aunque tambi?n dominantes, y los temas de las pol?ticas de EE.UU. en Oriente Pr?ximo y el mundo ?rabe? Y, por ?ltimo, ?cu?les cree usted que son los objetivos m?s inmediatos de la pol?tica de EE.UU. en la situaci?n actual en Libia?

Una manera ?til de abordar la cuesti?n es preguntarse cu?les NO son las razones de EE.UU. Podemos averiguarlas de diferentes maneras. Una de ellas es leer la literatura profesional sobre relaciones internacionales: con bastante frecuencia, su relato de la pol?tica es lo que la pol?tica no es, un tema interesante que no voy a desarrollar aqu?.

Otro m?todo, muy relevante en este caso, es escuchar a los l?deres y comentaristas pol?ticos. Supongamos que se dice que las razones de la acci?n militar han sido humanitarias. En s? misma, esta afirmaci?n no contiene informaci?n: pr?cticamente todos los recursos a la fuerza se justifican en esos t?rminos, incluso lo hacen los peores monstruos, que pueden, con total irrelevancia, llegar a convencerse de la verdad de lo que est?n diciendo. Hitler, por ejemplo, pudo creer que se estaba apoderando de partes de Checoslovaquia para poner fin a los conflictos ?tnicos y llevar a su pueblo los beneficios de una civilizaci?n avanzada, y pudo creer tambi?n que su invasi?n de Polonia iba a poner fin al ?terror salvaje? de los polacos. Los fascistas japoneses que arrasaron China probablemente cre?an que estaban su desinteresada iniciativa iba a para crear un ?para?so terrenal? y proteger a la doliente poblaci?n de los ?bandidos chinos?. Incluso Obama puede haber cre?do lo que dijo en su discurso presidencial el 28 de marzo sobre las razones humanitarias para su intervenci?n en Libia. Y otro tanto puede decirse de los comentaristas.

Se las puede someter, sin embargo, a una prueba muy simple, para determinar si las nobles intenciones pueden ser tomadas en serio: ?llaman los autores a la intervenci?n humanitaria y la ?responsabilidad de proteger? a las v?ctimas de sus propios cr?menes o a las de sus clientes? Tomemos, por ejemplo, a Obama: ?convoc? a una zona de exclusi?n a?rea durante la asesina y destructora invasi?n israel?, respaldada por Estados Unidos, de L?bano, en 2006, sin ning?n pretexto cre?ble? ?Acaso, no explic? con orgullo durante su campa?a presidencial que ?l hab?a patrocinado una resoluci?n del Senado de apoyo a la invasi?n, en la que se ped?a el castigo de Ir?n y Siria por impedirla? Fin de la discusi?n. De hecho, pr?cticamente toda la literatura de la intervenci?n humanitaria y el derecho a proteger, escrita o hablada, desaparece tras esta prueba sencilla y adecuada.

Por el contrario, de las razones REALES poco se habla, y uno tiene que escudri?ar los archivos documentales e hist?ricos para descubrirlas, sea el Estado que sea.

?Cu?les son entonces las razones de EE.UU.? A un nivel muy general, la evidencia me parece que demuestra que no han cambiado mucho desde los estudios de planificaci?n de alto nivel iniciados durante la Segunda Guerra Mundial. Los planificadores en tiempo de guerra daban por sentado que EE.UU. saldr?a de la guerra en una posici?n de dominio abrumador, e instaron al establecimiento de una Gran Zona en la que EE.UU. mantuviera un ?poder incuestionable? con ?supremac?a militar y econ?mica?, que garantizase al mismo tiempo la ?limitaci?n de cualquier ejercicio de la soberan?a? por parte de otros Estados, que pudiera interferir con sus designios globales. La Gran Zona deb?a incluir el Hemisferio Occidental, el Lejano Oriente, el Imperio brit?nico (que inclu?a las reservas de energ?a de Oriente Pr?ximo) y la parte de Eurasia que fuera sea posible, al menos su centro industrial y comercial en el Oeste del continente europeo. Est? muy claro, bas?ndose en registros documentales que ?el presidente Roosevelt ten?a por objetivo la hegemon?a de Estados Unidos en el mundo de la posguerra?, para citar la precisa valoraci?n del respetable historiador brit?nico Geoffrey Warner. Y, m?s importante, los minuciosos planes de tiempo de guerra se llevaron a la pr?ctica poco despu?s, como podemos leer en los documentos desclasificados de los a?os siguientes, y como podemos observar en la pr?ctica. Las circunstancias han cambiado, por supuesto, y las t?cticas se han ajustado en consecuencia, pero los principios b?sicos son bastante estables, hasta el presente.

Con respecto a Oriente Pr?ximo ?la ?regi?n de mayor importancia estrat?gica del mundo?, en palabras del presidente Eisenhower? la principal preocupaci?n ha sido y sigue siendo sus incomparables reservas energ?ticas. El control de ?stas dar?a el ?control sustancial del mundo?, como vio muy pronto el influyente asesor liberal A.A. Berle. Estas preocupaciones suelen ocupar un lugar prominente en los asuntos relativos a esta regi?n.

En Iraq, por ejemplo, cuando las dimensiones de la derrota de Estados Unidos. ya no pod?an ocultarse, la ret?rica fue desplazada por un honesto anuncio de los objetivos de la pol?tica. En noviembre de 2007, la Casa Blanca emiti? una declaraci?n de principios en la que insist?a en que Iraq deb?a conceder a las fuerzas militares de EE.UU. el acceso por tiempo indefinido, y tambi?n en que se deb?a dar preferencia a los inversores estadounidenses. Dos meses m?s tarde, el presidente inform? al Congreso que iba a pasar por alto cualquier legislaci?n que pudiera limitar el estacionamiento permanente de las fuerzas armadas de EE.UU. en Iraq o ?el control por parte de Estados Unidos de los recursos petrol?feros de Iraq?, exigencias que abandon? poco despu?s ante la resistencia iraqu?, al igual que tuvo que abandonar los objetivos anteriores.

Si bien el control del petr?leo no es el ?nico factor en la pol?tica de Oriente Pr?ximo, ofrece en cambio algunas directrices bastante acertadas, antes como ahora. En un pa?s rico en petr?leo, a un dictador de confianza se le garantiza una libertad de acci?n casi total. En las ?ltimas semanas, por ejemplo, no ha habido reacci?n alguna cuando la dictadura de Arabia Saud? utiliz? la fuerza masiva para aplastar cualquier signo de protesta. Otro tanto en Kuwait, donde unas peque?as manifestaciones fueron aplastadas al instante. Y en Bahrein, cuando las fuerzas armadas dirigidas por Arabia Saud? intervinieron para proteger al monarca de la minor?a sunita de las demandas de reformas por parte de la poblaci?n chi? reprimida. Las fuerzas gubernamentales no solo desmantelaron el campamento de la Plaza de la Perla ?la Plaza Tahrir de Bahrein? sino que llegaron a demoler la estatua de la Perla que es el s?mbolo de Bahrein y de la que se hab?an apropiado los manifestantes. Bahrein es un caso particularmente sensible, ya que alberga la Sexta Flota de EE.UU. la fuerza militar m?s poderosa, con mucho, de la regi?n, y tambi?n porque el Este de Arabia Saudita, en la puerta de al lado, es tambi?n en gran parte chi? y tiene las mayores reservas petroleras del reino. Por un curioso accidente de la geograf?a y la historia, la mayor concentraci?n de hidrocarburos del mundo rodea la parte norte del Golfo, en regiones de mayor?a chi?. La posibilidad de una alianza t?cita chi? ha sido la pesadilla de los planificadores desde hace mucho tiempo.

En los estados que carecen de grandes reservas de hidrocarburos, las t?cticas var?an, aunque por lo general se ajustan siempre al mismo esquema est?ndar cuando uno de nuestros dictadores tiene problemas: apoyarlo el mayor tiempo posible y, cuando resulta imposible, hacer p?blica declaraci?n de amor a la democracia y los derechos humanos, tratando a la vez de salvar la mayor parte del r?gimen que sea posible.

El escenario es aburridamente familiar: Marcos, Duvalier, Chun, Ceasescu, Mobutu, Suharto y muchos otros. Y hoy, T?nez y Egipto. Siria es un hueso duro de roer y no hay una alternativa clara a la dictadura que apoye los objetivos de EE.UU. Yemen es un cenagal en el que la intervenci?n directa probablemente crear?a problemas a?n mayores a Washington. As? que ah? la violencia estatal s?lo produce declaraciones piadosas.

Libia es un caso diferente. Libia es rica en petr?leo, y aunque EE.UU. y el Reino Unido han proporcionado con frecuencia un apoyo notable a su cruel dictador, hasta ahora, ?ste no es de confianza. Preferir?an un cliente m?s obediente. Adem?s, el vasto territorio de Libia est? poco explorado, y los especialistas de la industria petrolera creen que puede haber abundantes recursos petrol?feros sin explotar, que un gobierno m?s previsible podr?a abrir a la explotaci?n occidental.

Cuando comenz? un levantamiento no violento, Gadafi lo aplast? violentamente y estall? una rebeli?n que liber? Bengazi, la segunda ciudad m?s grande del pa?s, y parec?a a punto de asediar la fortaleza de Gadafi en el Oeste. Sus fuerzas, sin embargo, cambiaron el curso del conflicto y llegaron a las puertas de Bengazi. Una masacre era probable, y como el asesor de Obama para Oriente Pr?ximo, Dennis Ross, se?al? ?todo el mundo nos culpar?a por ello.? Eso ser?a inaceptable, al igual que una victoria militar que potenciase el poder y la independencia de Gadafi. Ante esta tesitura, EE.UU. se uni? a las Naciones Unidas en la resoluci?n 1973, que establece una zona de exclusi?n a?rea a cargo de Francia, el Reino Unido, y EE.UU., en la que este pa?s podr?a tener un papel secundario.

No se hizo ning?n esfuerzo para limitar la acci?n a la creaci?n de una zona de exclusi?n a?rea o siquiera a mantenerse en el mandato m?s amplio de la resoluci?n 1973.

El triunvirato interpret? inmediatamente la resoluci?n como una autorizaci?n para su participaci?n directa del lado de los rebeldes. Se impuso por la fuerza un alto el fuego a las fuerzas de Gadafi, pero no a los rebeldes. Por el contrario, se les dio apoyo militar a medida que avanzaban hacia el Oeste, y enseguida se hicieron con las principales fuentes de producci?n de petr?leo de Libia, y estuvieron listos para seguir adelante.

El flagrante desprecio de la resoluci?n 1973 de las Naciones Unidas pronto comenz? a causarle dificultades a la prensa, ya que era demasiado grave ignorarlo. En el New York Times, por ejemplo, Karim Fahim y David Kirkpatrick (el 29 de marzo) se preguntaban ?c?mo podr?an justificar los aliados sus ataques a?reos contra las fuerzas del coronel Gadafi en torno a [su centro tribal de] Sirte si, como parece ser el caso, goza de amplio apoyo en la ciudad y no representa una amenaza para los civiles.? Otra dificultad t?cnica es que la resoluci?n 1973 del Consejo de Seguridad exige un embargo de armas que se aplique a todo el territorio de Libia, lo que significa que cualquier aporte externo de armas a la oposici?n tendr?a que ser encubierto (pero, de otro modo, no problem?tico).

Hay quien argumenta que el petr?leo no puede ser una raz?n, porque las compa??as occidentales ya disfrutaban de acceso al bot?n bajo Gadafi. Este razonamiento ignora las preocupaciones de EE.UU. Lo mismo podr?a haberse dicho de Iraq bajo Saddam, o de Ir?n o Cuba durante muchos a?os, y a?n hoy en d?a. Lo que Washington pretende es lo que Bush anunci?: control o, por lo menos, clientes de confianza. Documentos internos estadounidenses y brit?nicos subrayan que ?el virus del nacionalismo? es su mayor temor, no s?lo en el Oriente Pr?ximo sino en todas partes. Reg?menes nacionalistas que pudieran llevar a cabo ileg?timos ejercicios de soberan?a, violando los principios de la Gran Zona. Y que pudieran tratar de dirigir los recursos a cubrir las necesidades populares, como Nasser amenazaba ocasionalmente con hacer.

Vale la pena se?alar que las tres potencias imperialistas tradicionales ?Francia, Reino Unido, EE.UU. ? est?n casi aisladas en la realizaci?n de estas operaciones. Los dos principales estados de la regi?n, Turqu?a y Egipto, probablemente podr?an haber impuesto una zona de exclusi?n a?rea, pero s?lo ofrecen un tibio apoyo a la campa?a militar del triunvirato. Las dictaduras del Golfo estar?an felices de ver desaparecer al err?tico dictador libio, pero a pesar de estar sobrecargadas de hardware militar de ?ltimo modelo (servido generosamente por EE.UU. y Reino Unido para reciclar los petrod?lares y asegurar su obediencia), s?lo se atreven a ofrecer una participaci?n simb?lica (Qatar.)

Si bien apoyan la resoluci?n 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU (UNSC), los pa?ses africanos ?aparte de Ruanda, aliado de EE.UU.? se oponen en general a la forma en que aqu?lla ha sido interpretada, a toda prisa, por el triunvirato, y en algunos casos esta oposici?n es muy firme. Para conocer las pol?ticas de cada uno de los estados africanos v?ase el art?culo del keniata Charles Onyango-Obbo (http://allafrica.com/stories/201103280142.html).

M?s all? de la regi?n hay poco apoyo. Al igual que Rusia y China, Brasil se abstuvo de en la votaci?n de la ONU de la resoluci?n 1973, instando en cambio a un completo alto el fuego y al di?logo. India tambi?n se abstuvo en la resoluci?n, bas?ndose en que las medidas propuestas pueden ?agravar una situaci?n ya dif?cil para el pueblo de Libia?, y tambi?n pidi? medidas pol?ticas y no el uso de la fuerza. Incluso Alemania se abstuvo. Italia tambi?n se mostr? reacio, en parte quiz? porque es muy dependiente de los contratos petroleros con Gadafi. Adem?s, podemos recordar el genocidio que llev? a cabo Italia en el este de Libia, la zona ahora liberada, tras la primera Guerra Mundial, del que tal vez conserven algunos recuerdos .

2. ?Puede alguien contrario a las intervenciones, que adem?s cree en la autodeterminaci?n de las naciones y las personas, apoyar una intervenci?n ya sea realizada por la ONU o individualmente por algunos pa?ses?

Hay dos casos a considerar: (1) una intervenci?n autorizada por la ONU, y (2), una intervenci?n sin autorizaci?n de la ONU. A menos que creamos que los Estados son sagrados en la forma que se han establecido en el mundo moderno (por lo general mediante una violencia extrema), y que est?n dotados de derechos que anulan todas las consideraciones imaginables, entonces la respuesta es la misma en ambos casos: s?, al menos en principio . Y no veo motivo para discutir esta creencia, por lo que la voy a dejar de lado.

En lo que respecta al primer caso, la Carta (de las Naciones Unidas) y las resoluciones posteriores otorgan al Consejo de Seguridad una considerable latitud para la intervenci?n, y ?sta se ha llevado a cabo, por ejemplo, en el caso de ?frica del Sur. Esto, por supuesto, no implica que todas las decisiones del Consejo de Seguridad deban tener la aprobaci?n de ?alguien contrario a las intervenciones, que adem?s cree en la autodeterminaci?n de las naciones y las personas?; otras consideraciones entran en juego en casos espec?ficos, pero, una vez m?s, a menos que otorguemos a los Estados contempor?neos un estatus de entidades pr?cticamente sagradas, el principio es el mismo.

En cuanto al segundo caso ?el que se plantea con respecto a la interpretaci?n que hace el triunvirato de la resoluci?n 1973, junto a otros muchos ejemplos? la respuesta es otra vez afirmativa, al menos en principio, a menos que tomemos el sistema estatal global como algo inviolable en la forma establecida en la Carta de las Naciones Unidas y otros tratados.

Siempre hay, por supuesto, una carga de la prueba muy pesada que es preciso soportar para justificar la intervenci?n por la fuerza, o cualquier otro uso de la fuerza. La carga es especialmente alta en la segunda hip?tesis, en casos de violaci?n de la Carta, al menos para los Estados que profesan el respeto de la ley. Debemos tener en cuenta, sin embargo, que la potencia hegem?nica mundial rechaza esta postura, y se autoexcluye de las Cartas de las Naciones Unidas y de la OEA, junto a otros tratados internacionales. Al aceptar la jurisdicci?n de la Corte Internacional de Justicia, cuando ?sta se estableci? (conforme a la iniciativa de EE.UU.) en 1946, Washington se excluy? de los cargos de violaci?n de los tratados internacionales, y posteriormente ratific? el Convenio para la Prevenci?n y la Represi?n del Genocidio, de 1948. con reservas similares. Todas ellas confirmadas por los tribunales internacionales, ya que su procedimientos requieren la aceptaci?n de la jurisdicci?n. De manera m?s general, la pr?ctica de EE.UU. es introducir reservas cruciales a los tratados internacionales que ratifica, eximi?ndose en la pr?ctica de los mismos.

?Es soportable la carga de la prueba? No tiene mucho sentido discutir esto de manera abstracta, pero hay algunos casos reales que podr?an ayudarnos. En el per?odo posterior a la Segunda Guerra Mundial, hay dos casos de recurso a la fuerza que, aunque no pueden considerarse como intervenci?nes humanitarias, podr?an ser leg?timamente compatibles: la invasi?n por parte de India de Pakist?n Oriental, en 1971, y la invasi?n vietnamita de Camboya, en diciembre de 1978; en ambos casos, para poner fin a atrocidades masivas. Estos ejemplos, sin embargo, no entran en el canon occidental de intervenci?n humanitaria, ya que sufren de la falacia de la instituci?n err?nea: no los llevaron a cabo los occidentales. Es m?s, EE.UU. se opuso a ellos encarnizadamente, en el momento ?lgido de las atrocidades, y luego castig? severamente a los ?malhechores? que terminaron con las matanzas de la actual Bangladesh y de la Camboya de Pol Pot. Vietnam no s?lo fue duramente condenado, sino tambi?n castigado con una invasi?n china apoyada por Estados Unidos, y con el apoyo militar y diplom?tico brit?nico-estadounidense a los jemeres rojos camboyanos en sus ataques desde sus bases de Tailandia.

Si bien la carga de la prueba se puede soportar en ambos casos, no es f?cil pensar en otros. En el actual caso de intervenci?n por el triunvirato de potencias imperiales que est?n violando en estos momentos la resoluci?n 1973 de las Naciones Unidas de 1973, la carga es muy pesada, dado su horrible historial. Sin embargo, ser?a demasiado fuerte sostener que nunca se puede soportar, en principio. A menos, por supuesto, que consideramos los estados-naci?n en su forma actual como esencialmente sagrados. La prevenci?n de una masacre probable en Bengazi no es poca cosa, con independencia de lo que uno piense sobre las razones.

3. ?Puede una persona interesada en que los disidentes de un pa?s no sean masacrados en su b?squeda de la autodeterminaci?n, oponerse leg?timamente a una intervenci?n que tiene por objeto, sean cuales sean sus razones, evitar una masacre?

Aun aceptando, por pura hip?tesis, que la intenci?n es genuina, que cumple el criterio simple que he mencionado al principio, no veo c?mo responder a este nivel de abstracci?n: depende de las circunstancias. Podr?amos oponernos a la intervenci?n podr?a oponerse, por ejemplo, si ?sta es probable que conduzca a una masacre mucho peor. Supongamos, por ejemplo, que los l?deres de EE.UU., real y honestamente, hubieran tenido la intenci?n de evitar una masacre en Hungr?a en 1956 y hubieran bombardeado Mosc?. O que el Kremlin, genuina y honestamente, hubiera tenido la intenci?n de evitar una masacre en El Salvador, en la d?cada de 1980, mediante el bombardeo de EE.UU. Teniendo en cuenta las consecuencias previsibles, todos estar?amos de acuerdo en que esas acciones ?inconcebibles? podr?a ser leg?timamente contestadas.

4. Muchos ven una analog?a entre la intervenci?n en Kosovo, de 1999, y la actual intervenci?n en Libia. ?Puede explicar las principales similitudes, en primer lugar, y tambi?n las principales diferencias, en segundo lugar?

De hecho, muchas personas perciben esta analog?a, lo que es un homenaje al incre?ble poder de los sistemas de propaganda occidentales. Da la casualidad de que contamos con excelente documentaci?n de los antecedentes de la intervenci?n en Kosovo, que incluye dos detalladas recopilaciones del Departamento de Estado, extensos informes sobre el terreno de los observadores ?occidentales? de la Misi?n de Verificaci?n de Kosovo, fuentes de la OTAN y la ONU, una comisi?n de investigaci?n brit?nica y muchos m?s elementos. Los informes y estudios coinciden estrechamente en los hechos.

En resumen, podemos decir que no se hab?a producido ning?n cambio sustancial sobre el terreno en los meses previos al bombardeo. Tanto las fuerzas serbias como la guerrilla del ELK hab?an cometido atrocidades ?las de esta ?ltima fuerza, de mayor gravedad, en ataques desde la vecina Albania? durante el per?odo en cuesti?n, al menos de acuerdo a las m?s altas autoridades brit?nicas (Gran Breta?a fue el miembro m?s agresivo de la alianza). Las grandes atrocidades en Kosovo no fueron la causa de los bombardeos de la OTAN sobre Serbia, sino su consecuencia, una consecuencia totalmente previsible. El comandante en jefe de la OTAN, el general estadounidense Wesley Clark, hab?a informado a la Casa Blanca semanas antes de los bombardeos de que ?stos provocar?an una respuesta brutal por las fuerzas serbias sobre el terreno, y, al comienzo del bombardeo, dijo a la prensa que esta respuesta era ?previsible?.

Los primeros refugiados kosovares registrados por la ONU se producen en fechas muy posteriores al comienzo de los bombardeos. Con una sola excepci?n, la acusaci?n de Milosevic, durante los bombardeos, basada en gran medida en informes de inteligencia anglo-estadounidenses, se limit? a los cr?menes cometidos despu?s del bombardeo, y sabemos que no pod?a ser tomada en serio por los l?deres de Estados Unidos y Reino Unido, que en ese mismo momento estaban apoyando activamente cr?menes a?n peores. Adem?s, hab?a buenas razones para creer que una soluci?n diplom?tica estaba al alcance; en efecto, la resoluci?n de la ONU impuesta despu?s de 78 d?as de bombardeo fue m?s bien un compromiso entre la posici?n serbia y la de la OTAN al comienzo.

Todo esto, incluso estas impecables fuentes occidentales, lo trato con cierto detalle en mi libro A New Generation Draws the Line. Nuevas informaciones que corroboran todo ello han aparecido desde entonces. Por ejemplo, Diana Johnstone informa de una carta a la canciller alemana, Angela Merkel, el 26 de octubre de 2007, que le env?a Dietmar Hartwig, ex jefe de la misi?n europea en Kosovo antes de que fuera retirado el 20 de marzo con el anuncio del bombardeo, que estaba en una posici?n muy buena para saber lo que estaba sucediendo. ?ste escribe:

?No hay un solo informe presentado en el per?odo comprendido entre finales de noviembre de 1998 y la evacuaci?n en v?speras de la guerra que mencione que los serbios hayan cometido delitos graves o sistem?ticos contra los albaneses, ni tampoco ha habido un solo caso que se refiera a incidentes o delitos de genocidio o asimilables a ?ste. Por el contrario, en mis informes he registrado en repetidas ocasiones que, teniendo en cuenta los ataques del ELK cada vez m?s frecuentes contra el Gobierno serbio, se ha demostrado que la aplicaci?n de la ley por parte de ?ste ha sido hecha con una notable moderaci?n y disciplina. El objetivo claro y citado a menudo por el Gobierno serbio ha consistido en observar rigurosamente el acuerdo Milosevic-Holbrooke [de octubre de 1998] para no dar ninguna excusa a la comunidad internacional para intervenir. (...) Hubo enormes ?diferencias de percepci?n? entre lo que las misiones en Kosovo han estado informando a sus respectivos gobiernos y capitales, y lo que ?stos han filtrado posteriormente a los medios de comunicaci?n y al p?blico. Esta discrepancia s?lo puede ser vista como un elemento de preparaci?n a largo plazo para la guerra contra Yugoslavia. Hasta el momento en que abandon? Kosovo, nunca hab?a ocurrido lo que los medios de comunicaci?n y, todav?a m?s, los pol?ticos afirmaban sin cesar. En consecuencia, hasta el 20 de marzo 1999 no hab?a ninguna raz?n para la intervenci?n militar, lo que hace ileg?timas las medidas adoptadas posteriormente por la comunidad internacional. El comportamiento colectivo de los Estados miembros antes y despu?s del estallido de la guerra da pie a serias preocupaciones, porque la verdad fue liquidada y la UE perdi? fiabilidad.?

?

La historia no es f?sica cu?ntica, y siempre hay un amplio margen para la duda. Pero es raro que las conclusiones tengan un respaldo tan firme como en este caso. De un modo muy revelador, es totalmente irrelevante. La doctrina que prevalece es que la OTAN intervino para detener la limpieza ?tnica, aunque los partidarios de los bombardeos que toleran al menos un gui?o a los abundantes elementos f?cticos califican su apoyo al decir que los bombardeos eran necesarios para detener las posibles atrocidades: debemos actuar aun produciendo atrocidades a gran escala para detener las que se podr?an producir si no bombarde?semos. Y hay justificaciones a?n m?s impactantes.

Las razones de esta pr?ctica unanimidad y pasi?n son bastante claras. El bombardeo se produjo en una virtual org?a de autoglorificaci?n y pavor por parte de las potencias, que podr?a haber impresionado a Kim il-Sung. Lo he analizado en otro lugar, y no deber?amos permitir que siga en el olvido este notable momento de la historia intelectual. Despu?s de este espect?culo, el desenlace ten?a que ser simplemente glorioso. La noble intervenci?n en Kosovo proporcion? este desenlace, y esta ficci?n debe ser celosamente mantenida.

Volviendo a la pregunta, hay una analog?a entre las representaciones autocomplacientes de Kosovo y Libia: ambas intervenciones est?n animadas por nobles intenciones, seg?n la versi?n novelada. El inaceptable mundo real sugiere en cambio analog?as bastante diferentes.

5. Del mismo modo, mucha gente ve una analog?a entre la actual intervenci?n en Iraq y la intervenci?n en curso en Libia. En este caso, ?puede explicar las similitudes y las diferencias?

No veo las analog?as significativas aqu? tampoco, excepto que dos de los Estados participantes son los mismos. En el caso de Iraq, las metas son las que al final acabaron por reconocer. En el caso de Libia, es probable que el objetivo sea similar, al menos en un aspecto: la esperanza de que un r?gimen cliente fiable apoye los objetivos occidentales y proporcione a los inversores occidentales un acceso privilegiado a la riqueza petrolera rica de Libia, que, como he se?alado, puede ir mucho m?s all? de lo que se conoce actualmente.

6. ?Qu? espera usted, en las pr?ximas semanas, que suceda en Libia y, en ese contexto, ?cu?les cree usted que deber?an ser los objetivos de un movimiento, en Estados Unidos, contra la intervenci?n y la guerra con respecto a las pol?ticas de EE.UU.?

Por supuesto, es incierto, pero las perspectivas probables ?hoy, 29 de marzo? son o bien una partici?n de Libia en una regi?n oriental, rica en petr?leo y dependiente en gran medida de las potencias occidentales imperiales, y una regi?n occidental pobre bajo el control de un tirano brutal de limitadas capacidades; o bien una victoria de las fuerzas respaldadas por Occidente. En cualquier caso, lo que el triunvirato presumiblemente espera es un r?gimen menos problem?tico y m?s dependiente en lugar del actual. El desenlace probable es el que se describe con bastante exactitud, creo que por el diario ?rabe con sede en Londres Al-Quds Al-Arabi, en su n?mero del 28 de marzo. Si bien se reconoce la incertidumbre de la predicci?n, prev? que la intervenci?n puede dejar en Libia ?dos estados, uno para los rebeldes en el Este, rico en petr?leo; y uno, pobre, en manos de Gadafi en el Oeste (...) Una vez asegurados los campos de petr?leo, podemos encontrarnos ante a un nuevo emirato petrolero en Libia, un pa?s escasamente habitado, protegido por Occidente y muy similar a los estados-emirato del Golfo P?rsico.? O bien, la rebeli?n apoyada por Occidente podr?a continuar hasta el final para eliminar al irritante dictador.

Los que se preocupan por la paz, la justicia, la libertad y la democracia debe tratar de encontrar maneras de prestar apoyo y asistencia a los libios que tratan de forjar su propio futuro, libre de las limitaciones impuestas por las potencias extranjeras. Podemos tener esperanzas sobre la direcci?n a seguir, pero el futuro debe estar en sus manos.


Tags: Libia, Chomsky, Imperialismo

Comentarios